martes, 17 de agosto de 2010
Seis
Desaparecen en tu intimidad.
Seis se vienen, seis que dan
Un mal paso a la eternidad.
Miénteme y dime que jamás sucedió,
Que todavía estarás ahí cuando el sol se oculte.
Miénteme, dilo, no digas cómo murió.
Di mejor lo que no resulte.
Seis se vienen, seis se van,
Desaparecen de tu realidad.
Seis se vienen en este gran
Caos que es mi oscuridad.
Límpiame las lágrimas y tráeme luz.
Limpia mi deseo de asesinarte con malicia.
Fluye como el agua de claro azul
Fluye y mira cómo tu ser me asfixia.
Mastica los restos de una gran pasión.
Mastica mi pendeja decisión.
Seis se vienen, seis se van,
Desaparecen por mi vanidad.
Seis se vienen, piden pan,
Hambrientos de una rima con más dignidad.
Sean mis amigos y hagan lo que nunca hicieron: critíquenme.
domingo, 14 de febrero de 2010
Feliz San Valentín
Y todo esto en día hábil; no puedo concebir cómo es que los estudiantes eran capaces de atender a sus clases con tanto ruido y el pintoresco paisaje vislumbrándose por las ventanas.
Ahí es donde entro yo: estudiante de 19 años de Letras Inglesas, en la Facultad de Filosofía y Letras. Después de mi primera clase, supe que sería imposible concentrarme en algo que no fuera el bullicio que me invadía sin pudor. Resolví pasar el día haciendo dibujos en mi cuaderno. No podía irme, ya que a la 1 de la tarde pasaría a recogerte a la Facultad de Derecho; debía soportar pues, tal calvario. Además, probablemente te gustaría formar parte del caos total. En realidad estoy seguro de eso: en cuanto te viera me pedirías que fuéramos para allá; comeríamos hasta reventar nuestras barrigas y después me pedirás que baile contigo aunque bien sabes que soy un total desastre para llevar el ritmo con mis pies. Y si nos da el ocaso, te pondrás romántica y me recitarás una rima cubierta de azúcar, aderezada con miel, esperando que yo haga lo mismo. “Yo estudio para novelista, no para poeta”, te diré, y tú reclamarás: “Es lo mismo, eres escritor”. La verdad es que sí te escribo poemas, pero no te los muestro porque me quedan horribles, lo mío es sin lugar a dudas la narrativa. Si te declamo algo inspirado por ti, será tan malo que pensarás que lo hice sin entusiasmo o que eres una mala musa, por eso preferiría decirte algo directo, pero como siempre, terminaré cediendo, y aunque pienses que mis palabras son torpes, dirás que soy un amor.
Para ser franco, mi idea de un San Valentín contigo es algo más íntimo: abandonar las instalaciones universitarias para ir al cine, sentarnos a debatir un rato (¿llevan alguna materia filosófica en tu carrera?); me encanta verte reír, pero también adoro la mueca de enfado que haces cuando estás en desacuerdo con una de mis posturas: la forma en que tuerces la boca, dejando asomar tu colmillo izquierdo que es más largo que el resto de tu dentadura es simplemente maravillosa. Incluso tú “¡Ay, Rodolfo! ¡Tú no entiendes!” que pronuncias cuando he drenado toda tu paciencia me enternece hasta la muerte. Si nos da tiempo, te llevaría a mi casa a cocinarte un pastel; mi abuela me enseñó una receta de un pastel de zarzamora que sé que te encantaría y lo comeríamos mientras miramos la puesta del sol que desde la ventana de mi alcoba se ve divina; por mí, quédate a dormir (¡a vivir!) conmigo, pero no, tus padres te protegen demasiado, pondrían el grito en el cielo… Cierto, tienes apenas 17 años, pero no eres nada inocente, tus padres protegen con harto recelo un tesoro que no saben que yo robé hace ya algo de tiempo. Por no decir que fuiste tú misma quien me lo ofreció.
Después de este alucine, descubro que quizás lo único en lo que coincido contigo sea en lo del ocaso, pero sin la parte donde te digo rimas gastadas. Somos tan opuestos que nos complementamos. Porque no somos diferentes: tenemos distintos gustos, pero los mismos intereses; corremos en el mismo camino, sólo que cada quien lo hace a su manera y así cada uno llena las carencias del otro, ayudando a superar los obstáculos en la pista.
Y bien, la hora ha llegado, es la una de la tarde y mis clases se terminaron. Suerte que tu facultad esté a no más de veinte pasos de la mía. Me pregunto cómo irás vestida… ¿Llevarás esa boina que tanto me gusta? ¿O simplemente te amarrarás el cabello en una coleta? No, eres demasiado vanidosa para eso, tienes que lucir despampanante en una fecha como ésta, incluso si no eres realmente lo que la sociedad calificaría como una belleza. Pero para mí lo eres, y lo serías aun si fueras con tus peores fachas.
¡No me equivoqué! Llevas esa boina; te dije que te conozco. Hace perfecto juego con tus pantalones, del mismo color; la blusa amarilla te da un aire exhuberante, de jovialidad. Por supuesto, me tienes a mí, ¿cómo no serías feliz? En cuanto a mí, hice lo que pude: me coloqué mis jeans menos desgastados y tuve la decencia de ponerme una camisa. Es una camisa púrpura.
-No te queda ese color de camisa –me dices –con unos jeans de color claro; tú no tienes sentido de la moda.
-Por eso soy escritor –respondo entusiasta–… Y por eso te tengo a ti amor: para que seas mi modista personal.
Ríes suavemente. Te tomó de la mano. Estamos en la entrada de tu salón. Dos chicas salen y se colocan detrás de ti. Son Nidia y Esther, tus mejores amigas; Nidia es una buena persona, me cae bien; a Esther nunca la he tratado, sinceramente me infunde un poco de miedo.
Nidia acaba de susurrarte algo. Me parece que dijo “dile ya”. Miro con curiosidad, me devuelves la mirada y anuncias:
-Dice Nidia que si pueden ir con nosotros.
No entiendo.
-Ninguna de las dos tiene novio –comienzas a explicarme– y no quieren estar solas, prefieren quedarse con nosotros. Àndale amor.
-Además –añade Esther– yo tengo clases en Química a las 3. No estaré con ustedes mucho rato.
-Y yo –concluye Nidia– me iré en cuanto dejemos a Esther en su escuela, así no les haré mal tercio después.
Frecuentas a Nidia desde que íbamos en preparatoria y ya entonces era tu mejor amiga. Era a ella a quien quería ligarme cuando las conocí; que las cosas salieran distintas fue un agradable giro del destino, pero debido a ello es que esa muchacha le tengo un especial afecto y por ser como tu hermana, sé que siempre estarás en buenas manos si un día yo te hago falta, confío tanto en ella que me es imposible decirle que no a su petición.
Impedido de rechazar tal propuesta, termino aceptando. Comprendo que una vez que nos quedemos a solas, bajo el argumento de que ya no tendremos nada que hacer cuando tus amigas se hayan ido podré llevarte a otro lugar y seguir mi plan. Pero eso no te lo diré sino hasta que llegue el momento adecuado; por ahora me limito a asentir con la cabeza. Emocionada, me das un fuerte abrazo y una vez que me has soltado nos vamos juntos los cuatro.
A pesar de todo intentaré estar a solas contigo lo más pronto posible. Esther es guapa, ella podrá conseguirse galán fácilmente en esta kermesse masiva; la que me preocupa es Nidia, que es menos agraciada y además es bastante tímida.
Detrás de la Biblioteca Central hay una enorme lona, y parece ser que hay mucha gente. Esther anota:
-Han de estar regalando algo.
-Condones quizás –respondo con una risa; tú reaccionas con un pequeño golpe en mi brazo pero también ríes.
-Sea lo que sea, no lo sabremos si no vamos a ver nosotros mismos –sugiere Nidia.
En seguida nos encaminamos hacia allá. “Perfecto, ojalá encuentren algo que las haga querer separarse de nosotros”, pienso. Aunque no tengo nada contra las amigas de mi chica (porque eres mi chica), me siento incómodo al besarte enfrente de ellas; en todo el rato no he pasado de sostenerte la mano y ocasionales besos en la mejillas. Y con lo frío que está el día…
Tus amigas parecen preocupadas por las tareas escolares a pesar de que mañana no hay clases porque comienza el fin de semana. Y la discusión sobre los trabajos pendientes roba tu atención de manera contundente. Debo ser demasiado patético para que algo tan sencillo te aparte de mí. No encuentro táctica de recuperación alguna, y en mi momento de desesperación, te pellizco una nalga.
-¡Ay! ¡Eres un pervertido! –Me dices hipócritamente: tú acabas de darme una nalgada.
Las cosas comienzan a calentarse y estamos entrando en ambiente. Por fin arribamos a la explanada con la lona gigante. Una banda está tocando. No suena nada mal; de hecho suenan mucho mejor que la banda de mis amigos de la prepa. Están tocando covers. Al llegar suena “Conquest” de los White Stripes. Qué selección tan retorcida para un 14 de febrero; sonrío maliciosamente con la música. Nidia y Esther golpean el suelo con sus pies al ritmo de la música. Tú me dices que esa canción no te gusta y yo, por molestarte (¿te dije que me encanta cuando frunces el ceño?) comienzo a cantarte en voz alta. Retrocedes unos pasos y finalmente te echas a correr.
Te persigo por todo el jardín mientras tus dos amigas permanecen en su lugar. La canción ha terminado y el conjunto musical agradece los aplausos. Justo en el momento en que comienzan a tocar la siguiente canción (apropiadamente “Kiss Me” de Sixpense Non the Richer), te doy alcance por la cintura, te giro hacia mí y te planto un beso.
Todo es felicidad.
