jueves, 3 de junio de 2010

CHAOS AND CREATION IN MEXICO CITY.... 2

Goodnight Tonight

Sin que los alaridos (porque esos no eran gritos, eran alaridos) del público callasen, cinco hombres aparecieron en la tarima sobre la cual previamente se habían colocado los instrumentos de los que saldrían las notas que esa noche nos mantendrían al borde de nuestros asientos de cemento. ¡Mentira! No eran cinco hombres, era un niño acompañado de cuatro adultos. Porque uno de ellos se comportó como un niño, quien miraba encantado las luces de los asistentes como el pequeño que se emociona cuando por primera vez se enciende un árbol de navidad.

Y lo primero que este niño hizo fue tocar “Venus and Mars” en conjunto con “Rock Show” para animar a la ya de por sí inspirada multitud.

La siguiente canción que retumbó en el ambiente fue “Jet”, acompañada de los “JET! Uu uu uu uu!” del público mexicano, quien mostraba una cálida reacción a cada nota, cada frase, cada expresión proveniente de la banda y del niño en particular.



La nostalgia por los Fab Four se hizo presente por vez primera con “All my loving”, haciendo brotar lágrimas entre los mexicanos. Imaginen a Juanito brinque y brinque como loco mientras retro chillaba cantándole a SU Paul. Una escena bizarra, verdaderamente. Y se repetiría innumerables ocasiones, advertencia para el lector XD

¿Alguna vez se han subido a una montaña rusa? ¿Han sentido esa sensación de estar hasta arriba y de pronto, de chingadazo, caer en picada y relajarte cuando ya estás abajo? Pues eso sucedió en ese preciso instante: sin dar tiempo de tomar aire, toda la energía de All my loving se transformó en una sensación más bien relajante y quizás un tanto melancólica cuando Macca y los suyos entonaron “Letting go” para después volver a subir con “Drive My Car”, la primera sorpresa de la noche. En el primer concierto interpretó “Got to get you into my life”.

Momentos después The retro girl no pudo evitar sentirse un tanto decepcionada de que no hubieran difundido días antes las canciones “menos conocidas” de Paul. En “Highway”, aunque no fue tan notable, sí se sintió un cambio en el ambiente. Varias personas se quedaron calladas y muchos incluso preguntaron: “¿Cuál es ésa?”.

Es más, se sentaron en sus asientos y miraron con cierto asombro a The retro girl y Juan Banana que seguían de pie (aunque JB tampoco se la sabía).

La multitud volvió a ponerse de pie con “Let me roll it”, canción que Macca fusionó con un cóver bastante decente de “Foxy Lady”, del gran Hendrix, quien seguramente sonrió desde allá arriba (o abajo XD) mirando a su contemporáneo interpretar las notas de manera precisa, calentando todavía más el ambiente. Hay que reconocer que Brian Ray es un genial guitarrista y prácticamente esencial en el sonido de Paul.

Aunque The retro girl se muere de ganas porque Paul se la lleve a la puerta de su casa (y de paso de su recámara), tuvo que conformarse con cantar “lead me to your door” durante “The Long and Winding Road” y mientras ella babeaba, el resto de la gente no cantaba mal las rancheras en cuanto a liberación de fluidos corporales: todos lloraban. Y cómo no hacerlo ante inconmensurable canción. Sin duda alguna el primer momento alto de la noche.


Lamentablemente, los fans wannabe volvieron a sentarse cuando Paul entonó la siguiente pieza: “One Hundred and eighty five”, pero nuestros dos protagonistas, estoicos como sólo ellos, se mantuvieron de pie coreando a Paul y los suyos. Excelente canción.

“That thing you do with the lights!”

Siguiendo con la reseña del apoteótico evento, la siguiente melodía fue “Let ‘em in”. Momento cumbre, momento clave no solamente de esa noche, sino también de la anterior.

Los que estuvieron ahí saben precisamente qué fue lo que sucedió en ese instante mágico… las luces de miles de encendedores y celulares parpadearon al ritmo de la música.

