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domingo, 3 de enero de 2010

Concurso de año nuevo

Hace algunas semanas, Gaby me pidió que organizara algún concurso, después de que ella hizo su concurso del caldo tlalpeño. Lo unico que se me ocurrió entonces (y hasta ahora XD) es lo siguiente:




Postéanos tu video más hilarante y/o idiota y gánate un wallpaper hecho en por mí en Microsoft Paint!!




Aquí les pongo la muestra, y mi propia entrada al concurso. Juro que aquí no habra chanchuyo como en la terna de mejor de película de los Veggie Awards:



LOL. Felizces fechas post-decembrinas XD

miércoles, 2 de diciembre de 2009

T.O.M.

A quien corresponda:

Debo expresar mi indignación, señoras y señores. Hay un hombre entre nosotros que nos está robando oxígeno y ya le está llegando su hora (por no decir que ya se le retrasó bastante.

Pero antes, debo presentarme: soy un crítico. Soy una persona amargada que tira tierra a todo mundo por el puro placer de hacerlo, para alimentar mi ego y tener una razón para vivir; soy un parásito que necesita chupar la sangre de los demás. Además tengo envidia a los que sí triunfan en la vida (soy un artista frustrado: me botaron en todas las bandas de rock, revistas y demás medios artísticos en los que probé suerte cuando joven) y por ello desquito mi ira contra ellos que tan buenos son, gente que ni la debe ni la teme. Pero así es la vida: no hay bien sin mal y a mí me tocó jugar el papel de villano; gracias a nosotros, los héroes brillan.

El día de hoy mi irrefrenable ira va dirigida, volviendo al presente escrito, a Paul McCartney. Sí, usted señor, es a quien hoy escribo esta cartita que espero pueda leer, porque dicen que los exBeatles que permanecen con vida se ven inundados de correspondencia de los fans (no que se la merezcan), tanta que no tienen tiempo de leerla toda.

Y ahora se preguntará ¿Por qué lo odio? Bien, veamos por qué:

1. Durante la trayectoria de los Beatles, grupo al que usted perteneció, se cuenta que entre usted y John Lennon siempre hubo una especie de rivalidad, pero que era una rivalidad amistosa. En cambio su compañero George Harrison –mi ídolo personal– no corrió con la misma suerte, ¿no es así señor Macca? Y es que al pobre George lo trató peor que basura, prohibiéndole que aportara más de dos canciones por disco e impidiéndole que se desarrollara como guitarrista al darle órdenes en las sesiones de Let it Be de cómo tocar nota por nota cual si de un músico de estudio cualquiera (un vil empleado, pues) se tratase. Claro, podrá argumentar en su defensa que gracias a dicha situación fue que Harrison pudo, en lugar de diseminar su obra por toda la discografía de los Beatles, compilarla en un solo álbum que se convirtió en una obra maestra (me refiero al All Things Must Pass). Eso no importa. Usted le jugó chueco a George y como crítico, debo de tener la mente cerrada y magnificar sus errores, sin importar que éstos hayan traído buenas consecuencias. Usted tiene la culpa todo lo que GH sufrió dentro el cuarteto al punto que él declarara que preferiría ser acusado de exnazi que de exBeatle. He dicho.

2. En la misma vertiente, Yoko Ono merece más amor de parte de los fans. No fue ella la que separó a los Beatles, ni la culpable de nada. Fue usted. Yo lo sé, a mí no me engaña. Cualquier persona con un poquito de cerebro y que haya investigado bien sabrá que a partir de la muerte de Brian Epstein, usted fue quien se hizo cargo del manejo del grupo; pero más que un manejo financiero como el de un verdadero manager, el suyo fue una tiranía y desde 1967 The Beatles se convirtió en nada más que un vehículo para sus viajes de ego: que quiero hacer un álbum conceptual, ahí está el Sgt. Pepper’s (que ni a verdadero álbum conceptual llega. You fail. ¡Lero lero!); que quiero hacer mi película de arte, ahí está Magical Mystery Tour (fallida también); que se me dio la gana hacer un documental sobre nosotros mismos (¡a inflar el ego, por supuesto!) y volver a los conciertos, ahí está Let it Be. Y tómala, que la caga otra vez. Afróntelo, usted se desenvolvió como un dictador, y encima uno muy torpe (me remite a la película El Gran Dictador, de Chaplin, usted tan ternurita). Era obvio que sus tres compinches (¿o debería decir subordinados?) se le rebelarían tarde o temprano, y me alegro que así haya sido. Y aún entonces, en lugar de que la ruptura del cuarteto fuera anunciada por John Lennon (quien al ser el fundador del grupo era el único con derecho a ello), o en el último de los casos cada uno por su cuenta hiciera pública su particular salida del colectivo, usted se les adelantó. ¡USURPADOR!