Han pasado ya dos horas. La banda tocó impecablemente y dejó a todo el mundo satisfecho; el cielo está despejado permitiendo que el sol ilumine con su calor a las felices parejas, ya sea las que hoy se reunieron o las que nacieron durante el concierto. Nidia lleva media hora platicando con un sujeto de apariencia nada despreciable: de cabello castaño, con un liso perfecto y ojos color miel, la piel blanca y sonrosada… quisiera ser la mitad de guapo que ese hombre; siempre supe que su carisma la llevaría lejos. La guapa Esther, en cambio, ha pasado el rato besuqueándose con cuantas personas se le han puesto enfrente y ni siquiera está ebria. Sí que sabe divertirse, aunque no es lo que yo preferiría.
El cantante despide al público y les recuerda que use condón en la noche. La gente ríe y comienza a dispersarse. Tú y yo perdimos la noción del tiempo y de todo nuestro entorno. De habernos preguntado las canciones que los músicos interpretaron, no habríamos pasado de las primeras dos.
Ahí estábamos tú y yo, tomados de las manos; ante nuestros se desenvolvía toda la explanada central del campus, “Las Islas”; las facultades de Filosofía, Derecho, Economía, Ingeniería y Arquitectura se alzaban a nuestro alrededor como una fortaleza de nuestro amor. La vista, sobra decirlo, era maravillosa.
Miré mi reloj, noté que ya eran las 3 p.m. y se los hice saber.
-¿De verdad? –grita Esther sin poder dar cuenta de lo que acabo de decir– ¡Tengo que llegar a clases!
-Tranquila –le dice Nidia–, bien sabes que tus profesores no llegan a la hora en punto y menos en un día como hoy; estarán iniciando clases en unos veinte minutos. Todavía tenemos tiempo para llegar allá caminando.
-¡Ni madres! –interrumpe Esther– No me voy a arriesgar a llegar tarde, el maestro de la primera clase es un mamón de primera. No perdona a quien entra al salón un minuto tarde.
Dicho lo cual, tu amiga salió corriendo, dejándonos atónitos. Me pareció algo divertido y nosotros hicimos lo mismo:
-¿Están listas chicas? –dije excitado– Uno… dos… y…
-¡Tres! –Gritaron juntas.
Los tres nos lanzamos en una carrera intentando alcanzar a Esther. Cuando percibí que Nidia empezaba a disminuir la velocidad, cerca del callejón que se forma entre el Anexo de la Facultad de Derecho y la Facultad de Economía, la tomé de la mano para que no nos perdiera el paso. Temiendo que te encelaras (no que seas celosa, pero siempre hay que prevenir) y para evitar que tú también te cansaras, hice lo mismo contigo. Noté que la mano de tu mejor amiga se encontraba más sudorosa que la tuya y la mía, lo cual me puso nervioso. Las dos mujeres que más me gustaron en el bachillerato, literalmente en mis manos. ¿Excitante? Por supuesto.
Ustedes dos, en cambio, se mostraban divertidas con el jueguito que nos traíamos. Cuando pasamos Economía, nos topamos con una pendiente que daba a Odontología y después de ella sólo había que girar a la derecha para llegar a la Facultad de Química. Les advertí que cuidaran sus pasos y se agarraran bien de mí para que no se tropezaran en la bajada al descontrolarse por el aumento de velocidad y la gravedad incrementada.
Como un par de niñas, una risa incontenible las atacó en cuanto el viento chocó con sus rostros al acelerar durante ese tramo.
-¡Giren! –grité al momento oportuno para encaminarnos a la recta final que nos llevaría a la escuela de Esther, si bien yo estaba seguro de que ya no le daríamos alcance pues seguramente se encontraba en su salón para ese momento.
Grande fue nuestra sorpresa el arribar a dicha Facultad. El lugar estaba hecho una fiesta, inclusive había más escándalo que en la explanada principal de donde veníamos.
Más tranquilos, buscamos a Esther. Necesitaba encontrarla para entregarle a Nidia y así quedarme a solas contigo y llevarte a mi casa. Mientras recorríamos el patio una voz familiar gritó en dirección nuestra:
-¡No puede ser! Pero si es…
César te reconoció al instante, incluso desde lejos. Nunca olvidaré a ese tipo, tu exnovio en el último año de prepa, siempre tan arrogante conmigo. Y sé que hoy me odia, porque al final yo me quedé contigo. En cuanto a mí, me importa un comino lo que haga con su vida.
El imbécil se acercó a nosotros y te saludó efusivamente, por no decir que te abrazó con extremo cariño. A Nidia le dio un amable pero convencional beso en la mejilla y a mí simplemente me dirigió un frío “hola”. Sin perder el tiempo, se volvió a ti y continuó su efusiva bienvenida:
-¿Qué los trae por aquí, amigos? –¡Argh! ¡Hipócrita! Si él siempre fue un desgraciado con la pobre Nidia. Cuántas veces tuve que defenderla de sus burlas; incluso a ti te dejó muy mal parada cuando te puso el cuerno con una zorra de quinto año. Pero allá él, que gracias a eso pude acercarme más a ti y conquistarte.
-Venimos a ver a Esther, ¿sí te acuerdas de ella, verdad? –le explicaste; él asintió con un gesto –Ella estudia aquí y la estamos buscando; ¿le has visto?
-No… pero cuéntenme, ¿qué ha sido de sus vidas? ¿Siguen juntos ustedes dos?
-Claro que sí –dije con una exagerada sonrisa, tomándote de la cintura –y así será por mucho tiempo, ¿verdad mi amor?
-Así es –agregaste–, ¿quién lo quiere, quién lo quiere, mi bebé?
Nos dimos un par de besos rápidos en la boca y luego sonreí. El idiota nos felicitó de manera poco convincente, y puntualizó:
-Está bien… me alegró por ustedes… y perdónenme si en el pasado me comporté como un desgraciado… –luego me miró, me llamó por mi nombre y me dijo:– ¿Me la prestas por unos minutos? Prometo no hacer nada, sólo quisiera hablar con ella y aclarar algunas cosas.
No supe qué responder. Busqué tu mirada esperando un gesto que solucionara mi dilema. Finalmente me diste la solución, aunque no la que yo esperaba… Aceptaste ir con él. Dudoso e inseguro, te dejé ir, y me fui caminando con tu mejor amiga.
-No te preocupes, te la cuidaré bien –concluyó él con cinismo mientras nos alejábamos.
Desde una jardinera te estuvimos observando. Nidia me expresó el amor que te tiene y el odio que debido a ello siente por tu exnovio. Pasamos los siguientes minutos echando pestes del susodicho; fue tan entretenido y relajante que por unos instantes dejé de preocuparme de ti. Comprendí entonces cuán importante es Nidia para mí. Cierto, tú eres mi novia y la persona que yo más amo. Pero Nidia es como mi hermana, y creo que la aprecio tanto como a ti. Y eso no está mal. Es el poder de la amistad, que a final de cuentas también es un sentimiento y por ende una expresión de amor. Además, ustedes dos se quieren tanto que yo jamás podría separarlas, y con toda seguridad me dejarías a mí antes que a ella. Somos un trío, ustedes dos son mi segunda familia.
Agradecí a Nidia su apoyo en esta situación con un abrazo. Cuando nos separamos ella señaló en dirección a la que te habías ido, diciendo con una expresión de espanto:
-¡Mira!
Lancé mis ojos hacia donde ella había señalado. Tú venías de regreso, envuelta en lágrimas. Nos contaste cómo trató de obtener no sólo tu perdón, sino también una segunda oportunidad. Y por alguna extraña razón, tú se la diste. Él te besó y…
Estallé en cólera cuando mencionaste el beso. ¿Por qué? ¿Por qué carajos lo hiciste? No supiste bien qué decir, pero balbuceaste algo sobre lo conmovedoras que fueron sus palabras, que él dijo seguirte amando, que prometió amarte más de lo que yo jamás lo haría y finalmente te robó el beso.
Pero igualmente admitiste que no lo hizo mal y que por un instante quisiste tener una aventura y divertirte un rato para descansar de mis cursilerías (¡¿qué?! Pero si soy meloso contigo es porque tú así lo pides). No dijiste nada sobre extender el momento a una relación clandestina propiamente dicha, insististe en que solamente sería ese beso. Y te creo. Te creo y siempre te creeré. Así de ingenuo es el amor.
Además en cuanto terminó tu fechoría recibiste tu castigo, cuando una chica rubia, alta y de cuerpo perfectamente torneado se acercó a tu cómplice y lo saludó con un beso en la boca. Él la abrazó por la cintura; “lo siento, ella es mi novia” se explicó. Le reclamaste por su discurso sobre que todavía te ama y lo de querer una segunda oportunidad para conquistarte. “Sé que te gustan las palabras dulces, así que caerías. No me iba a morir sin besarte algún día y por eso lo hice; lo siento, pero estuvo chido, feliz San Valentín” fueron sus palabras finales, las que hicieron explotar tus ojos salpicando tu precioso rostro de un fluido agrio como tu propio malestar. Por eso llegaste hecha un desastre con Nidia y yo.
-Perdóname Nidia, pero no quiero estar aquí, ¿te molesta si te dejamos aquí? –aun en un momento de tragedia, no perdiste la cordura con tu mejor amiga.
Ella accedió y dijo que no te preocuparas, que lo comprendía todo. Nos dio su bendición y un último abrazo. Se expresaron su amor con fuerza tal que pareciera que jamás volverían a verse.
-Cuídala mucho –me dijo poniendo su mano en mi hombro. Repitió la misma frase casi en un susurro mientras tú y yo nos alejábamos.
