Somehow the wires have crossed;
comunication's lost.
Can't even get you on the telephone
A veces tenemos a alguien especial, alguien que nos hace sentir amados. Y de pronto, esa sensación pasa de ser un simple placer a ser una necesidad. Esa relación es algo sin lo cual ya no concebimos nuestras vidas, a pesar de que hayamos pasado diez, veinte o treinta años perfectamente sin aquella pesona. ¿Qué pasó entonces? ¿Qué es lo que hace que algo innecesario se torne indispensable?
Y como nada es eterno, un día esa persona se va, dejándonos vacíos. ¿¡Cuál vacíos!? Esa persona no nos dio de comer, ni nos amamantó, ni nos parió. Aun así, terminar una relación duele más que si nos arrancaran un ojo. ¿Qué es lo que hace que una persona cambie nuestras vidas?
Quizá lo único más doloroso que dejar atrás una relación es la agonía previa a dicho final. Ese momento en que descubres que algo anda mal, y entre más tratas de buscar la falla para corregirla, más te hundes, hasta que finalmente eres tú mismo quien termina dando el golpe de gracia a lo que alguna vez fue el más hermoso vínculo de tu vida. ¿Qué es lo que hace que nuestras precauciones en lugar de prevenir un accidente, sean precisamente las que lo provoquen?
Sí... A veces duele más decir "te estoy perdiendo" que decir "te he perdido". Porque entonces, al morir, la agonía termina, y comienza un nuevo ciclo... que probablemente tendrá el mismo destino. ¿Qué es lo que hace que nos convirtamos en esclavos de nuestros sentimientos?