3. Porque es amigo de Bono, líder de mi banda –en activo– favorita; no sabe cuanto le envidio por eso. ¡Pues métase a Bono por donde le quepa!

4. A todos nos gusta el dulce, ¡pero por dios! Usted nos quiere volver diabéticos. Disco tras disco, sus canciones dulces y pegajosas (¡sacarina pura!) suenan igual, igual, igual, igual… y ya lleva cuatro décadas (cinco si contamos su paso por los Beatles) haciendo lo mismo: “My Love”, “With a Little Luck”, “The Girl is Mine” (ésta con Michael Jackson, otro engendro del mal), “English Tea”, “Vanilla Sky”, “Young Boy”, “Silly Love Songs”, “No More Lonely Nights” (¡puaj! ¡Qué título tan horrendamente luismiguelesco!), “Calexico Skies”, “Dance Tonight”; la lista podría extenderse mucho más, pero es suficiente. Siempre lo mismo: canciones de amor (de las que además, usted parece estar orgulloso, según la letra de Silly Love Songs. Nada hay más despreciable que un pendejo orgulloso de sus pendejadas) con melodías inofensivas, planas y monótonas; ¿cómo es que usted puede ser la leyenda viviente más grande del rock (¡eso ni siquiera es rock!) con canciones que tan poco aportan al género como arte? ¿Que usted escribió Helter Skelter, y no Lennon? ¡Pamplinas!, de seguro la escribió John y se la regaló a usted por lástima. Si no es que usted mismo se la robó. Si de verdad James Paul McCartney es el autor Helter Skelter, que lo demuestre: quiero que componga una canción que haga ver a Pantera o Lamb of God como inofensivos baladistas románticos.

5. Por vendido lamehuevos. John Lennon renunció a su título MBE (“Member of the British Empire”) y Ringo Starr se cagó de la risa en la jeta de la reina Isabel cuando ella le concedió la misma distinción. En cambio usted, lejos de ello, se la pasa vanagloriarse con la dichosa medallita, aceptando inclusive muy gustoso ser declarado caballero en fechas más recientes y ahora le tenemos que decir “Sir” (incluso sus biografías aparecen con tal epíteto, como si fuera parte de su nombre de pila y no un mero título de nobleza, que por cierto, son taaan out of fashion); y ni qué decir de su actuación en el concierto Party at the Palace, en el que se celebraron 50 años de reinado de Isabel II. ¿Dónde quedó esa credibilidad, dónde está la irreverencia y rebeldía del rock and roll?

6. ¡Viejo tramposo! Hace un cuarto de siglo, durante el famoso concierto Live Aid, se sabe que su actuación padeció de un pésimo audio y que mientras interpretaba “Let it Be”, el audio se les fue por completo (la leyenda cuenta, usted confirmará, que debido a ello cuando usted lo notó, cantó cuanta idiotez se le ocurrió, incluyendo la frase “There will be some feedback, let it be” en uno de los versos). Cuando el mentado concierto (otra cuestionable concesión del rock al establishment, me vale madres que U2, Davis Bowie, Elvis Costello y hasta Bob Dylan hayan participado en él: ellos fueron víctimas engañados por el sistema, usted en cambio fue cómplice) apareció en DVD, actuaciones como las de The Who y los por-única-vez-foreverandever-reunidos Led Zeppelin tuvieron que ser cortadas o eliminadas por completo debido a problemas técnicos con el audio original del concierto, ¡pero usted quería awebo salir en la foto! Y no iba a salir con su actuación muda, no: usted se ofreció “amablemente” a grabar una simulada versión en vivo de Let it Be para insertar el audio en el video del DVD. Eso es no tener madre.