Caminamos hasta el metro Copilco donde tomamos un camión que nos dejó a una cuadra de mi casa. Todo el camino estuviste callada. Tus llantos habían cesado y aparentabas tranquilidad. Empero, tu respiración se delataba agitada. ¿Cómo podría convencerte que no tenía rencores? Todo fue culpa de aquel infeliz, y está comprobado científicamente que la monogamia no es parte del instinto humano, por lo que siempre estuve dispuesto a aceptar que algún día te echarías una cana al aire y eso no me molestaría siempre que no me dejaras de querer; probablemente esa misma tarde, de no haber vuelto tan pronto, yo me hubiese besado también con Nidia y no habría cambiado un ápice mis sentimientos por ti. O tal vez no… precisamente porque te quiero tanto probablemente me negaría a cualquier impulso. De un modo u otro, a oportunidad no se presentó y ya nunca sabré qué tan leal puedo serte.
Una vez que llegamos a mi casa, te senté en mi cama (qué bueno que mi hermano mayor ya no vive con nosotros y que mis dos padres trabajan de sol a sol) y con mi propia sábana enjugué tus lágrimas. Después, para mostrarte mi amor absoluto, yo mismo chupé la tela como queriendo absorber el residuo que en ella había quedado. Sonreíste tímidamente y me abrazaste. Besé tus mejillas y tú mi cuello. En cuestión de minutos, estábamos haciendo el amor.
Cuando terminamos, permanecimos desnudos. Me pediste que así fuera para que los dos nos purificáramos de todo lo que había ocurrido esa fatídica tarde. Acepté sólo para poder ver tu ombligo, que rara vez muestras. Reconozco que al principio me sentí avergonzado: mi cuerpo lampiño me da la apariencia de un puberto de doce años, no soy nada agraciado y finalmente mi casa es un lugar de locos, irónicamente es el último lugar en el que me pasearía desnudo.
Pero al tenerte aquí, ataviada con las mismas ropas que yo, por primera vez sentí que ese lugar era mi hogar. Tú así lo hiciste.
-¿Quieres que te haga un pastel de queso con zarzamora? Sé que te encantará, cariño
-Está bien, lindo.
-¿Quieres ayudarme?
-¡Seguro!
Cocinar ese pastel fue más erótico que hacer el amor para ser sincero. Al final, terminamos embarrados de queso crema y como es obvio, nos limpiamos el uno al otro con nuestras propias lenguas. En mi sillón. Mientras el pastel se horneaba. Ahí mismo, en el sofá color púrpura en el que veo televisión desde niño, volvimos a hacer el amor. Fue suculento. Eres una delicia, amada mía.
-Después de esto –te dije mientras seguías jadeando–, ¿todavía crees que valía la pena besarte con ese sujeto? ¿Aún dudas de mí?
-¡Para nada! –me dijiste riendo. Te veías tan hermosa esa tarde.
-Te amo.
-Y yo a ti.
El pastel terminó de hornearse. Tú misma lo sacaste del hornito en mi cocina y lo metiste en el refrigerador. Mientras se enfriaba, escuchamos música. Sé cuánto amas “Love Me Tender” de Elvis Presley por lo cual fue la primera canción que programé en mi computadora, conectada a un par de potentes bocinas. Bailamos la melodía; fue algo suave y lento.
La canción terminó y sonó “Soñé” de Zoé. Al mismo tiempo que tú la cantabas, fui por la tarta y te la entregué. La coloqué en tus manos junto con un enorme y filoso cuchillo. Cortaste un pedazo y le diste una mordida. Con tus propias manos, llevaste el mismo pedazo a mi boca para que yo también le diera un mordisco.
-Mmm –dijiste.
-Sabía que te encantaría.
Cortaste otro pedazo para mí y lo colocaste en mis manos. Cada quien comió su pieza lentamente. Engullías con alegría tal que no dejé de pensar en lo hermosa que te mirabas en ese preciso momento. Supe que de alguna u otra manera, tendría que inmortalizar el instante.
Terminé mi bocado un poco antes que tú. Fui a dejar el plato con lo que quedaba de pastel y lo dejé en la mesa de la cocina. Volví hasta ti y te tomé del cuello por la espalda; acaricié tus senos y metí un dedo en tu vagina. Tú lanzaste un tenue gemido ahogado por tu ruido al tragar el último bocado de tu postre. Seguí abrazándote; cerraste los ojos en medio del placer.
-¿Qué es eso? –preguntaste al sentir algo frío y ligeramente cortante.
-Oh, nada mi amor. Sólo estoy jugando. –Reíste, sentiste coquillas.
Con la punta del cuchillo recorrí tu cuerpo hasta llegar a tu garganta. Antes de que pudieras darte cuenta, tiré enérgicamente. La sangre salpicó con tal fuerza que el plato donde otrora estuviera servido tu pedazo de pastel, quedó manchado de un tinte rojo. Te dejé caer. Hiciste un ruido seco al golpear el piso. Inerte. Bella. Tú.
Tu cabeza es un lindo trofeo en mi recámara. No sabes lo hermosa que te ves, con tus ojos abiertos y vivarachos. Sé que él te lastimó querida mía; ahora ya no podrás sufrir más, y yo te tengo para mí solo. Nunca más te arriesgarás a dejarme por imbéciles que no te merezcan y te lastimen. De ese modo, todos ganamos.
Feliz San Valentín querida mía. Te amo.
Imagino
Imagino que te quiero, que te necesito
Imagino que sin ti no soy nada
Realmente no lo sé, siempre has estado
No sé qué podría provocar tu ausencia
Evitaré conjeturas adelantadas
Sólo te pido que te mantengas cerca
A cambio te daré lo que quieras
Diversión y comprensión si lo pides
Tal vez realmente no te necesito
Tú no me das de comer, no produces aire
Eres importante, mas no fundamental
Sin embargo eso tampoco lo comprobaré
(No, no me arriesgaré)
Porque nos estimamos demasiado
Será difícil que uno abandone al otro
Para cuando suceda estaremos preparados
Así fue como se forjo nuestra alianfianza
Imagino que no sabes nada de esto
Imagino que no te preocupa lo que yo siento
Siempre has sido así, tan inocente
No vislumbras el futuro cercano
Eres feliz en el presente
Lo cual me parece admirable
Por ello es que te respeto
Quisiera que...
The Curls of a Long Haired Woman
It was morning but you could still see the moon
Her hair was long up to her waist
It was also curly, it was no waste
She asked my name and didn’t tell hers
But she was so beautiful I thought “Who cares?”
We spoke for a little while
We were gonna be in the same class next year
And the next year was getting near
But the waiting seemed as long as walking a thousand miles
On summer’s eve I got to know her name
She was Columba, a girl with plenty of fame
The most intelligent student in my school
With a strange beauty nobody else understood
A beauty only I could see
That’s why I thought my road to her would be free
Finally three long months had to pass
To see her again; her curls were longer
My desire for her got stronger
It was a challenge for me to have her in my class
It was all about to begin
When I noticed her soul was so pure with no sin
She used to look at me and smile
I used to get nervous ‘cause she had the best style
I finally talked to her, she laughed
And told me some important things between paragraphs
I lived a bus stop before her
We caught the same bus and chatted all the way home
I said lots of things, she said some
We said good bye, I wanted to go back there
She was pretty happy at the start
I shared with her everything inside my heart
Until she knew I was insane
Things changed and she started to complain
Then everything went very hard
In desperation, I sent her some postcards
She just ran away from the bus
Never shared it again
The end of the first chapter; and then
Somebody hit my back and put me a cross
I had a bad year, let me say
She was carved in my mind, each and every day
I couldn’t avoid going mad
If not, I ran behind her; she made me sad
For the first time I got the blues
To beg her or write her poems had no use
One by one, all the stars fell down
Depression came along, ‘til I became numb
From the world I hided, I was deaf and dumb
The king of the losers without his gold crown
I always went to extremes
Didn’t realize I was killing my dreams
A teenager with his first love
Waiting for the arrival of a white dove
With a leaf and a solution
I gave her presents, looking for absolution
She said “Thanks, but that’s not the way
Love is something you can’t buy, not on one night
You’ve got to earn it, is that alright?”
We were friends, but some times she threw me away
Later, she met some of my old friends
We were together, but we were in the ends
My pal Joseph fell in love too
They turned out to be great friends, and they were so true
For her we could die in a can
Her curls were still owned by a foreign man
I saw her kissing her boyfriend
Just a week before Valentine’s Day
So sad I cried all my tears away
Only rival Joseph had a hand to lend
We made a deal for gentlemen
We’ll help each other, but then again
Battle was coming between us
Because of the differences I was a ghost
As he was on the top of the ladder
Lots of details around us began to gather
Now we couldn’t trust anymore
And Columba was in the middle of the walls
And like a piece of glass when it falls
Everything broke when Columba crossed the door
Of course, she was on Joseph’s side
I was defeated, I got nothing to hide
I admitted it, that wasn’t enough
Joseph thought I would return like a bad cough
Without words, he stabbed me in the back
Killed the few affection she had for me; it all cracked
As if I was the devil she hated me
Furthermore, I lost all my old friends for free
What was it he wanted? I don’t know
I had to run away with my feelings low
For a year, I hated both of them
I lost a friendand I lost the most precious gem
They were lovers for a few months
That was it, their love worked for only two months
After that, they tore it all apart
An obsession grew in the depths of my heart
I fell in love with other girls
Then learned to live without her. Had a good year
When everything was cool and clear
However I still missed Columba’s long red curls
It’s been three years since the first time
Maybe three and a half, I think it’s no crime
I’m feeling fine, walking in the mall
Turn around the corner, a girl’s voice calls
It’s Columba, but she’s changed
Her hair is yellow; she has no curls... strange
Says hello, I say it back to her
We don’t stop to speak; we just go on our ways
I’m cured, I wouldn’t come back anyway
But I wonder why she was so sweet, so I stare
It’s good to see her pretty face
She lives in my dreams and that’s the case
martes, 22 de diciembre de 2009
Parentescos Parentéticos
Sólo tú puedes hacerme llorar y reír;
Eres tú mi ira y mi satisfacción,
La única digna de mi protección.