Lo que sorprendió a The retro girl fue que ese acto era totalmente espontáneo, como si todos en aquel lugar se hubieran puesto de acuerdo mentalmente para asegurarse de que Paulie se llevara un recuerdo indeleble de “los chilangous”. Y lo que frustró a Juanito Banana fue su incapacidad para silbar, lo cual lo limitó a tararear los famosísimos silbiditos de la rola; por lo demás, la disfrutó tanto como su hermana.

“Esta canción la escribí para mi esposa Linda, y esta noche es para todos los enamorados” fue lo que dijo Macca, visiblemente conmovido, al presentar la rola “My love”.

Como anécdota Juanito sintió nostalgia por amores pasados y ya quería chillar (no lo hizo porque la noche anterior le fue suficiente), mientras que la chica retro sí chilló (¡ah, que llorona nos salió!) y al mismo tiempo la cantaba para una persona en particular: para la misma persona que la estaba interpretando. “My love does it… good… oh oh oh oh”
“Shine a light” es el nombre de un documental que hace poco filmó Martin Scorsese (“que insistimos es idéntico al viejito de UP” dicen los hermanos banana). Pero para los mexicanos “Shine a light” significó otra cosa muy distinta. Es el título (y en realidad, la letra también) de una canción que Paul, demostrando su cariño por nuestro país, cantó de manera improvisada a su gente, para mostrar su sorpresa ante el espectáculo luminoso de la canción anterior. “Like no one else in todo el mundo!!! Only in Mexico” se le oyó decir. La conclusión es evidente: McCartney jamás lo olvidará.


Entonces, señoras y señores… Juanito Banana tuvo el orgasmo de su vida (decir “orgasmo” se queda corto, pero la Real Academia Española no ha inventado una palabra a la altura de lo que en ese momento sintió) cuando repentinamente Paul tomó su guitarra acústica y comenzó a tocar unas notas con un ligero toque country. “¡¡No mames, no mames!! ¡¡NO MAMEEEEEES!!” comenzó a gritar el hombre plátano cuando Paul cantó “I’ve just seen a face”. A la fecha no se ha repuesto de ese impacto, el pobre tiene obsesión por esa canción, y siendo una pieza relativamente menor y que no fue interpretada la noche anterior, no esperó escuchar. Risas, lágrimas y gritos lo invadieron durante dos minutos durante los cuales no paró de cantar, en completo estado de éxtasis.

Todo esto ocurría ante la mirada divertida de la chica retro, quien observaba a su hermano con una expresión compasiva. Es decir… ¿cómo reaccionas cuando ves a alguien teniendo orgasmos múltiples, como los que tuvo Banana? Y ella que creía que sólo las mujeres los podían tener… (tras leer esto, Juanito acaba de sonrojarse como hace mucho tiempo no lo hacía XD)


Continuando la nostalgia beatle, Paul se echó otra de sus grandes románticas: “And I love her”. Los músicos ambulantes de la Línea 3 del metro debieron haber estado presentes para saber cómo se debe de tocar esa canción. El Sir nos dio una lección de dulzura; probablemente mucha gente lloró aquí. Banana estuvo a punto de, pero retro se abstuvo. “Sólo me conmovió”, declararía después.

Aunque retro guarda la ilusión de que en realidad se la cantó a ella XD

“Blackbird” fue un tema en el cual “el adodado” (nota: sólo uno de los autores sostiene esta opinión) mostró que no se necesita más que una guitarra acústica, una voz relativamente estable, una luna y un árbol seco como escenografía para derretir a los fans.


Y en eso… ¡retro chilló de nuevo! Pero la rola en cuestión lo justificaba. Se trató nada más y nada menos que de “Here today”, canción escrita para John Lennon.

Al grito de “JOHN! JOHN! JOHN!” los asistentes le dieron entrada a Paul, quien interpretó maravillosamente la pieza.

Digamos que la canción mueve mucho a la chica retro (sentimentalmente hablando) y no pudo evitar pensar qué hubiera dicho Lennon de haber estado ahí:

“Ya Paul, tócate una movida, ¡carajo!”

En fin, será uno de esos misterios sin resolver.

Respecto a su bro, quien siempre ha considerado que esa rola es medio cursi, aprovechó el momento para tranquilizarse por fin. Se quedó quietecito cantando por respeto a John y nada más. Con sus sentidos de vuelta, pudo apreciar a su sis y pensar “¡Mierda, sí lloró!”. Probablemente para él eso fue más sorpresivo que la canción en sí.