7. Codicioso (cerdo) capitalista: John Lennon rara vez interpretó canciones Beatles en sus conciertos como solista; George Harrison lo hizo escasamente (Ringo no cuenta, es de chocolate), pero usted… ¡prácticamente de eso vive! Y no sólo eso: lejos de explotar la reputación de su pasado en el grupo musical más aclamado de todos los tiempos, explota también directamente la mercadotecnia derivada: fue usted quien “grabó” el horrendo Let it Be… Naked (es chistoso, usted parece considerar que los arreglos orquestales del álbum original no fueron intención de la banda, pero que la edición digital con Protools si lo fue), y ahora nos salió con que remasteriza ¡el catálogo completo! de la banda y lo relanza: usted si que sabe hacer negocios: no necesitó grabar una sola nota y sacó a la venta 14 álbumes que le darán mucho, mucho más dinero del que ya tiene (ya es según Guinness el músico más rico del mundo, ¿qué más quiere? ¡¿QUÉ, MÁS, quiere?!). Y eso sin mencionar que salieron dos versiones de cada disco: la versión con sonido estereofónico (que son las que se han tocado durante los últimos veintitantos años) y las más o menos raras con sonido monaural, y claro, éstas últimas, al ser relativamente novedosas, vienen en paquete, no se venden por separado. Garantizado que de un jalón se venden los 14 cada que alguien quiera comprar uno solo en su versión monaural (que tan cotizadas son porque además de su rareza, muchos críticos dijeron en su momento que las mezclas mono sonaban mejor que aquéllas en estéreo, las cuales fueron vituperadas en los ya lejanos años sesentas). Ah, sí, también está el videojuego RockBand y… Ni crea que le voy a dar un centavo más.

8. Usted es demasiado bonito para este mundo. ¿Tiene acaso idea de cuántos hombres vivimos frustrados porque nuestras parejas babean por usted, a pesar de que se acerca a cumplir setenta años? Usted solo provoca más lujuria que Tom Welling o William Becket. Juntos. ¿Cómo diablos podemos confiar que mientras hacemos el amor con nuestras parejas, ellas están pensando realmente en nosotros, y no en usted? Piense en los millones de hombres que vivimos engañados (y los que no, frustrados) pensando que satisfacemos a nuestras parejas cada noche cuando en realidad quien les da placer es otro individuo (alguien que ni siquiera conocen en persona, por si la humillación no fuera ya suficiente). Mi propio interés amoroso suda frío cada que su simple nombre aparece en el titular de cualquier noticiario o periódico; eso me hace odiarlo todavía más (me valen madres las demás mujeres, pero no la que yo quiero; más aún porque ella no me hace caso y no pienso dirigir mi ira a sus parejas reales, así que…). Somos animales, somos machos y como tales, tenemos una fuerte necesidad de saber que nosotros somos los que dominamos: los demás machos son competencia que debe ser erradicada, y usted es la mayor competencia aquí.

Después de todo esto, ¿cómo es que usted, Sir James Paul McCartney sigue vivo? Usted señor, no se merece vivir, tiene dominado al mundo quien lejos de luchar por su libertad, se deshace en reverencias ante cada respiro que usted emite. Ojalá que el avión en el que viaje se estrelle y se haga papilla. No, mejor no, así moriría como Buddy Holy, su máximo ídolo, y no se merece tal honor. Entonces que se lo coman las cucarachas. Lo desprecio como no tiene idea.

Por eso le aviso, señor Paul, que voy a fundar el Club de Corazones Solitarios y Odiadores Macartnianos, cuya principal finalidad será atentar contra su vida a la primera oportunidad. Cuídese las espaldas o no responderé por las consecuencias.

Lo peor de todo, es que un después de esta rabieta, de seguro usted seguirá tan campante como siempre.


We hate you. And you know it

miércoles, 18 de febrero de 2009

Conociendo a los Beatles

Éste lo escribí en agosto pasado, y gracias a él pasé buenos momentos...