Si te critico cuando yo sólo trato de aconsejar,
Si te lastimo con cada palabra pronunciar,
Has de saber que no hay mala intención:
El consejo es mi única pretensión.
Juntos vamos en este viaje
Y juntos caeremos;
Tú y yo en este yermo paraje…
Tú y yo venceremos.
Acepta siempre tus defectos para conocer tu virtud,
Recuerda siempre mostrar tu mejor actitud.
Afirmas poseer maltrecho corazón.
Lo repararé con tu perdón.
Así que disculpa si soy estricto como mentor,
Disculpa si fallo como defensor,
Te suplico un poco de compasión
Hacia esta frágil relación.
Cuando todo penda de un hilo
Yo sostendré con fuerza,
En mis hombros de doble filo,
Tu piel siempre tersa.
Tus odios y resentimientos aprende a controlar,
Ellos no remediarán tus fracasos;
La verdadera fuerza, si acaso,
Está en tu determinación a tus miedos enfrentar.
Pequeña hermana menor, vulnerable pero capaz,
Nos necesitamos por ser familia.
Por eso te pido con mi fuerza restante:
No abandones este barco ya jamás.
Sé la luz que en el camino auxilia
Al inexperto navegante,
Sé el compás que siempre guía
El ritmo de toda melodía.
martes, 8 de diciembre de 2009
Tectónica de placas

Añoro las épocas en las que corríamos libres, sin ningún pecado
Tú de mi mano o yo de la tuya, sin razón para que alguno fuera juzgado
El tiempo separó los continentes: hoy carecemos de nuestra compañía
Veo cómo la oscuridad de la noche cae a la mitad del día
Sólo me queda dormir, esperando verte al despertar
Solíamos ser cómplices, hoy no somos siquiera testigos
El que dos personas se estimen no significa que sean amigos
El que dos personas se amen no significa que sean una pareja
Lo que tú sientas por mí o yo por ti no basta para cruzar la reja
Nuestra separación definitiva debemos enfrentar
¿Cómo es el camino por el que corres ahora?
¿Sigue siendo liso o está lleno de rocas?
No sé si para ti sea eterna cada hora
Pero mis neuronas ya se vuelven locas
Están apunto de arrojar la toalla
Y abandonar esta batalla
Tal vez estés buscando un culpable, he hecho lo mismo tanta veces
Pero yo sé que un elemento externo fue el que sacó del agua a los peces
Como el aire que pudre las frutas, como los insectos que matan los huertos
Una fuerza, un sujeto, nos separó para dejarnos muertos
Y mi tumba está en el cementerio más oscuro
A pesar de todo lo que sientas, no trates de cruzar esta distancia
O como yo, caerás derrotada en cada intento, a cada instancia
Yo tengo el sable, tú la vaina, y quiero volver a enfundar mi espada
Mas son sólo sueños, estúpidos sueños sobre una vida ya pasada
Cuando los sueños deben proyectar lo que se desea a futuro
¿Luchas por tu futuro o por tu pasado
Quizá respondas igual que yo esa pregunta
Ya muchas veces la misma respuesta he dado
Cada que una nueva crisis despunta
A veces hay tristeza, otras, enfado
Lo peor es cuando ambas se juntan
Tantas hipótesis, tantos proyectos y nada que pueda concretarse
No sé si tu cuerpo y tu alma aún disfruten desnudarse
Si mis palabras florecieran, se marchitarían rápidamente
Serían tragadas por la gran bestia, ese monstruo llamado gente
¿Hay monstruos también en la carretera por la que vagas?
Sé que siempre son altos los precios que pagas
Desgraciadamente no siempre son lo que valen
Por eso todas las deudas son como plagas
Las deudas morales de mi interior no salen
Y pagarlas con tu ausencia no es justo
Menos aún después de todo un lustro
Tengo la esperanza, más bien el temor
Que en ese lugar estés con alguien mejor
Que mi sufrimiento sea todo en vano
Que estés en el poder de la mejor mano
Y la felicidad borre tus viejos recuerdos
O me haga lucir como un tirano
Con una nueva vida y un amor pagano
De ser así, espero disfrutes cada caricia
Sea ésta con bondad o con malicia
Ya sea que se mantengan o se borren todos mis fueros
Cuando ese día llegue, no tendré que sufrir
Tampoco tendré una razón para vivir
Y si los continentes se vuelven a unir
Para ser uno solo y sus tierras ungir
Ese día llegará, tal vez en veinte eras
Yo aguardaré, guardaré todas las esferas
Cuando nuestros caminos de nuevo se crucen
Espero que tus rencores no me acusen
Sólo desearía que fuéramos lo que antes
Sin preguntas, aclaraciones ni desplantes
Sólo entonces mis palabras y emociones florecerán
Y sus frutos por siempre perdurarán
Las luces del pasado guiarán nuestro presente
Hacia un futuro prometedor y diferente
A todo lo que jamás soñamos
Mejor de lo que siempre esperamos
Entonces, y sólo entonces dejaré de sufrir
Y tendré el deseo de volver a vivir.
domingo, 29 de noviembre de 2009
29 de noviembre

2001. Sabía que George fallecería pronto, los noticiarios ya habían advertido que su cáncer era terminal, que se encontraba desahuciado y que él mismo se había resignado a morir tranquilamente en casa. Enfrentaría la muerte con valentía, parecía que sus seguidores estaban más preocupados que él mismo. Yo entre ellos. Pero después de unos cinco traumáticos días de preocupación innecesaria, ese fatídico jueves ni siquiera se me ocurrió pensar que el momento había llegado; en lugar de eso, pasé uno de los momentos más divertidos de mi primer año de preparatoria, en casa de mi entonces amigo Fernando Mora, “el Loko” para los cuates. Comimos, jugamos con su perra la Chapis, lo acompañé al Tae-Kwon-Do, echamos mucho relajo en su casa y quizás le hayamos dedicado media hora al trabajo en equipo que nos había reunido (siempre pasaba lo mismo y aun así salíamos bien librados); probablemente vimos los Simpson y de seguro me burlé de su fanatismo por el América. Uno de los highlights de mi adolescencia entera.Para el Loko, George Harrison era uno de los Beatles, lo identificaba por ser el menos identificable… y porque yo lo mencionaba cada diez minutos. Yo no poseía siquiera un discman, mi más poderoso reproductor portátil era un walkman, en el que traía un cassette con el Concierto para Bangladesh; me encanta la versión de “Awaiting on You All” que allí viene. Y porque se me dio la gana, obligué a mi amigo a que pusiera el cassette completo en su estéreo. Fue la última vez que escuché un cassete.
Tenía una compañera, Julia, hermosa como ella sola, y yo caí en sus manos redondito. Apenas una semana atrás le había regalado un CD ultra raro de U2 (que originalmente había comprado para mí) y mi crush por ella estaba a su máximo. Esa tarde con el Loko comprendí lo idiota de mis acciones, admitiendo también lo divertido de ellas.
Me parece en extremo irónico el hecho de que el día que por fin me tranquilicé y dejé de pensar en la inminente muerte de mi ídolo fuera precisamente el día en que él estiró la pata. Pero fuera del Internet, la noticia no se dio a conocer sino hasta el día siguiente., y yo ni computadora poseía, así que mi experiencia respecto del vía crucis que fue conocer la noticia no corresponde a este día, sino al siguiente, y por ello es una historia completamente distinta.
2004. Es un bello lunes. Sobreviví a la preparatoria y a mi primer semestre en la universidad (entré a la UNAM cagándome de miedo), de hecho éste fue simplemente grandioso, en parte gracias a mi amiga Karen. Qué no daría por ella, es bien chida. Me encuentro en la estación del metro Indios Verdes esperándola; quiere que le enseñe Teoría del Estado porque es la materia que más domino y ella se fue a examen final; no sé qué quiere que le enseñe, Karen es la persona más inteligente y dedicada que he conocido. Pero qué importa eso, a la mera hora ni siquiera estudiamos más de veinte minutos: nos fuimos a pasear por los alrededores, le invité un algodón de azúcar y le mostré fotos de mi niñez que estaban traspapeladas en una revista (sobre los Beatles, por supuesto) que llevaba yo para leer en el camino. Si hiciera un top5 de mis mejores momentos con ella, el de este día ocuparía el primero o segundo lugar.En el camino de vuelta a casa, escribí un poema titulado “La tercera es la vencida”, en alusión a que George siempre es el tercer beatle a la hora de pasar lista, y usando la frase en el sentido que se le suele dar: “la tercera es la definitiva”, y George, el tercer Beatle, con su tercer álbum, All Things Must Pass, nos dio la obra definitiva de un exBeatle, considerado como la mejor obra solista de cualquiera de los cuatro incluso antes de que su muerte enviara su prestigio a la estratósfera; y por otro lado, usando el sentido literal de la palabra: vencido=derrotado: si George se ganó al mundo con su obra maestra, después de ella se durmió en sus laureles y volvió a su antigua posición de Beatle menor, cayendo en relativa oscuridad (con uno que otro momento destacable) hasta que finalmente fue vencido por un cáncer; el poema contrastaba ambas situaciones e ironizaba al respecto de manera por demás crítica. Lamentablemente era tan malo que esa misma tarde lo tiré a la basura, pero el concepto me gustó y prometí reescribirlo en cuanto pudiera, lo cual a la fecha no he hecho. Pero fue un grandioso día.
2007. Ah, cómo chinga esta niña. Una tipa me manda mensajes por Internet y aunque me agrada, no me interesa, y no sé cómo deshacerme de ella sin ser demasiado grosero. Sin embargo, ella me metió la idea de ir a ver la película Across the Universe, musical basado en las canciones de los Beatles, y siendo George uno de ellos, sería una excelente manera de conmemorar su sexto aniversario luctuoso. Además, es mi último día del semestre y tengo la costumbre de irme a pasear el último día. Así mato dos pájaros de un tiro: celebro a George y doy mi acostumbrado festejo de fin de semestre.