Luego Paul puso a bailar a todos literalmente: “Dance Tonight” sonó en su mandolina que Juan Banana tanto envidia. Unos aplaudían, otros zapateaban y unos despistados sólo miraban. La canción, intrascendente tal vez, es ciertamente de lo más divertida.

“HO! HEY HOO!” coreó alegremente toda alma presente cuando Macca interpretó “Mrs. Vandebilt”, otro clásico de su trayectoria post-beatle. La rola es una maravilla que puso a cantar a todos, incluso niñitos pequeños gritaban con todas sus fuerzas el complicado coro.


Al finalizar esa canción, Juanito y retro huyeron de sus lugares hasta colocarse justo en la barda que separaba su sección de la siguiente. Con esto lograron dos cosas: una, ver más de cerca a Macca y la otra, provocar las quejas de un molesto señor que les indicó que se quitaran porque no lo dejaban ver.

Afortunadamente no hubo heridos, the banana bros se hicieron pa’ allá y el señor pudo ver bien y bonito.

“Eleanor Rigby” fue la siguiente canción que inundó el recinto con su característica melodía. Qué más se puede decir de esta rola, todo un clásico dentro del universo musical beatlero y una de las favoritas del público.

Si a John ya le tocó homenaje, ¿por qué no también a George? Amigos caídos son amigos caídos y aunque Sir Paul jamás se dignó en escribirle una canción al mal llamado beatle callado, por lo menos se tomó la muy agradable molestia de incluir en su repertorio en vivo la clásica harrisoniana “Something” (personalmente, JB prefiere eso a que le escriba una mala canción), que por cierto, le sale muy bien, con su introducción al ukulele (tan amado instrumento de Georgie). Banana no pudo evitar derramar sus lagrimitas cuando vio las fotos de Harrison mostradas durante la bella canción que alguna vez escribiera su beatle favorito.


A The retro girl le parece que “Sing the changes” la escribió Su Majestad Paul a Obama. Y eso le parece porque cada vez que Macca canta esa rola, pone una imagen de su presidente de confianza en el fondo.

En fin, sea esto cierto o no, la canción en cuestión es un rolón. Pésele a quien la pese, incluso a aquellos que durante el concierto cerraron sus boquitas porque no sabían la letra (“¿Pos qué pasó fans?” preguntarían los banana bros.)

Siguió la ya clásica de clásicas “Band on the run” y los primeros acordes arrancaron gritos de la garganta de la retro y su bro. Todo el Foro Sol se unió en un canto colectivo para la “banda que tan desesperadamente huía”. Vocalmente puede ser una de las canciones más demandantes para un anciano de casi 68 años pero gracias a su huidiza banda pudo librarla (y a que la verdad, todavía le alcanza la voz en algunas partes)

“Tin tin tin tin tin tin tin” es un riff de piano divertido a más no poder que da inicio a una canción igualmente divertida sobre una pareja feliz. Dicha felicidad fue contagiada a los asistentes cuando la Band on the Run (Paul realmente debería ponerle así a su banda) ejecutó “Ob-la-di, Ob-la-da”. Aquí cabe destacar algo muy divertido, pues sis y bro interpretaron por sí mismos a los Beatles: retro girl cantó las partes de Paul y Juanito Banana hizo los coritos que Lennon hacía en la grabación original. Yay!

Instantes después, el sonido de un avión nos emocionó a todos.

No fue un American Airlines despistado, sino el comienzo de “Back in the USSR”, rola del mismo álbum que la canción anterior. Seguimos con la nostalgia beatle.


“I’ve got a feeling” y “Paperback writer” también fueron números bastante decentes, donde el niño de 67 años puso a cantar a todos.


“A Day in the Life” fue otro de los momentos cumbre de la noche. Una de las mejores composiciones no sólo de los Beatles sino del siglo XX fue interpretada en vivo y en directo, que no le digan y no le cuenten, aquí en México, con todo y su escabroso segmento instrumental.