Conociendo a los Beatles: el más intrascendente texto del mundo
(Para Steisy; sé que odias a la gente pretenciosa pero no pude evitar el título mamonamente pretencioso)
Jonathan Vega Villarreal

Uno de mis más antiguos recuerdos me remonta a la primavera de 1992, el día del bautismo de mi hermana menor. Dicho recuerdo incluye, además de una pelea con un niño que muchos años más tarde se convertiría en un gran amigo, mi debut cinematográfico, gracias al video que mi papá realizó de tan magno evento en glorioso BETAMAX. Una de las primeras escenas de dicho filme consiste en un discurso improvisado que di como respuesta a la pregunta “¿qué le deseas a tu hermanita?”, pronunciada por mi progenitor.No es asunto de este texto burlarme de lo cagado que debí haberme visto (imaginen al pequeño Veggie, peinado de jícara, tartamudeando ideas difícilmente inteligentes sobre el cariño profesado a su ya desde entonces fastidiosa pero amada hermana menor) ni la dicha de una infancia perdida (eso ya lo he hecho hasta el hartazgo). En realidad lo que me sigue conmoviendo de ese flashback (porque el video no lo he visto en unos 10 años, tras la desaparición de la cinta que lo contiene) es que, a la par de mi discurso, puede escucharse como fondo musical la frase “Lovely Rita, meter maid”, cantada por un sujeto llamado Paul McCartney. Algo me dice que no es coincidencia la presencia de esa canción en dicho momento, ya que en aquel entonces yo era fanático de una canción llamada “When I’m Sixty-four”, contenida en el mismo CD (que en esas épocas era la novedad poseer esos discos tan “pequeños”) y que de hecho es la que precede a Lovely Rita, lo cual me hace concluir que hasta entonces me decidí a hablar y no antes porque me encontraba muy ocupado cantando mi canción favorita (imaginen a un niño de 5 años tratando de cantar en inglés).Todo esto viene a que, a pesar de que son quizá la entidad musical que más me ha acompañado en la vida, no recuerdo haber escrito jamás algo relativo a los Beatles y no sé por qué. Supongo que por ser quienes son, ya nada se puede decir de ellos y he querido evitar caer en más lugares comunes. Pero quizás un escrito más sobre ellos, aunque no aporte nada, tampoco perjudicará a nadie, y además, un verdadero artista (o simplemente cualquier persona libre) dice las cosas que quiere y cuando quiere. Así que, a raíz de una petición reciente de parte de una amiga, y que esta tarde me encontré una revista de Paul McCartney cuya lectura disfruté sobremanera, puedo decir que el momento ha llegado: me uniré a la infinita pléyade de fans que han vertido palabras sobre tan insigne conjunto musical. Si están sobrevalorados o no (ni siquiera estoy completamente seguro que sean mi grupo favorito, pero ciertamente me encantan y son de las pocas cosas que me pueden conmover en la actualidad), me vale madres, no pienso discutir eso, sino sólo expresar lo que se me antoje sobre ellos y gritar a los cuatro vientos: ¡SOY FANÁTICO DE LOS BEATLES!