La historia me pareció predecible: el romance no es para mí y siempre supe que Jude y Lucy se quedarían juntos al final; además está llena de clichés sobre la época. ¿Es que Vietnam y Martin Luther King fueron las únicas dos cosas que ocurrieron en esa época? ¿De verdad todos los jóvenes eran hippies? Eso equivaldría a decir que todos los jóvenes de hoy son/somos emos. Aun así, la historia está excelentemente bien desarrollada en cuanto a su estructura narrativa y hace que a pesar de ser tan plana, te la creas y la disfrutes, y algunas de las interpretaciones musicales están de no-mames: “With a Little Help From My Friends” les quedó perfecta, incluso mejor que la famosísima versión de Joe Cocker, y “Being for the Benefit of Mr. Kite” me hizo reír en demasía. Y para beneplácito de los fans de George, “Something” está para derretirnos y con “While My Guitar Gently Weeps” realmente te dan ganas de escupirle al mundo. Salí del cine con una sonrisa en la boca; de oreja a oreja. Creo que nunca había realmente dedicado un 29 de noviembre a la memoria de Harrison; ésta fue una excelente primera vez.
Julia se acaba de casar y me dejó de hablar porque se ofendió debido a que no asistí a su boda; a Karen dejé de hablarle hace un año porque la consideré un estorbo y el Loko nos dio la espalda a mí y a Bragado también un año atrás, por una estupidez que jamás pude siquiera entender. Qué finales tan anticlimáticos para personas que significaron tanto en mi vida.
2009. Mi padre me envió al DF a comprar una memoria RAM para su computadora; no me alcanzó el dinero pero aproveché para vagar por el Centro Histórico. Me metí a todo tipo de tiendas de ropa, música, videojuegos, comí garnachas y tacos al pastor y en un Sanborns leí de a grapa. La revista Rolling Stone de este mes tiene a los Beatles en portada y considera que este año les perteneció gracias al revuelo que causó el lanzamiento del videojuego The Beatles Rockband y al relanzamiento de su catálogo, actualizado y remasterizado. Lamentablemente, el único beatle realmente beneficiado de esto es Paul McCartney aunque, en un irónico giro del destino, Dhani Harrison, hijo de George, jugó un papel fundamental en el desarrollo del juego mencionado. Probablemente sea Dhani y no Paul, el hombre de negocios del año.
Después de este paseo, he llegado a la conclusión de que la Alameda Central es el lugar que más frecuentemente visito en la Ciudad después de la propia Universidad Nacional. Afortunadamente, siempre hay algo que hacer allí: el día de hoy hubo en el Centro Cultural Martí un performance en el que un grupo de mujeres bailaban y recitaban poesía subversiva sobre el caso de las muertas de Juárez, seguido de una banda de cumbia que puso al respetable a bailar amenamente; fue en ese momento que huí despavorido, pero lo de las ejecutantes previas estuvo entretenido, se movían bien las condenadas.
La niña del Internet ya no es una niña, y además se volvió una gran amiga mía; hace unos minutos platiqué con ella de hecho. Tuve un reencuentro de media hora con Karen el jueves pasado sólo para descubrir que nuestra amistad está más muerta que un perro atropellado, pero no hay rencores (¿por qué eres tan amable conmigo? ¿No puedes odiarme como deberías después de como te traté?) y el Loko es, según me dijo un día que se le ocurrió hablarme a mediados de año, un exitoso soltero en Delaware o no sé qué estado de la Unión Americana. Los años pasan, la vida cambia y la muerte lo borra todo; sólo unos cuantos grandes se salvan de dicho olvido. Uno de ellos es George Harrison, cuya huella en este mundo es lo bastante profunda para influir positivamente mi vida –y la del mundo entero–. Por eso es que hoy, en su octavo aniversario luctuoso, el día y este humilde texto van dedicados a su memoria.

sábado, 14 de noviembre de 2009
Artista Frustrado
Si pudiera dibujar tus ojos
Y plasmar el centro de tu belleza
En un trozo de papel
Podría compartir al mundo
Lo que yo veo cuando te pienso
Lo que me gusta soñar
Pero no puedo hacerlo
La perfección es irrepetible
No la puedes atrapar
El lienzo puede ser suave
Pero jamás será tan terso
Como tu auténtica piel
Yo no soy un artista
No fui el creador de tu mirada
Discúlpame pues
Por no completar tu retrato
La belleza no está en mis trazos
Sino dentro de ti
Diciembre de 2008
domingo, 25 de octubre de 2009
El primer rayo de luz
cuán rápido muere una ilusión.
En un abrir y cerrar de ojos
feneció una bendición.
Las imágenes en mi mente
desaparecen de manera cruel.
Hace un año se fue, hace un año llegó.
Hace un año llegó, hace un año se fue.
El baile se fue despejando;
repentinamente todo se vació
Y durante esa penumbra
una ultima esperanza nació.
¡Murió! ¡Murió! Tan joven que
apenas pude percibir
de su luz el primer rayo.
Así, nada recibí.
¿Te acuerdas de lo que dijimos?
Promesas falsamente cuerdas,
sueños vacíos por todo el camino…
…te acuerdas????
No… eres muy joven todavía
para tener una memoria.
Aún así, necesitaba compartir
esta historia.
¡Se fue! ¡Se fue! Tan pronto que
cuando traté de parpadear
estuve solo de nuevo.
Jamás lo pude explicar.
Cuán rápido un momento
se convierte en eternidad.
En un instante, en un segundo,
reinventé la realidad.
martes, 20 de octubre de 2009
El turbulento fin de la gira Veggie-UNAM
Hasta el día de hoy.
Nunca creí decirlo, pero ya estoy harto de CU. Pasé todo el día recorriendo la mentada Ciudad. Y esta vez no fue grato, a pesar de que debería estar ultra feliz: hoy entregué el primer dibujo autografiado (con su chocolate respectivo) y eso me lleno de júbilo. Pero no fue suficiente.
Quería llegar temprano para desviarme a
Y como hoy debía visitar este lugar, no había de otra, a menos que pasara después de clases, pero nel, qué hueva (además, necesitaba llegar temprano a mi casa para continuar con mi tesina). Dado que el Anexo de Ingeniería está al ladito de la Facultad de Contaduría y Administración, donde Daniela estudia, se me ocurrió, ya que llevaba buen tiempo, llevar a Dany su dibujo autografiado como lo prometí; ella aceptó y pasé para allá, sin que la desviación me costara más de 3 minutos (descontando por supuesto los 5 que esperé por ella). Mientras la esperaba, estuve jugando DS y por la prisa (ambos teníamos clase) olvidé apagarlo cuando lo guardé en cuanto ella me encontró. Encima, ninguno llevaba bolígrafo y no pude firmar el garabato. "Algún día pasaré a darte tu autógrafo", dije de broma (estupidas bromas agoreras).
Llegué corriendo a mi clase, sólo para enterarme de... ya sabemos qué... Con tiempo libre -una vez más- hice lo de siempre: acompañar a Alejandro (olvidé darle su dibujo, a pesar de que lo llevaba en mi carpeta: ¡idiota de mí!) hasta el gimnasio y después perderme en el lugar. Lo cual hice, literalmente. Quedé con él de verlo saliendo del gym a la 1 para ir después a la biblioteca (creo que este blog debería cambiar de nombre a "las homoeróticas aventuras de Juanito Banana y Alejandro").
Cerca del gimnasio se encuentra el Estadio de Prácticas, al que nunca había entrado, de modo que ése fue el destino de mi paseo de hoy. Me encaminé hacia allá con mi celular tocando a Chumbawamba ("I get knocked down, but I get up again, and you ain't never gonna keep me down..."; ¡qué buena rola!) a todo volumen, cantando incluso; finalmente, me introduje en las
instalaciones del estadio. Lindo, muy lindo el lugar, hasta que...
Holy shit! Oh holy fuckin' shit! Descubrí una de las canchas del lugar, destinadas a la práctica del futbol soccer. Después de todo, sí había estado ahí ya una vez. En primer semestre. Jugando como portero representando a mi grupo en un mini-torneo que mi Facultad había celebrado entre los novatos de 2004. Y todo lo que me remonte a primer semestre me remonta a Ex#1. Recordarla puede ser grato y nostálgico, o un viaje por el infierno, dependiendo del clima.
Lamentablemente el calor estaba como para que aplicase el segundo caso y mi cabeza comenzó a dar vueltas mientras fui invadido por imágenes de ese partido, de cómo nos embriagamos en el camión rumbo a la Facultad, y Ex#1 (la persona mas sobria que jamás he conocido) me cuidaba para que se me bajara antes de que llegáramos a clase. Al llegar a la Facultad, la mitad del grupo se fue de fiesta; ella y yo nos quedamos en nuestra aula como niños buenos, y en la noche ella y yo -ya sobrio- bromeábamos sobre las veces que la cagué y celebrábamos los balones que paré; dos días después, su tío murió y...
Demasiado viaje mental para un día. Necesitaba salir de ahí. Irónico que el Estadio de Prácticas se ubicara tan cerca de donde probablemente en esos momentos (es decir, ya el día de hoy) tomaba clase Ex#2. Tan metido estaba en el recuerdo de Ex#1 que no reparé en que a unos metros delante mío, cerca de la Escuela de Trabajo Social, se aproximaba caminando Ex#2, acompañada de otra chica. No me di cuenta de quién se trataba sino cuando casi me estrellaba contra ella, quien pareció tampoco fijarse en mí. Pero soy una persona cortés -a veces- y necesitaba que algo me sacara de mi viaje, así que en lugar de dejarla charlar con su amiga e ignorarla groseramente, me acerqué a saludar. Finalmente, ella y yo todavía somos amigos (razón por la cual ella no me persigue como Ex#1), no había motivo para no acercarme, ¿o si?