Y para coronar, la unió con “Give peace a Chance” de su camarada Lennon; retro girl sonrió ante la visión imaginaria de su amado Paul pidiéndole permiso a la Yoko para cantarla… aunque la Ono es tan cabrona que seguramente no se lo hubiera dado.

Pa’que no se los chamaquien ái les va el recuerdito:


“Let it be” es una de las canciones más recordadas del cuarteto. Obviamente no puede faltar en un concierto de Paulie, y el público mexicano reaccionó ante la ocasión.

Llanto, mucho llanto, fue lo que se apreció desde donde estaban Juanito y su sis. La verdad a esas alturas ya no se sabía si el agua que se limpiaba la gente de sus caras eran lágrimas o la lluvia que caía torrencialmente desde hacía ya largo rato.


¡LLAMAS A MIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIIÍ! ¡¡Fuegoooo!! El Foro Sol ardió con los fuegos artificiales que estallaron durante la magistral ejecución que Macca y compañía regalaron de “Live and let die”. Emoción pura, adrenalina es lo que emanaba de los sudorosos cuerpos que allí se encontraban reunidos, como una orgía colectiva. Los fuegos de artificio fueron la mejor representación de lo que allí se sintió, y quizás hasta se quedaron cortos. Y, un pequeño mensaje de Juanito Banana para los que lo criticaron a él y a su sis de haberse bajado a la zona prohibida:

“Dejen de estar chingando, vivan y déjennos vivir, vivan y dejen morir”


“NAAAAA, NA, NA, NA NA NA NAAAAAAAAAAA”

¿Recuerdan esas sencillas exclamaciones saliendo de la garganta de 60 mil personas? Juanito y su sis sí las recuerdan. Incluso las cantaron con toda la fuerza de sus pulmones, desafinando bien gacho pero felices. Esto consta en el video en el que la retro girl se echó su concierto al ritmo de “Hey Jude”:



Personalmente, a la chica retro de McCartney se le iluminó la carita al ver a Paul haciendo sus mariconadas imitando a las mujeres. Y no piensen mal, pero Macca se veía francamente gracioso poniendo una mano en la cintura y contoneándose al ritmo de la música. Priceless.

Como también es priceless el párrafo anterior en sí mismo, ¿a qué no? ¡A la chica le gustan bien machotes! (NOTA DE JB)



And in the end…

Si algo puede ser chocante de los viejitos es su insistencia por irse a dormir temprano. ¿Quién no atesora recuerdos de su infancia, con el abuelito diciendo: “M’ijito, ya es tarde, vete a dormir”? Pues igual, Paul dio los primeros signos de chocheo cuando abandonó el escenario para echarse una pestañita.

Regresó algunos minutos después (¿habrá aprovechado el descanso para echarse su cocol?), ya bien repuesto, para inyectarnos de energía sesentera con ”Day Tripper”, quizás la canción más bailable de los Beatles. Por lo menos Juanito y retro girl así parecieron entender, ya que se pusieron a mover el bote con el Groove de la rola.


A pesar de que la Mamonna de Madonna nunca ha dicho si le gusta o no la rola (que finalmente no es sobre ella), “Lady Madonna” causó gritos y buena vibra mexicana.

“Get Back” es una canción notable en sí misma. Y ésa canción la recordarán muy bien si es que asistieron al primer concierto, donde el sir trepó a una mujer (“Bien buena” dirían algunos) a bailar con él.

Y aunque en la segunda noche The retro girl estuvo grite y grite: “¡SÚBEME A MÍ!”, Paul nomás no escuchó. (Awwwwww)

Pero no importa, retro, ahí estuviste y es lo que cuenta. Recordemos ésa primera noche, por favor:


Seguía haciéndose de noche y el ruco necesitaba un poco de oxígeno: fue a echarse su dosis (¿sobredosis?) antes de salir a escena por última vez, para chutarse “Yesterday”.

¿Qué se puede decir sobre la rola más covereada en toda la historia –¡aunque te duela, Juan Banana!-? En realidad no mucho, salvo que aquella noche la interpretación de Macca se unió con la de miles de mexicanos, creando un momento único.

“Helter Skelter” es la canción más pesada grabada por los Beatles. Eso que ni qué. Y Paul supo transmitir la intensidad de cada nota durante la rola.

