Una de mis partes favoritas de Dragon Ball es cuando Son Goku, el protagonista, conoce a Kurilin, quien se convertirá en su mejor amigo. El primero es un niño idiota y el segundo es un niño gandalla. Lo que los hará amigos será el tiempo que pasarán juntos entrenando bajo la tutela de Muten Roshi.
¿Y eso qué? Aparte de que Kurilin es mi personaje favorito de la serie, no pude evitar recordar hoy ese arco en la historia. Porque para presionar a los niños durante su entrenamiento, el anciano Roshi los obliga a hacer todas sus actividades cargando un caparazón de tortuga sobre sus espaldas, método al que llama "La escuela de la Tortuga". (Kame Sen). Y créanme, hacer ejercicio con una carga a cuestas no es nada fácil, según pude comprobar hoy; de ahí el recuerdo dragonbolesco.

Como ya es costumbre, mi maestro no dio clase y acompañé a Alejandro (después de todo la guía de personajes sí puede tener un uso práctico en mi blog) al gimnasio de Ciudad Universitaria como he hecho todo el semestre. Para aprovechar el viaje y no sentirse tan frustrado de venir a la Universidad por una sola materia, se inscribió al gimnasio de la UNAM y va allí saliendo de clase. Yo que tampoco tengo mucho que hacer, lo acompaño para desestresarnos durante la caminata y luego ya me voy a mi casa (en teoría). Chale, hasta parece mi novia: voy a dejarlo a la puerta del lugar para que no le pase nada a la señorita.
Entre que esto ha sido así todo el semestre, y que en frente del gym están la Facultad de Contabilidad y la Escuela de Trabajo Social, en las que tengo amigos, esta inexplorada parte de CU (que antes del actual periodo sólamente había visitado en mis viajes cicilistas de tercer semestre) se ha vuelto muy familiar para mí recientemente, y de este modo el jardín afuera del recinto deportivo se convirtió en mi nuevo lugar. Estas áreas verdes, mucho menos pobladas que las Islas, (que a estas alturas ya hasta me aburren) y alejadas de la ajetreada civilización del downtown de CU, son el lugar perfecto para desconectarme del mundo (también se encuentra por allí el anexo de la Fac. de Ingeniería, en el que me he perdido por horas y todavía no termino de recorrerlo), sea con mi DS, con algún libro o simplemente recostándome sobre la hierba (uno de los más grandes placeres habidos y por haber). Y como esta mañana no me bebí mi tradicional taza de café ultracargado, me estaba muriendo de sueño, por lo que tomé la brillante decisión de dormirme allí un rato.
En ésas estaba yo, cuando una voz familiar me dijo:
-¿Qué haces allí? Creí que ya te habrías ido.
Era Alejandro, quien para calentar antes de su rutina había salido a trotar. Le dije que quería descansar un rato; me sugirió visitar a mis amigos de Conta o Trabajo Social y me negué argumentando flojera (y que ellos estaban en clase a esa hora); él respondió con un "estás loco". Y eso es como decirle a Marty McFly que es una gallina. Con mi berserk button presionado, el loco dentro de mí se activó y después de unos momentos, tomé mis cosas y salí corriendo detrás de Alejandro.
Con mi mochila a cuestas, troté con él unos 200 metros para después retarlo a unas carreritas. "Con esa mochila te vas a cansar luegoluego", me dijo. "No me importa", respondí; no habían transcurrido 10 segundos cuando él ya se había lanzado a correr a toda velocidad. Hice lo mismo, pero lamentablemente, mi amigo tuvo razón.
En cuanto notó que me había dejado atrás disminuyó su velocidad hasta que lo alcancé. Rió y seguimos trotando juntos. Él en pants y con una camiseta sin mangas. Yo con unos jeans pegaditos (parezco vieja con ésos) que de entrada no son muy cómodos para caminar; una playera negra bastante caliente y mi pesada mochila (quienes me conozcan sabrán que dentro de esa mochila existe todo un mundo) en la espalda. Saber en qué condiciones iba cada quien resulta fácil después de tal comparación.
La distancia recorrida fue de Conta a Química y de regreso; no más de un kilómetro, dos a lo mucho... pero esa mochila... Contrario a lo que Alejandro creía, pude mantener su ritmo, pero en cuanto volvimos a la puerta del gimnasio, él estaba fresco como una lechuga, y yo húmedo debido al sudor. Ambos llegamos a la meta, pero yo tuve que gastar casi todas mis energías (¡necesito incrementar mi ki!) mientras que él apenas usó una mínima parte. Y yo que creía tener buena condición física. Aun así, después de descansar un par de minutos (y de ir a lavarme a un sanitario en la Facultad más cercana), me fui trotando al metro Copilco. No iba a dejar que Alejandro me humillara así.
Después de todo esto, he aquí mi nueva meta: poder correr (correr, no trotar) de Conta a Química y de regreso bajo el sol de medio día, sin cansarme, y con mi mochila a cuestas, como lo hacían Goku y Kurilin cuando eran niños. Tengo un mes y medio para lograr mi objetivo. Como también tengo una semana para escribir una tesina que no he comenzado. En sus marcas, listos... ¡Fuera! (Ése era el título alternativo de esta entrada, por cierto)
P.D.: LOL, hoy salió el disco navideño de Bob Dylan. Es la cosa más divertida que he escuchado en mucho tiempo. Dylan berreando villancicos (hay que reconocer que las voces "de fondo" le ayudan mucho al ruco, pero aún así...).
P.D. 2: Creo que ésta es la entrada más intrascendente de toda mi trayectoria bloguera, pero estuvo chida la carrerita con Alex y mi viaje de nostalgia dragonbolesco (en realidad, desde hace unos días quería escribir algo sobre Dragon Ball), ambos merecían quedar plasmados aquí.