Algún pasillo de Trabajo Social
Tal vez sí había. En tono sarcástico preguntó: "¿Qué? ¿Me estás siguiendo?". No sé si de verdad se incomodó al verme aparecer de la nada (en teoría yo no tenía nada que hacer por esos rumbos, así que cuadra), o si fue una mera broma amigable. Pero el estado en el que yo me encontraba, y considerando que la última aparición de Ex#1 en mi vida consistió casualmente en que sí la estuve cazando (porque necesitaba entregarle algo con cierta urgencia y ella no se aparecía), provocaron en conjunto que sí me hiriera el comentario. A pesar de todo, creo que mantuve la cordura; intercambié un par de comentarios con la chica y cada cual siguió su camino.
Un poco alterado por el mar de pensamientos, no hice sino profundizar en ellos y terminé relacionando a #1 con #2. Qué macabro fue eso, para bien o para mal. Es todo lo que puedo decir, mis más profundos sentimientos no son de incumbencia de nadie sino de mí mismo.
Alejandro me hizo ver mis diez minutos de retraso y nos dirigimos a la Biblioteca Central para una sesión de no más de un cuarto de hora. Lo dejé en el camión y, ya que en la mañana no pude ir a donde debía, volví a recorrer el tramo Derecho-Metro Universidad; terminé pasando tres veces por la zona Anexo Inge-Conta-Trabajo Social el día de hoy, por lo que me sentí asqueado (por haber visitado tres veces el mismo sitio y por la escena de hacía un rato con #1 y #2). Es más, me juré que sería la última vez que salgo a vagar por CU (sirve que me ahorro probables malos entenididos con #2). Así que cuando pasé por la Facultad de Ciencias (la única que no conozco completa -además de Conta-) me quedé allí para conocerla y poner fin a mi gira por el campus principal de la Máxima Casa de Estudios. El Veggie-UNAM Tour ha terminado, o al menos se suspende hasta nuevo aviso (me pregunto quién acompañará ahora a Alex al gym: ¿me será fiel y se irá solo, o terminará con el primer sujeto que se le ponga enfrente?). Y todo para
que las mentadas oficinas estuvieran cerradas...
Quería un panepi, pero después de todo eso (según mi teléfono celular, la caminata del día midió casi diez kilómetros), ya no me iba regresar a Copilco. Simplemente tomé el primer tren a Indios Verdes y me planté a jugar DS, para descubrir que lo había dejado prendido desde que vi a Daniela en la mañana. Cosas de la vida.Durante el recorrido dentro del vagón naranja, hice un recuento de aquel lapso, y anoté que en 4 horas me sentí: feliz-frustrado-feliz-divertido-confundido-melancolico-malviajado-incómodo-frustrado-cansado-alegre-harto-hambriento. Y sin embargo, a pesar del torbellino de emociones, no me siento enfadado actualmente, es más, hasta me siento de buen humor, escribir esto fue muy divertido. Ex#1 no tiene la culpa de que lo "nuestro" haya terminado mal, ni Ex#2 de las repercusiones que #1 tuvo en nuestra propia "historia". Por el contrario, todo esto inspiró un bonito (no es cierto) poema que a continuación transcribo:
Cuán rápido pasa el tiempo,
cuán rápido muere una ilusión.
En un abrir y cerrar de ojos
feneció una bendición.
Las imágenes en mi mente
desaparecen de manera cruel.
Hace un año se fue, hace un año llegó.
Hace un año llegó, hace un año se fue.
El baile se fue despejando;
repentinamente todo se vació
Y durante esa penumbra
una ultima esperanza nació.
¡Murió! ¡Murió! Tan joven que
apenas pude percibir
de su luz el primer rayo.
Así, nada recibí.
¿Le entendieron? No se preocupen, yo tampoco.
sábado, 17 de octubre de 2009
Lindas palabras de amor
No es la fama y ni siquiera la grandeza
No quiero ser un hombre rico
Sólo deseo meterte mi cabeza
Con ella hacerte sentir rico
Penetrando hasta lomás profundo
domingo, 4 de octubre de 2009
Probando 1,2,3, probando
domingo, 6 de septiembre de 2009
Un país de Primer Nivel
Para su infortunio, esto no fue así, y toda la clase política del país fue sustituida. Jamás se volvió a saber de un Cárdenas, de un Creel o de un Cárstens (de AMLO mejor ni hablamos, el pobre se deschabetó y se lanzó a un barranco). Por fin el pueblo estaba feliz: los dinosaurios (y prinosaurios) se extinguieron y los ídolos del pueblo, ésos que sí nos representan y que todos los días nos hacen felices en la telera nacional, ocuparon los nuevos puestos públicos.
Primero, Adal Ramones fue nombrado Secretario de Gobernación y en su primer acto público anunció que para ahorrar molestias al público (perdón, al pueblo) los informes del 1 de septiembre serían sustituidos por el famoso monólogo.
Luego, la Secretaría de Salud pasó a las manos del Dr. Del Villar y el medicamento oficial, -de venta, por supuesto- en las farmacias del IMSS era el de Primer Nivel (con un subsidio del Dr. Simi, quien tuvo que sucumbir cuando la industria farmacéutica fue convertida en área estratégica controlada por el Estado).
Esta Secretaría a su vez, instauró un Departamento de la Nutrición, dependencia cuya cabeza fue la actriz Anahí, quien diseñó planes de dieta para que todos los mexicanos gozáramos de un envidiable cuerpo como el de ella. No más gorditos que consumieran Negritos Bimbo y Churrumais de Sabritas (además, esos productos son de la competencia). Los mexicanos tenemos que volver a lo básico, a nuestras raíces; finalmente la tortilla y el frijol volvieron a ser la base (y de paso la punta) de la alimentación mexicana, y nuestra gente volvió a quedarse en los huesos, para beneplácito de la actriz que no paraba de declarar en sus actos públicos lo orgullosa que estaba de nuestros esbeltos cuerpos. Y ni qué decir de las quinceañeras mexicanas, que ahora se veían como Lindsay Lohan o Paris Hilton. Yeah! México arribaba al primer mundo.
La Secretaría de Turismo quedó a cargo de Niurka. Esta distinguida dama sabe atraer hombres a su cama como pocas personas, ¿cuál sería la diferencia con atraerlos a nuestro país? Además claro, es bien mexicanota (para ser mexicano ya no es necesario nacer en el país, sino trabajar para Televisa), sin duda la mejor promotora de lo que conocemos como sabor latino. ¡Ajúa!
La Secretaría de Relaciones Exteriores es hoy encabezada por Diego Luna y Gael García (se hizo una reforma que permitiera que dos personas ocuparan el más alto cargo de una misma dependencia), ¿quién mejor para representarnos en el extranjero que estos dos astros que ya han puesto el nombre de nuestro país en alto gracias a su talento actoral?
Ý así sucesivamente. El nuevo partido de oposición, erigido en PINCHE (Partido Intelectual No CHingues Emilio) y dirigido por Ricardo Salinas Pliego, formó una coalición con Carlos Slim y todos los demás empresarios ignorados por el régimen televiso, amenazando con postularse para 2018.
Los cambios no pararon allí. La Constitución Política se reformó en todo su articulado, cambiando el nombre de nuestro país. Los Estados Unidos Mexicanos pasaron a llamarse “Grupo México, S.A.” Por otro lado, los centenares de asientos en las Cámaras de Diputados y Senadores son ocupados por aquellos que han sido participantes de antiguos reality shows de Televisa (desde el primer Big Brother hasta Bailando por la Boda de mis Sueños).
El solemne y anticuado himno nacional fue reemplazado también: ahora en mi escuela nos hacen bailar “Y Soy Rebelde” cada mañana y los alumnos, despabilados y encantados, atienden a sus clases con empeño y disposición jamás vistas en las aulas mexicanas. Los libros de texto incluyen el Teleguía y para fomentar la cultura, los profesores organizan debates sobre el capítulo de anoche de la novela de las 9.En los jardines de niños, dice mi hermana, hacen lo mismo pero con la novela de las 4.
Como la Plaza de la Constitución (o sea el Zócalo) no es más que una sucia plancha de concreto, se decidió que fuera convertida en un basurero de manera permanente (en ese aspecto no hubo mucho cambio, debo admitir; simplemente lo hicieron oficial); a partir de entonces los grandes festejos populares se llevan a cabo en el Estadio Azteca. ¿Quién querría estar parado durante horas cuando pueden estar sentaditos en las butacas de un estadio de futbol? Lamentablemente, debido a ello, el Estadio Universitario de CU fue demolido para poner en su lugar las instalaciones de la nueva SEP, encabezada por Pedro Damián.
Y por supuesto, las estatuas de Nenito Juárez y Miguel Higaldo fueron demolidas para ser reemplazadas con efigies de Cuauhtémoc Blanco y Paco Memo Ochoa. Y en nuestra bandera, la serpiente del águila ha desaparecido: en su lugar, el ave porta en el pico un listón (de colores amarillo y azul, se entiende) con la leyenda “Vamos, vamos Águilas”.
Se implementó también un sistema de modernización de los hogares mexicanos. Ya todos tenemos Sky y podemos por una muy baja cuota, aplastarnos a ver 180mil canales de televisión gracias a las negociaciones que nuestro insigne presidente llevó a cabo con la matriz gringa de la empresa líder en televisión por cable. Sí, ahora México es un país de Primer Nivel, digo, de primer mundo.