Juan nomás agitaba el flequito, mientras su sis cantaba a más no poder. Ambos hechos sopa por la lluvia, pero rockeando. Como debe de ser. Es una lástima que nadie los haya grabado, porque los dos captaron como pocos en el Foro la potencia de la canción.

… Juanito extrañó el grito de Ringo al final… Buuh…


Y ahora sí, medianoche en punto, el abuelito (ADODADO, por petición de retro) tenía que irse a dormir. Le valió madres rompernos el corazón a todos los mexicanos que decían a coro “Nooooooooooooooooo” cuando Paul, como abuelito regañón, decía “you’ve got to go home”. Podría ser uno de los momentos más conmovedores de la noche. Paul se despedía para nunca más volver (“¡Chale!” diría la sis… a lo que su bro respondería: “¡Chale tú!” y ella le daría un zape).

Pero fue una buena despedida: “Sgt. Pepper’s” y “The End”. Y esta vez, ¿qué creen? (Uds tienen que decir: “¿Queeeeeé?”) Que no extrañamos a Ringo. Estuvo presente en cada tamborazo del sobrino Laboriel en The End.

“And in the end, the love you take is equal to the love you made” y con esa frase (tan acertada, en verdad) Paul McCartney se despedía de su público también adodado.

Cientos de papelitos de china verdes, blancos y rojos salieron de las esquinas del escenario.


El rock show había llegado a su fin. Los hermanos, felices y tristes al mismo tiempo, veían cómo Macca hacía una reverencia y se retiraba (“a dormir” dice JB).

Unos lloraban, otros se abrazaban, unos más contemplaban el escenario como si ahí todavía se encontrara su ídolo.

Y todos se sentían agradecidos por haber sido parte de un momento así.

29 de mayo. 12:20 am.

Macca has left the building.

Juanito y retro luchaban por escapar de la marea de personas que abandonaban el Foro Sol; la tarea fue más fácil de lo que pareció, para fortuna de nuestros héroes.

Se dirigieron a sus casas, a dormir, a comer algo, a seguir con su vida. Como todos.

Como siempre.

Mojados hasta los huesos, pero con sendas sonrisas, atravesaron el puente que los llevaría a la realidad. Abandonaban el palacio de Macca. Del rey, por lo menos durante ésas noches, de la Ciudad de México.

Larga vida al rey.

CHAOS AND CREATION IN MEXICO CITY.... 3

2 de junio. 1:40 pm

Los banana bros. se han reunido para escribir esta reseña. Y todavía tienen algunas cosas que decirnos:

The retro girl:

Cómo me hubiera gustado vivir en los 60s. Hubiera tenido la experiencia de mi vida yendo a un concierto de The Beatles y guardando ese recuerdo luminoso en mi memoria.

Desafortunadamente nací en 1991, con la mala suerte de que mis muchachos se mandaron al carajo en 1970, a Lennon lo mataron en 1980 y George ni enterado de que un cáncer fulminante se lo llevaría al otro mundo dentro de 10 años.

Un escenario bastante desilusionador.

La segunda vez que Paul vino a México desafortunadamente no pude asistir. Fueron mis padres y mi tía. La reacción fue la misma: “EL CONCIERTO ESTUVO DE LUJO”.

Finalmente, tras ocho largos años de acumular conocimientos Beatles y agarrarle un amor apasionado a Paul McCartney, por fin pude conocerlo en vivo y en directo.

No es necesario hablarles sobre las ganas intensas que tenía de sujetarlo fuertemente y decirle que jamás nos dejara.

Se me fueron los conciertos como agua entre mis dedos. De pronto, Paul ya no estaba.

No me importa. Moriré feliz.

Conocí al hombre que ha compuesto muchas de las canciones que forman parte del soundtrack de mi vida.

Conocí al hombre por el que babeaba cuando veía los videos de The Beatles.

Conocí al mejor amigo de John Lennon.

Conocí al Sir.

Conocí al padre de familia.

Conocí al viudo que después de tantos años no puede ocultar su pérdida.

Conocí al bombero que lejos de apagar el incendio, lo avivó más con fuegos artificiales.

Conocí al artista.

Conocí a uno de los hombres más ricos del planeta.

Conocí a un Beatle.