Exorcisados los demonios, puedo permitirme proceder (¡miren! 3 palabras consecutivas que inician con la letra P. ¿Consideran eso estético o antiestético? Me cagaré en las reglas de la sintaxis y el buen estilo por el día de hoy) en mi faena.Apenas un par de años más tarde, como cualquier niño que deja sus juguetes viejos arrumbados cuando encuentra uno nuevo, abandoné mi fanatismo por los Beatles y en general por la música cuando los videojuegos (mi otro gran amor) me cautivaron, pero ésa es harina de otro costal. Mas a la edad de 13 años, con el despertar de mi adolescencia, los redescubrí y desde entonces la relación ha sido fructífera y satisfactoria. Ha habido altas y bajas como en cualquier romance, pero dicen que el amor verdadero lo puede todo, y después de casi 10 años de aquel reencuentro, sigo tan enamorado de ellos como la primera vez. Y sigo sin saber por qué.
Más allá de lo musical, este cuarteto ha trascendido mi persona al punto que lo más cerca que he estado de la homosexualidad es cuando contemplo perplejo las mejillas (o más bien la carencia de éstas) de George Harrison, rodeando su amplia sonrisa; fue gracias a él que se me ocurrió tocar la guitarra (si bien nunca pude llegar a nada), debido al chillante pero atrayente sonido de su Rickenbacker de 12 cuerdas (sonido posteriormente copiado por los Byrds, y desgraciadamente atribuido a ellos y no a Harrison, su verdadero artífice), y fue mi admiración hacia él la que me llevó a usar barba entre los 15 y los 20 años y dejarme el cabello un poco largo; también puedo admitir, aunque con cierta vergüenza, que su muerte en noviembre de 2001 es la pérdida que más he lamentado (con el perdón de mis amores no correspondidos y familiares fallecidos, aunque ellos saben que también los quise un chingo). Mi actual dirección de correo (“darkhorse”), se la debo también a una de mis canciones favoritas de este señor, si bien una canción fuera del grupo (bien muchachos, ahora saben de dónde viene mi dirección, ya pueden dormir tranquilos). Y cómo no, su primera mujer (Pattie Boyd) era bella como pocas féminas (y si no me creen, pregúntenle a Eric Clapton, quien le compuso Layla, otra de las canciones más hermosas y desgarradoramente conmovedoras de la historia), y la segunda (Olivia Arias), de orgulloso origen mexicano. ¡Un hijo Beatle tiene sangre mexicana y es hijo ni más ni menos que de George! (ahora hasta patriota me volví…..). Más allá de los Beatles, Harrison me introdujo a la filosofía hindú y a los geniales comediantes de Monty Python, así como a la poesía de Bob Dylan (mi otro súper ídolo) entre otras linduras que a este señor le debo. Gracias George.
Lo lamento, no puedo sentir atracción física por Paul McCartney, pues se parece mucho a la mamá de un amigo mío de la infancia y ello lo considero un poco enfermizo, así que muchachas, pueden estar tranquilas, no les trataré de arrebatar al buen Macca. Pero sí puedo decir que cuando escucho cualquiera de sus composiciones comprendo a la perfección cómo es que se ha convertido, según Guiness, en el músico más exitoso de la historia: sus letras podrán ser tontas, pero Paul comprende lo que es la música, y nadie domina la creación de melodías como él (y si no me creen, escuchen Good Day Sunshine o cualquier otra de su autoría, les apuesto que terminarán silbándola o mínimo moviendo su pie al compás de las notas, se los garantizo, y si no, les devuelvo su dinero). Siempre he odiado a Paul McCartney por su mamonería y por hacerle la vida imposible a George, pero también tiene todo mi amor gracias a sus canciones. ¿Quién podría odiar al ángel que escribió para nosotros joyas inmaculadas como Hey Jude y Live and Let Die (sin mencionar la ya fuera del bien y del mal Yesterday)? Además él fue el genio (y no John, sorry fans lennonianos de hueso colorado) detrás del concepto del Sgt. Pepper’s, álbum cuya divertida y a la vez aterradora portada conformaba parte del atractivo que me ataba al grupo a mis 5 añitos de edad. Aún me da miedo la cara de zombie de Johnny Weismuller en esa foto…