En efecto, éste es el 2012. México encabeza las listas mundiales de los países más felices. Mas por alguna razón que no logro comprender, yo no soy feliz. Extraño al PRI. Vamos, hasta al PAN y a sus engendros rememoro con melancólica nostalgia. Con razón dijeron los mayas que éste sería el año en que el mundo llegaría a su fin. Todo está perdido…
Entonces la alarma de mi teléfono hizo lo suyo y me despertó con su molesta melodía. Todo fue un horrible sueño. Tenía que tranquilizarme, así que bajé a la sala y me senté a ver El Chavo del 8.
lunes, 31 de agosto de 2009
My latest hit single
On a night like this
All my feelings flow
I'll be standing here
Just waiting for you
(interesados en ponerle música y grabarla avísenme)
domingo, 23 de agosto de 2009
La noche de Alfredo
El muchacho tomó su toalla, una barra de jabón y botella de shampoo, y las guardó en una maleta, tras lo cual salió de su casa con rumbo al lago ubicado en el sagrado bosque, sin importarle que fuera ya de noche. De cualquier modo, Chapultepec se encontraba a menos de media hora de distancia a pie, y nunca es tarde para contemplar la belleza de una de las maravillas de la ciudad.
En efecto, el lago lucía tan hermoso como siempre, con sus fuentes y canales. A pesar de ser casi media noche, el lugar se encontraba lleno de bañistas disfrutando del cielo estrellado mientras ahogaban sus penas en las cristalinas aguas de la majestuosa fuente. Una pareja de ancianos obesos se declaraba su amor por millonésima vez a la luz de la luna. Una familia cruzaba el lago a nado, compitiendo en una colosal carrera en la que el primogénito llevaba la delantera. Mientras tanto, un grupo de niños jugaban a salpicarse, riendo y sonriendo traviesamente.
Alfredo buscó un lugar más o menos solitario para poder llevar a cabo su limpieza personal sin molestar a nadie (ni ser molestado por nadie más). Se refugió finalmente en uno de los canales adyacentes al lago y colgó su ropa en las ramas de un árbol cercano, tal como había visto en las películas. Acto seguido, se lanzó al agua sin más compañía que su desnudez.
Con todo y la distancia respecto de la zona principal del gran lago, el ambiente festivo de la noche no tardó en contagiársele. Todavía con la cabeza enjabonada, Alfredo nadó por el canal hacia la fuente principal llamado por el canto de un banco de sirenas (las risas de un grupo de mujeres, en realidad). Tuvo que ir corriente arriba por una pendiente para llegar a su destino, pero nada le impidió llegar a la cima, dejando una estela de shampoo por todo el camino.
Las jóvenes, al verlo llegar, rieron ante lo que les parecía una escena divertida: un sujeto flacucho y de rasgos más bien toscos, con el cabello rizado y enmarañado, lleno de jabón y con el gesto cansado, arribaba al santuario en el que ellas jugaban. Una de ellas, la más atractiva por cierto, se sintió conmovida por el esfuerzo que el feo plebeyo había mostrado y le dirigió una enternecida sonrisa.
Sobra decir que Alfredo cayó seducido al primer instante. Ella era rubia, con una cabellera que le llegaba casi hasta la cintura. Sus ojos parecían un espejo del cielo pues eran del mismo tono azulado que la bóveda celeste que de día se alza sobre el caótico mundo. Su nariz, de perfil recto y fino, coronaba un par de labios que imploraban ser besados; no hacerlo sería un pecado, un crimen.
Y esos labios eran sólo para Alfredo. Incluso cuando él siempre defendió la belleza aborigen de la mexicana color moreno, la novedad de esa noche (jamás en su vida había visto a una mujer rubia) lo llenó de curiosidad, motivo por el cual atendió sin chistar al llamado de la misteriosa dama. Extasiado desde el momento en que ella le miró, se acercó tímidamente; ella en cambio, lo abrazó casi con furia bestial.
Habían pasado menos de cinco minutos cuando los besos se habían convertido en caricias. El amante había captado el mensaje de la ninfa y se había tranformado en una bestia. Su disposición era tal que bien pudo haberla matado de habérselo pedido ella.
Con la misma furia, ella gemía imparable. Los gemidos se tornaron en alaridos y Alfredo supo que el clímax estaba a punto de llegar. Entonces estalló y dio una última estocada. La belleza blanquecina de la mujer se tornó rojiza cuando un hilo de sangre invadió el agua del lago. Esos gritos no eran de placer, eran de dolor. Dolor provocado por él.
Alfredo se separó de ella, para descubrir que la había atravesado. Ella yacía sobre el agua, con los ojos en blanco, aparentemente sin respirar.
La multitud miró al asesino con ojos inquisitorios. "Ella no está muerta", renegaba él en un intento de autoconsuelo. Para su fortuna, la chica emitió un tenue suspiro, dándole la razón.
Las compañeras de la víctima cubrieron de insultos a Alfredo. Una de ellas incluso trató de golpearlo, pero él evitó el puño. Se agachó para recoger a su trágico amor y la colocó sobre sus hombros. Con ella a cuestas, se echó a correr en busca de un hospital. En su carrera, el otrora hermoso bosque de Chapultepec le parecía maldito ahora. Un lugar de desgracia e infortunio que le urgía abandonar.
Finalmente se encontró fuera del bosque. Serían casi las 2 de la mañana; no había transporte alguno y tenía que llevarla a alguna clínica, pero el trayecto hasta entonces recorrido era ya largo y había hecho mella en sus fuerzas. A partir de aquí tendría que caminar; cada minuto era una agonía nueva. Cada instante transcurrido era una oportunidad perdida en la lucha por la sobrevivencia de la hermosa joven. Y todo era culpa suya.
Después de lo que para Alfredo fueron horas (en realidad no más de veinte minutos), dos hombres, ataviados en trajes negros y con la piel del mismo color, se acercaron al joven pípila. Los extraños argumentaron ser primos de la mujer herida y ofrecieron llevarla en su automóvil. Alfredo agradeció la ayuda ofrecida y les entregó a la chica. Apenas introdujeron su cuerpo completo, los sujetos se treparon al carro y arrancaron, abandonando al pobre en la fría avenida.
Resignado, Alfredo caminó hasta su casa, mas el recorrido le había alejado bastante del lugar llamado hogar. Estaba a punto de caer rendido de no ser porque el milagro que necesitaba apareció frente a sus ojos.
Una camioneta de color azul se detuvo junto a él. Un corpulento anciano de cabello corto y ojos infantiles se acercó a ofrecerle ayuda. Le costó trabajo hablar (no dominaba el idioma español, y temía que su lengua natal no fuera entendida por el muchacho), y apenado, dijo:
-You want me to take you somewhere?
Los ojos de Alfredo brillaron y una carcajada salió de su boca una vez que reconoció al viejo. ¡Era Brian Wilson, uno de sus cantantes favoritos! No paró de brincar a la voz de "You're Brian Wilson! You REALLY ARE Brian Wilson!!".
Lejos de enfadarse por el fanatismo mostrado, el artista lo miró divertido como si estuviera mirando una atracción circense. Una vez que Alfredo volvió en sí, se sorprendió por la actitud tan relajada de alguien a quien imaginaba más arrogante dado su status de superestrella. Así que no titubeó y corrió a abrazarlo. El viejo Rió y devolvió el abrazo amablemente. ¡Por fin todos los pesares de la noche habían terminado!
-Yo sé que no es la mejor ocasión -expresó Alfredo en perfecto inglés-, pero me estaba preguntando... ¿me firmarías un autógrafo?
Alfredo buscó un pedazo de papel en sus bolsillos. Sólo entonces descubrió que desde que dejó el Lago de Chapultepec, no llevaba nada puesto sobre su piel. El músico rió de nuevo y de su bolsillo izquierdo sacó papel y pluma, y plasmó su firma en aquél. Dio el papel a Alfredo y envió a uno de sus acompañantes (quienes hasta entonces no habían pronunciado palabra alguna) a la camioneta por una muda de ropa para el leal fan.
Apenas terminó de vestirse, Brian ordenó a todos que abordaran su vehículo, pero antes de que pudieran hacerlo, un automóvil que se acercaba a toda velocidad, se impactó contra la camioneta; se escuchó un estruendo y el siempre relajado Brian Wilson experimentó una radical transformación: sintiéndose culpable de la tragedia que ante sus ojos se desplegaba, comenzó a repetir incesantemente:
-It's my fault, it's all my fault.
En cuestión de segundos, una carambola se había formado en la avenida; unos diez autos se habían estrellado unos contra otros y los cuerpos yacían en el asfalto. "Pero si apenas hace cinco minutos no había un solo vehículo por acá", pensaba Alfredo con sorpresa y desesperación. Esto era sin duda una macabra ironía de la vida.
Tan macabra que amenazaba a la estabilidad emocional de Alfredo. Y el propio Brian no ayudaba demasiado: ¡había perdido totalmente la cordura el anciano! En un intento por salvar la mente de los dos, el muchacho trató de consolar a su mentor, que no paraba de echarse la culpa del accidente:
-No Brian, you're a beatutiful guy. Really, it's not your fault.
Mientras lo decía, le daba palmadas en la espalda para hacerlo sentir seguro. Nada funcionaba y el sujeto cada vez se encontraba peor. Poco faltaba para que se tirara al piso llorando y balbucéando ruidos ininteligibles. Entonces, un último vehículo chocó contra la camioneta de Brian. Era un microbús, y el golpe fue tan duro que sus puertas se abrieron. Al hacerlo, el cuerpo inerte de un niño escapó, cayendo a los pies de los dos hombres, quienes miraron al pequeño atónitos. Su piel lucía amarillenta y sus ojos vidriosos y desorbitados miraban -es un decir- al infinito vacío.
Finalmente los dos perdieron el juicio.
-He's dead! -gritaron al unísono.
-Yes... as he's been since 1881 -replicó una cavernosa voz a sus espaldas.
Aterrado, Alfredo emitió un grito ahogado. Ante la desesperación por no poder siquiera gritar para desahogarse, optó por una mejor solución: observando que desde la aparición de Wilson, la avenida se había poblado, sabía que rápidamente más automóviles llegarían. Sin chistar, se lanzó al carril central en cuanto el primer automotor se acercó. Afortunadamente, la pesadilla había terminado...
domingo, 26 de julio de 2009
La historia del ciclista distraido
“Punish him!” apareció en la pantalla del televisor y, en tan sólo un par de instantes, uno de los sujetos en pantalla introdujo su mano en el pecho del otro, rompiendo huesos y arrancándole el corazón, el cual exhibía como trofeo, con el brazo alzado.