Conocí al ser humano. Al señor de 67 años.

Conocí a Paul McCartney, damas y caballeros.

Y soy muy, muy feliz.



Juancho Banana:

Híjole. Este Paul sí me gusta matarile-rile-rón. Siempre me ha parecido el menos carismático de los Beatles: no es el rebelde Lennon, el sabio Harrison o el divertido Ringo. Es sólo Paul, el niño bonito, y al que todos terminaron odiando cuando la banda se desintegró; me es fácil tacharlo como villano, y verlo siempre tan pulcro y estirado en la TV (a diferencia de sus compañeros, siempre más relajados) no hace sino alimentar tal concepción. Sin embargo, nada como ver a un artista en concierto para revalorarlo, y por muy mamón que sea, Paul es autor de composiciones geniales, y a final de cuentas siempre tuve el sueño de conocer a alguno de los Beatles, y qué mejor que uno de sus dos líderes. Y por fin ese sueño se ha cumplido.

El primer concierto estuvo de poca, actué como un completo drogado con todas y cada una de las canciones que interpretó (incluso Highway que no me la sé XD), y lo que hizo Paul esa primer noche (me refiero a aullarle a la luna, sacar a una mujer del público a bailar y finalmente autografiar el bajo de un fan) no tuvo madre. La segunda tocada fue algo más tranquilo para mí (ya no actué como drogado, sólo como borracho XD) pero no por ello menos bueno: una mucho mejor vista al escenario y una excelente compañía fueron puntos extra que hicieron crecer mucho el segundo concierto y compensar la falta de “novedad”. En pocas palabras, a pesar de las mínimas diferencias entre ambas actuaciones, para mí fueron experiencias enteramente distintas y por ende incomparables.

Y sobre los setlists… ¿no fue suficiente lo que ya escribimos sobre I’ve Just seen a face? Si la hubiera tocado en el primero no hubiera sido tan sorpresivo para mí, de modo que fue mejor que lo haya hecho así. Me parece muy inteligente de parte de Paul, ya que en el primer evento, en su lugar tocó “I’m looking through you”, que siempre me ha parecido el opuesto complemento a la otra canción. Sustituir una con otra fue como decir: “éste es un cuento: hoy les narro una parte y mañana la otra”. Y en efecto, nunca olvidaré la fecha y el lugar en que por primera vez nos vimos…

Lamentablemente, debo decir adiós a Paul y enfrentar la depre post-concierto… pero mientras tanto, ya nada le quita lo bailado al perro. Hago reverencia ante el sir.



¿Les gustó? Porque nosotros la pasamos de lo lindo escribiendo.

sábado, 29 de mayo de 2010

Coming Soon (¿o debería decir... Coming Up?)

No necesito decir que los conciertos de Paul McCartney fueron orgásmicos, ¿o sí? Como sea, estoy bastante cansado después de esas dos noches, así que la reseña se las debo para algún día en la semana. Además será colaboración; aqui les dejo un teaser, cortesía de Banana Bros. Productions:



miércoles, 26 de mayo de 2010

And in the end... The tickets you get...

Are equal to the efforts you made...
(Clímax de la historia iniciada aquí y continuada aqui)

No podré dormir esta noche, no podré dormir... Porque mañana es el concierto de Paul McCartney y... ¡sí conseguí boletos!

Ese día, el camino a casa fue tan horrendo y triste que ni siquiera mi Mega Man ZX (el cual dejé en pausa desde la noche anterior) me consoló; por el contrario, estaba yo tan desganado que cada dos minutos cualquier cosita me mataba. Y el ambiente permaneció lúgubre durante algún tiempo.

Hasta que mi amiga Helena me consiguió un par de boletos. En realidad no me los consiguió: ya los tenía pero por alguna razón que a la fecha no me ha revelado, decidió no ir al concierto. De tal suerte que poseía dos boletos disponibles y enterada de mi situación, me los ofreció rápidamente. Y así fue como conseguí mis boletos para mañana... MAÑANA VERÉ A PAUL McCARTNEY!!!! Pero éste no es el fin de la historia.