¿Y eso qué? Aparte de que Kurilin es mi personaje favorito de la serie, no pude evitar recordar hoy ese arco en la historia. Porque para presionar a los niños durante su entrenamiento, el anciano Roshi los obliga a hacer todas sus actividades cargando un caparazón de tortuga sobre sus espaldas, método al que llama "La escuela de la Tortuga". (Kame Sen). Y créanme, hacer ejercicio con una carga a cuestas no es nada fácil, según pude comprobar hoy; de ahí el recuerdo dragonbolesco.

Como ya es costumbre, mi maestro no dio clase y acompañé a Alejandro (después de todo la guía de personajes sí puede tener un uso práctico en mi blog) al gimnasio de Ciudad Universitaria como he hecho todo el semestre. Para aprovechar el viaje y no sentirse tan frustrado de venir a la Universidad por una sola materia, se inscribió al gimnasio de la UNAM y va allí saliendo de clase. Yo que tampoco tengo mucho que hacer, lo acompaño para desestresarnos durante la caminata y luego ya me voy a mi casa (en teoría). Chale, hasta parece mi novia: voy a dejarlo a la puerta del lugar para que no le pase nada a la señorita.
Entre que esto ha sido así todo el semestre, y que en frente del gym están la Facultad de Contabilidad y la Escuela de Trabajo Social, en las que tengo amigos, esta inexplorada parte de CU (que antes del actual periodo sólamente había visitado en mis viajes cicilistas de tercer semestre) se ha vuelto muy familiar para mí recientemente, y de este modo el jardín afuera del recinto deportivo se convirtió en mi nuevo lugar. Estas áreas verdes, mucho menos pobladas que las Islas, (que a estas alturas ya hasta me aburren) y alejadas de la ajetreada civilización del downtown de CU, son el lugar perfecto para desconectarme del mundo (también se encuentra por allí el anexo de la Fac. de Ingeniería, en el que me he perdido por horas y todavía no termino de recorrerlo), sea con mi DS, con algún libro o simplemente recostándome sobre la hierba (uno de los más grandes placeres habidos y por haber). Y como esta mañana no me bebí mi tradicional taza de café ultracargado, me estaba muriendo de sueño, por lo que tomé la brillante decisión de dormirme allí un rato.
En ésas estaba yo, cuando una voz familiar me dijo:
-¿Qué haces allí? Creí que ya te habrías ido.
Era Alejandro, quien para calentar antes de su rutina había salido a trotar. Le dije que quería descansar un rato; me sugirió visitar a mis amigos de Conta o Trabajo Social y me negué argumentando flojera (y que ellos estaban en clase a esa hora); él respondió con un "estás loco". Y eso es como decirle a Marty McFly que es una gallina. Con mi berserk button presionado, el loco dentro de mí se activó y después de unos momentos, tomé mis cosas y salí corriendo detrás de Alejandro.
Con mi mochila a cuestas, troté con él unos 200 metros para después retarlo a unas carreritas. "Con esa mochila te vas a cansar luegoluego", me dijo. "No me importa", respondí; no habían transcurrido 10 segundos cuando él ya se había lanzado a correr a toda velocidad. Hice lo mismo, pero lamentablemente, mi amigo tuvo razón.
En cuanto notó que me había dejado atrás disminuyó su velocidad hasta que lo alcancé. Rió y seguimos trotando juntos. Él en pants y con una camiseta sin mangas. Yo con unos jeans pegaditos (parezco vieja con ésos) que de entrada no son muy cómodos para caminar; una playera negra bastante caliente y mi pesada mochila (quienes me conozcan sabrán que dentro de esa mochila existe todo un mundo) en la espalda. Saber en qué condiciones iba cada quien resulta fácil después de tal comparación.
La distancia recorrida fue de Conta a Química y de regreso; no más de un kilómetro, dos a lo mucho... pero esa mochila... Contrario a lo que Alejandro creía, pude mantener su ritmo, pero en cuanto volvimos a la puerta del gimnasio, él estaba fresco como una lechuga, y yo húmedo debido al sudor. Ambos llegamos a la meta, pero yo tuve que gastar casi todas mis energías (¡necesito incrementar mi ki!) mientras que él apenas usó una mínima parte. Y yo que creía tener buena condición física. Aun así, después de descansar un par de minutos (y de ir a lavarme a un sanitario en la Facultad más cercana), me fui trotando al metro Copilco. No iba a dejar que Alejandro me humillara así.
Después de todo esto, he aquí mi nueva meta: poder correr (correr, no trotar) de Conta a Química y de regreso bajo el sol de medio día, sin cansarme, y con mi mochila a cuestas, como lo hacían Goku y Kurilin cuando eran niños. Tengo un mes y medio para lograr mi objetivo. Como también tengo una semana para escribir una tesina que no he comenzado. En sus marcas, listos... ¡Fuera! (Ése era el título alternativo de esta entrada, por cierto)
P.D.: LOL, hoy salió el disco navideño de Bob Dylan. Es la cosa más divertida que he escuchado en mucho tiempo. Dylan berreando villancicos (hay que reconocer que las voces "de fondo" le ayudan mucho al ruco, pero aún así...).
P.D. 2: Creo que ésta es la entrada más intrascendente de toda mi trayectoria bloguera, pero estuvo chida la carrerita con Alex y mi viaje de nostalgia dragonbolesco (en realidad, desde hace unos días quería escribir algo sobre Dragon Ball), ambos merecían quedar plasmados aquí.

