–Admítelo, Siempre seré mejor que tú en esto –mencionó con una mezcla de arrogancia y alegría infantil Josué, depositando el control de la consola en el brazo izquierdo del sillón que lo acogía.
–¡Cállate! –respondió Alejandro, risueño. Luego adoptó un tonó melancólico y prosiguió– Qué irónico, en la vida real me encantaría no tener corazón; en el juego, te odio por haberlo hecho.
Uno y otro retomaron su respectivo control y reanudaron la partida. La siguiente batalla tuvo para Alejandro un resultado mucho más humillante que la anterior. Posteriormente, Josué fue por fin derrotado, tarea que le fue harto dificultosa a su oponente. Conforme la tarde avanzaba, la dificultad fue haciéndose menor, pero Josué continuó dominando el juego.
Una interrupción hubo cuando el timbre sonó. A pesar de ser Alejandro el visitante, fue él y no Josué quien atendió el llamado en la puerta. Las pizzas que pidieron por teléfono les fueron entregadas. Con sendos apetitos, ambos acabaron con una pizza familiar; Josué admitió quedar insatisfecho, para lo cual fue a la cocina a prepararse un sándwich, y Alejandro pidió uno también. Mientras buscaba la mayonesa, preguntó a su compañero:
–Y bien, ¿qué harás mañana? –gritó para ser escuchado hasta la sala de estar–, ¿saldrás con tu chica? ¿O te volvió a cancelar?
–Claro que iré con ella. Y no es mi chica –un ligero enfadó se sintió en la forma como arrastraba las palabras–. Quiero queso amarillo en mi sándwich, porfas.
–Por favor, a leguas se nota que te interesa mucho, pero tú te haces tonto –insistió.
–Y con mucha mostaza.
–¿Algo más para el señorito?
–No, gracias, tú siempre tan amable.
Menos de cinco minutos después, los sándwiches eran cosa del pasado, quedando convertidos en alguna sustancia asquerosa que se alojaría en sus estómagos. Sin mayor contratiempo, los dos camaradas continuaron jugando hasta que el sol se ocultó y llegó la hora de despedirse.
Alejandro montó su bicicleta, mientras su mejor amigo lo observaba con cierto asombro.
–¿No te cansas de viajar en bicicleta? ¿Por qué no eres una persona normal que viaja en autobús o pide permiso para usar el auto de sus padres?
–Es más barato, además, mi casa está cerca, en veinte minutos llego. Así me ahorro el dinero de los pasajes, y con este tránsito, tal vez incluso llegue más rápido que si espero un camión. En realidad, tú eres el raro: ¿quién a los veintidós años no sabe andar en bicicleta?
El orgullo de Josué le impidió creerse incapaz de controlar un instrumento tan rudimentario. Pidió permiso a Alejandro para treparse en su bici, lo cual por sí mismo fue toda una faena. Una vez que pudo sostenerse en equilibrio, se impulsó con los pies y trató de pedalear; Alejandro sostuvo a Josué por algunos instantes y cuando aparentemente la bicicleta llevaba buena velocidad y una estabilidad decente, lo soltó a la calle. Cinco metros más adelante, el muchacho yacía en el pavimento, ante las carcajadas del dueño de la bicicleta.
–La próxima vez que venga, traeré unas llantitas de soporte para tu siguiente lección; al menos ya aprendiste a subirte.
Josué se incorporó y ambos sujetos se despidieron nuevamente. Estrecharon sus manos y golpearon sus puños. Acto seguido la bicicleta fue puesta en marcha por los pies del piloto original y rápidamente desapareció al dar vuelta en la primera esquina. Fue hasta ese momento que el anfitrión dio media vuelta y regresó a su casa. La calle, oscura por el deficiente alumbrado público, quedó además, sola.
Anécdotas como ésta bañaban la vida de Josué y Alejandro, amigos inseparables desde la preparatoria. Tendrían unos trece años cuando un amigo mutuo los presentó en la secundaria, pero no fue sino hasta el primer año de bachillerato que los tres coincidieron en el mismo grupo. Algunos años más tarde, el amigo común tuvo algún pleito con Josué y Alejandro, al tratar de solucionar el problema, se echó encima al tipo y éste desapareció sin dejar rastro. Durante los casi 10 años de conocerse, amigos iban, amigos venían, pero Alejandro y Josué permanecían unidos. En todo ese tiempo, jamás podría decirse que llevaran una amistad normal. Rara vez salían juntos a divertirse, cada uno imbuido en sus estudios o en sus propios laberintos mentales. La mayoría de las veces se reunían para trabajar en algún proyecto loco, usualmente fallido, que a alguno se le ocurría. Sin embargo, la lealtad ahí estaba, y por muy estúpida que fuera la idea de uno, su contraparte siempre la apoyaba. Por ello, idioteces como una caída en bicicleta eran cosa común en la relación de este par. Ambos pondrían su vida en las manos del otro si la situación se presentara.
La avenida principal de la colonia se encontraba en reparación en uno de sus carriles, de modo que el paso a automóviles estaba prohibido, no así para los simples peatones o, en este caso, para ciclistas. Fue así que Alejandro usó el tramo y aprovechó el vacío para correr a toda velocidad, mientras, del otro lado, los vehículos se amontonaban enfrascados en un embotellamiento del que les tomaría horas salir. El muchacho, de veintidós años también, miraba de reojo hacia su derecha para reír de la desgracia de los conductores, pensando: “Vaya, ¿quién diría que de verdad una bicicleta dejaría tan atrás a esos coches?”, y siguió cavilando. Pensó en Diana, la niña de quien se encontraba enamorado, y sí, la persona a quien Josué se refería cuando le preguntó por “su chica”.
No es exagerado llamar “niña” a la musa de Alejandro, al ser 6 años menor que él. Si Alejandro recién había terminado la licenciatura en administración, Diana todavía se encontraba a un año y medio de graduarse de preparatoria. Para su fortuna, sus rasgos finos, su piel tersa, su baja estatura, y sobre todo, su mirada distraída, lo hacían lucir como un mozuelo de no más de dieciocho años; así, no se sentía incómodo pretendiendo a alguien tan joven; ya era su costumbre, pues la mitad de sus novias habían sido amigas de su hermana Gabriela, cuatro años menor que él. Para su desgracia, ella no estaba interesada en él más allá de la amistad.
Por esa razón, Alejandro mantenía en secreto sus intenciones y sentimientos hacia la hija de quien fuera su asesor de tesis. “Fui muy afortunado al elegir al doctor Aguayo; no sólo escribí una chulada de texto gracias a él, sino que conocí a una chulada de niña; por algo pasan las cosas…”. Recordó entonces lo que dijo a su amigo aquella tarde cuando jugaban. “Pero no me hace caso, y ya hace casi un año que la conozco; esto comienza a ser doloroso, por ello no debería tener corazón, así no tendría que estar preocupándome por eso en estos momentos”.
En efecto, no debía estar pensando en eso durante aquel instante, sino en el tránsito. En ésas se encontraba, cuando un ruido lo sacó de su trance. El tramo en reparación había terminado y un automóvil apareció de un crucero, en dirección suya. Cada cual trató de esquivar a su contraparte: uno giró a la izquierda, el otro a la derecha, lo que provocó que de todas formas se impactaran.
Un grupo de trabajadores que atestiguaron el suceso estalló en carcajadas ante la patética maniobra del ciclista; el conductor le mentó la madre por idiota y no paraba de reclamar por el daño a su carro, cuya sección frontal lucía abollada. Igualmente, la bicicleta azul quedó tirada en el suelo, de cabeza y con la llanta delantera retorcida como chicharrón. ¿Y Alejandro? Yacía inconsciente a unos metros de ahí, mientras nadie hacía nada por ayudarlo. El automovilista siguió revisando la abolladura y al comprender que el daño no fue tan grave como el que había sufrido alguien más, decidió librarse de cualquier responsabilidad y olvidarse del asunto. Abordó y se marchó en un abrir y cerrar de ojos.
Los trabajadores no paraban de reír. Pasaron varios minutos antes de que recuperaran el habla. Y una vez que lo hicieron, se limitaron a comentar el suceso y recontarlo de maneras aún más cómicas. Finalmente, uno de ellos, al ver que el hombre permanecía tirado en el asfalto y aparentemente sin hacer esfuerzos por levantarse, resolvió que podía estorbar en el ya de por sí intenso tráfico y no tuvo más remedio que quitarlo de en medio. Al hacerlo descubrió que todavía tenía pulso. Un sentimiento de heroísmo se apoderó de él y se dispuso a llamar a una ambulancia.
A un par de kilómetros de distancia, Josué seguía burlándose de las aplastantes palizas con que castigó al buen Alejandro a la vez que reconocía sus esfuerzos y el progreso que mostró aquella tarde: “Aunque le eche ganas, no me ganará, su coordinación, y no sólo en los videojuegos, es pésima; será muy constante, pero sigue siendo un chavo muy torpe y distraido. Me sorprende que jamás lo hayan atropellado”.
martes, 14 de julio de 2009
Laughin' Out Loud (Though I could cry)
But I won’t; I’ll laugh instead
After banging up my head
Against that wall- oh, my, my
I will shatter it to pieces
Until I’m in front of Jesus
I’m gonna take my sword
Travel troughout the land
Fighting with my own hand
And deny every lord
I’ll write a symphony
Don’t you think it’s funny?
And while I’m away
I might think about your
Blooming eyes of dismay
I know something’s sure,
White daughter of May:
This is gonna hurt
Keep this in mind:
As long as I’m alive
Ringing bells will chime
Embracing my heart
Now, tear it all apart