Los boletos que Helena me consiguió son en la zona General B, a nivel de cancha, pero hasta atrás, donde no veré ni madres. Veré las pantallas y ya, pero eso sí, escucharé de lo lindo (a final de cuentas es en la cancha donde están instalados los controles de sonido y las bocinas principales), y para mi suerte, el simple hecho de estar ahí era ya más que suficiente, asi que no había quejas... sólo ambición, ambición...

Cuando se anunció la segunda fecha (para el viernes), estuve convencido de que debía estar ahí. Salvo Radiohead en 2009 (al que de entrada ni siquiera pensaba asistir), todos los artistas que han dado más de un concierto por gira en México, yo he estado ahí en todas las presentaciones, y McCartney, uno de los líderes de mi grupo favorito no sería la excepción.

Mi papá estaba conforme con ir una vez a ver a Paul y la situación económica no estaba como para derrochar otros $2000 por cabeza; además el mismo día de la venta (el 7 de mayo), él estaría de viaje celebrando su cumpleaños (acaecido el día 4), por lo que invertiría todo su dinero en tal paseo, dejándome morir solo, para el segundo toquín.

Pero oh, santas coincidencias. Alguien más (y alguien a quien todos los que leen este blog habrán ya de conocer tan bien que ni necesito decir de quién hablo... ¡pena mil!) estaba en la misma situación que yo: su padre no pagaría un boleto para un concierto más, pero ella estaria allí a como diera lugar, con o sin su progenitor; más que eso, resultó que ambos estábamos interesados en la misma zona del Foro (Verde o Naranja A). Y dicen que la unión hace la fuerza...

En sus marcas, listos, fuera!! Para evitar lo sucedido con la venta de boletos para el primer concierto (aunque tiene un mejor lugar que yo la condenada, tampoco ella obtuvo la zona que originalmente deseaba) los dos nos pusimos a buscar a alguien que tuviera la tarjeta de crédito oficial de Ticketmaster (OK, no oficial en teoría, pero en la práctica neta que los que la poseen tienen un chingo de privilegios... ya saben de cuál tarjeta hablo, ¿verdad?) para tener acceso desde la preventa... con el agregado de que así iriamos juntos y disfrutaríamos más del evento que yendo solos. La alianza se consolidó.

Finalmente, el que consiguió la tarjeta fui yo mismo. Lejos de facilitar las cosas, me eché una cargototototototota a los hombros, porque:
1. La tarjeta no era mía.
2. Aunque Daniela tenía el dinero, no podría disponer de él sino hasta varios dias después de la pre-venta, lo que implicaba que yo tendría que prestarle la cantidad. Y yo no tenía el dinero
3. La persona que me prestó la tarjeta con trabajos sabe lo que es una tarjeta de crédito; en caso de haber algún problema con la cuenta, ella sería tan útil como un abrelatas para arreglar un auto.

Dicho esto, tuve que rogarle a mi papá para que me dejara pedirle el dinero a mi abuelita, así que gracias a ella Daniela irá a ver a Paul. También tuve que comprometerme al pago puntual, porque en caso contrario, respondería yo por la deuda. Y... sí, sí hubo problemas con la tarjeta.

La mañana del 7 de mayo, en pijama todavía, encendí la computadora para accesar a la página de Ticketmaster y pedir mis boletos. Al igual que la venta física, el sistema se iniciaba a las 11 de la mañana, y yo quería estar ahí antes, en caso de que el sistema se saturara.

Cosa que misteriosamente no sucedió: a las 10:58 am ya tenía yo un par de hermosos boletos (y digo hermosos porque eran en la primera fila de la primera sección) en la zona Verde A (o sea, los primeritos en las gradas, lo más cerca al escenario sin contar los carísimos boletos Platino Plus, que son en cancha). Sólo había que introducir los datos de la tarjeta para realizar la compra y...

!!!!!!!!!!!!!!!!!

¡Chingadazo a la vista! Contra una pared de ladrillos!!


"Los datos de la tarjeta no son correctos o la tarjeta es inválida"

¡¿Que qué?! ¡Eso no era posible! Yo tenía la tarjeta y el estado de cuenta en mis manos, los datos eran 100% correctos, no había ningún error.

