Luego de ver The Karate Kid, Jonathan Vega tuvo una revelación tras su asombro ante el físico de Jaden Smith:
"¡MADRE SANTÍSIMA! Si un chamaquito de 12 años puede tener un cuerpo así, ¿por qué yo no?"
Así, nuestro héroe decidió embarcarse en un arduo viaje de consciencia para despertar su fuerza interna y perfeccionar su cuerpo ("ya que el rostro no se puede arreglar y la calvicie es incurable, ¿que otro atractivo me queda?"); en cuanto tuvo tiempo, se sometió a una rutina de dieta y ejercicio para moldear su cuerpo. Después de la primera semana en el gimnasio, estos son los resultados:
¡Me rindo!
No sólo esto es doloroso, es deprimente. Ya sé que uno debe esforzarse y sufrir para completar sus objetivos, y estoy completamente de acuerdo con ello. Estoy dispuesto a soportar el dolor físico que esto provoca (¡mi abdomen arde muchooooo!), ¿pero qué hay del dolor moral?
En mi camino al gimnasio tengo que pasar por una ¿pollería? ¿rastro? No sé qué carajo sea, pero es un lugar donde matan pollos. Es un local establecido, por lo cual lo más lógico seria que hicieran su trabajo dentro de la construcción a perta cerrada, mas por algún motivo lejos de mi comprensión, tal actividad es llevada a cabo ¡a puerta abierta! No entiendo por qué esos cabrones hacen algo así a la vista de todo el mundo.
De tal modo cada mañana soy testigo de la matanza de aves: escucho golpes, cacareos, revoloteos.... ¡ARGGH! Es demasiado para mí. Es de verdad insoportablemente deprimente. ¿Y saben algo? Nunca me había fijado, pero en mi pueblo hay más pollerías que "tienditas de la esquina". Cada veinte pasos te encuentras con negocios de carne blanca, y hasta conozco dos pollerías que están pegaditas una a la otra. Con un matadero tan cerca, ahora entiendo por qué Guadalupe Victoria parece ser el primer lugar estatal en producción de carne de pollo... y por qué hay tanta pinche pollería por acá.
Esto es triste, pero nada más es cuestión de aguantarse como los machos, ¿a que no? ¡PUS NO! Y es que con esto del "tienes que comer mucha proteína y cero grasa para hacer crecer tus músculos" mi dieta se compone prácticamente de pura carne blanca (que es alta en proteína y baja en grasa a diferencia de la carne roja)... Durante los últimos siete días, diario he consumido pollito-sin papas-papas. Y es aquí donde se pone maquiavélica la cosa. Seguramente el pollo que esta tarde me estoy comiendo felizmente (admito que me encanta la carne de pollo -en realidad, toda la carne me es muy sabrosa-) fue uno de los que vi siendo torturados esta misma mañana. Eso no se vale. Eso es horrible.
¿Torturar he dicho? Para empezar, no he dejado de preguntarne: ¿por qué chingaos matan así a los pollos? ¿No podrían inyectarlos y ya? ¿O dispararles en la cabeza (que nadie se va a comer de todas maneras)? ¿Por qué desplumarlos vivos, agarrarlos a golpes y sumergirlos en agua caliente estando vivos y quizá hasta conscientes aún? ¿Es que el mantra de "debes amar tu trabajo" ha sido tomado muy en serio por la gente que trabaja en estos lugares y para divertirse juegan con los pollos antes de darles descanso eterno? Qué culeros, la neta. Y con su actuar no sólo torturan a los pollos, me torturan a mí.
Aunque suene exagerado, realmente me hace sentir mal dicho espectáculo, y he pasado los últimos días en estado emo debido a ello. Deprimirse y poner cara de
gato con botas por no conseguir trabajo o porque te dejó la novia supongo que es comprensible, ¿pero deprimirse porque matan animales? Eso pasa todos los días en la naturaleza y nadie llora porque el tigre se comió al venadito. Por supuesto que estoy consciente y me molesta la crueldad hacia los animales, pero no puedo dejar que algo tan ajeno a mí me tenga en el estado en el que estoy.
En conclusión, soy lo suficientemente cínico para comer animales muertos, pero no soy tan descarado todavía como para comerme a un animal cuyo rostro probablemente vi aun con vida unas horas atrás. Eso es simplemente desagradable y no lo pienso soportar. Y como el resto del día estoy demasiado ocupado con mi propia vida como para acudir al gimnasio en un horario distinto, más el hecho de que es el único centro deportivo que me queda cerca, he tomado la decisión de tirar la toalla. Se acabó la semana del fisicoculturismo. Es un precio muy caro que no estoy dispuesto a pagar. Mi estabilidad mental no tiene precio de hecho.
¡Ni siquiera lo necesito! Subí algunos kilos el último mes pero aun así no estoy gordo y siempre camino o uso la bicicleta en lugar del automóvil, de modo que no se me puede acusar de llevar una vida sedentaria que ponga en riesgo mi salud. En cuanto a mi objetivo de ponerme como
Taylor Lautner u
Orlando Bloom, al diablo con la vanidad, no pienso ser una puta que viva de su cuerpo, y ni a quien le importe cómo me veo; ni siquiera tengo una pareja ante quien verme bien, y en el caso de que un día buscara una, prefiero que ella me quiera por quién soy a comprar su afecto con mi imagen. Sé que la belleza duele y todo en la vida cuesta, pero resolví que tengo mejores prioridades en las que invertir mi esfuerzo y dolor, yo aspiro a más que eso.
La apariencia física es secundaria, darle prioridad a eso sobre cultivar mi mente u otros proyectos pendientes (mi propia tesis, un par de novelas inconclusas, completar el Pokédex Nacional) es francamente idiota. Prefiero ser un feo inteligente (que además ni estoy tan feo la neta) que un adonis con el cerebro lleno de popó.
Por cierto, hoy es cumpleaños de mi cuate Dhani Harrison y el Concierto para Bangla Desh, organizado por su papá George, cumple 39 años de haber sido celebrado, así que esta entrada va dedicada a la familia Jarrison.