Respecto a Lennon… bueno, vacas sagradas son vacas sagradas. Debido a su prematura y sobre todo, trágica muerte, el hombre se ha vuelto tan inalcanzable que cada nueva película o documental sobre él no hace sino elevar más a este mártir. Espero al respecto que la nueva cinta Chapter 27, que trata sobre su asesinato realmente valga la pena y no sea un acto de necrofagia más. Yoko Ono debería ser más recatada en cuanto a la explotación de su marido muerto. Si yo fuera ella me daría por bien servida y sería feliz sabiendo que influí para bien en la personalidad y talento del buen Johnny: haber inspirado Woman me convertiría en la persona más orgullosa sobre la faz de la tierra. Por cierto que esta canción me acompañó en una de mis más grandes aventuras amorosas, pero la identidad de la pobre desdichada no la reveleré por pudor propio y por respeto a ella. Cierto que fue arrogante, soberbio, depresivo y mamón, además de mandilón (el amor mueve montañas….. o te convierte en un pelele sin voluntad, depende de cómo lo quiera uno ver), pero como sea, John Lennon fue el fundador del grupo y ciertamente las más complejas y chingonas piezas de los fab tour (Lucy in the Sky, A Day in the Life, Strawberry Fields y I am the Walrus por mencionar algunas) las debemos a su autoría. Eso es lo que lo pone más allá del bien y del mal. Por eso John Winston Ono Lennon vive en nuestros corazones… y en nuestros discos y en nuestras pobres carteras que desembolsan su contenido para comprar el último producto de parafernalia lennoniana…
Quien haya acuñado esa famosa frase de “Rigo es amor”, debió ser un disléxico que se comió una N: no quiso decir “Rigo”, sino “Ringo”, y no se refería a Rigo Tovar, sino a Ringo Starr, baterista de los Beatles, dos personas que tienen por única cualidad en común el haberse dedicado a la música. Y es que Ringo podrá no poseer la décima parte del talento de sus tres compinches, pero sí es dueño de un carisma que ni John, Paul y George juntos reunirían jamás. Sólo concibo dos clases de personas que no amen al nacido bajo el nombre de Richard Starkey: aquéllas que no saben de su existencia, y quienes jamás han conocido ninguna clase de amor. Pocas celebridades tan adorables como el buen Ringo, y estoy seguro que cuando muera le llorarán –lloraremos– más de lo que serán llorados digamos, Paul McCartney, Mick Jagger o Bono. Y aun así, entre sus pocas buenas canciones, tenemos algunas bastantes simpáticas (¡qué digo simpáticas, maravillosas!) que justifican su lugar en la historia. Me refiero a la melancólica y algo fetichista Photograph, la juguetona It Don’t Come Easy (ambas co-escritas por Harrison) y esa extraña oda a Acapulco (mariachi incluido) llamada Las Brisas (continuando con el patriotismo, fue en México donde conoció a su actual esposa). Eso sin mencionar que es Ringo quien se roba los filmes de los Beatles: A Hard Day’s Night, Help!, y hasta en caricaturas en Yellow Submarine (canción que de hecho, aunque de autoría lennoniana, es interpretada por Ringo), lo cual le permitió establecer una nada despreciable carrera como actor (aquel que no haya visto una de las películas mencionadas, o alguno de sus “trabajos” solistas como 200 Motels o The Magic Christian, no ha visto cine). Y en términos de mi egocentrismo, el cumpleaños de Ringo Starr es un día después del mío, y el día que Ringo cumplió 60 años (en 2000, el mismo día que yo salí de segundo de secundaria tras haber cumplido los 14 años de edad) fue la última vez que vi a un muy buen amigo, quien por alguna extraña razón desde entonces me persigue en sueños.
Pero dicen que el todo es mucho más que la suma de sus partes y personalmente creo que si estas 4 personas no hubieran coincidido en la misma banda de rock, no hubieran sido una sombra de lo que fueron juntos en ese colectivo bautizado por un hombre sobre una tarta en llamas.
Independientemente de la influencia y simpatía que sobre mí han tenido cada uno de sus miembros, The Beatles como grupo también hicieron grandes cosas por mí: ellos me introdujeron al mundo del rock (quizá ése sea el lugar común más gastado: “me inicié en la música gracias a los Beatles”; afortunadamente aún hay gente cuerda como Peter Gabriel o Joe Strummer que reniegan de ello, aunque no sé si dicha negación sea sincera o mero snobismo, ya que es difícil escapar de la influencia de estos cuatro británicos) y con él al arte en general (o sea, gracias a los Beatles me salvé de ser un chico RBD o algo así, según esta declaración); también debo admitir que gracias a ellos he conocido a un par de grandes amigos y claro, una de mis lecturas favoritas, la revista La Mosca en la Pared, comencé a comprarla cuando los de Liverpool aparecieron en su portada en diciembre de 1999. Y volviendo a mi egocentrismo (que a final de cuentas todos lo somos, quien esté libre eso que arroje la primera piedra. ¿Nadie más? Lo suponía…), puedo presumir que toda esa historia comenzó cuando en 1957 John Lennon y Paul McCartney se conocieron… un 6 de julio, precisamente el día de mi cumpleaños. ¡Muéranse de envida, beatle-fans!

Para bien o para mal, no concibo mi propia vida (y por ende, al mundo) sin los Beatles, pero me alegro que así haya sido, han hecho que este viaje sea menos duro y aburrido y mucho más mágico y misterioso.