Seguí intentando una y otra vez. Para mi mala fortuna, después de un tiempo (alrededor de 5 minutos), si la compra no se consolida, los boletos se liberan, de modo que inevitablemente perdi los lugares después de varios intentos más. Y aun así, probé con nuevos boletos. Una y otra vez. Sin detenerme hasta casi la 1 de la tarde.

Entretanto, no paré de hablar con el titular de la tarjeta para tratar de averiguar el porqué del fallo, y con Daniela, para informarle de la situación (en retrospectiva, creo que salvo navidad, jamás habíamos intercambiado tantos mensajes de celular, y aquéllas fueron circunstancias muy otras). Entre el "pues los datos están bien" de una y el "sigue insistiendo" de la otra, me estaba volviendo loco.  Si me quedo calvo, es por los nervios de esa mañana. Sin ofender, quise ahorcar a las dos en esos momentos.

Posteriormente se me ocurrió intentarlo por teléfono; tal vez la falla estaba en el sistema de Ticketmaster, o podría al menos pedir asesoría al respecto (o intentar hacerme wey a los vendedores XD). Las líneas estaban como es obvio, ocupadas, mi llamada tardó en entrar como media hora y una vez que lo conseguí, no me atendieron de inmediato; en lugar de eso, me pusieron una grabacion (con agradable música de Coldpay de fondo) que duraba un par de minutos... durante media hora. Amo "Viva la Vida", pero tras haberla escuchado incesantemente en tan desesperante situación (eso sin mencionar lo irónico del título), deseo no volver a saber más de ella en mucho tiempo.

Una vez que fui atendido, pedí un nuevo par de boletos en la zona Verde A, la señorita me dio la ubicación de mis lugares (que seguían siendo excepcionalmente buenos) y... otra vez lo mismo. Tarjeta inválida.

Me explicaron de la manera más atenta que cuando alguien no usa una tarjeta de crédito en mucho tiempo, el banco la congela por inactividad, lo cual me parece una franca idiotez (por no decir una tranza del banco), ya que el simple hecho de que el titular de una tarjeta deposite en su cuenta mes tras mes y puntualmente, la comisión correspondiente, significa que la sigue usando... sin mencionar que al estar pagando por el servicio, tiene derecho a usarlo cuando lo desee. Malo fuera si no pagara su comisión, o si no depositara ahorros, ¿es que sólo reirando dinero (y de ese modo incrementando tu deuda) es la única manera en que se puede usar una cuenta bancaria? Por eso odio los bancos en México.

Ante mi insistencia, la señorita me dijo que podía respetarme mis lugares si yo me comprometía a resolver el asunto con la tarjeta y comunicarme de nuevo en a lo más una hora y media. Di mi palabra y en respuesta, ella me dio su nombre, Jessica Vargas, para que la siguiente ocasión que llamara por unos boletos pidiera que me comunicaran directamente con ella.

Posteriormente, hablé con la persona que me hizo el favor de prestarme la tarjeta, quien me confirmó que no ha retirado dinero en un largo tiempo, pero me demostró que sí ha hecho uso de su cuenta mediante otras maneras, por lo que consideró descartar la opción de la tarjeta bloqueada. Mas ante la apariencia de que ésa era la única causa, decidimos llamar al banco para arreglar la situación. Ella no podría hacerlo sin mí, y yo no podría siquiera intentarlo sin ella, por lo que tuvimos que vernos en persona para trabajar en conjunto.

Y así nada más, sin siquiera bañarme (sacrilegio tratándose de mí), salí corriendo hasta el Centro Histórico en una de las más frenéticas carreras que he corrido. Para empezar, en lugar de cruzar mi pueblo a pie hasta la avenida principal para tomar el transporte, por primera vez en casi cinco años que llevo viviendo quí, tomé un taxi directo a la parada del autobús por las prisas.

Tal esfuerzo aparentemente fue en vano: el tránsito vehicular estaba de muerte y tardé más de una hora en llegar al metro Indios Verdes (en circunstancias normales, no hago más de 40 minutos). El retraso era tal, que resolví bajarme de la combi antes de llegar a la estación y seguir mi camino a pie. Como Forrest Gump corrí, corrí y corrí, sólo que erré en mi camino y entré a Indios Verdes por el lugar equivocado: no sé cómo chingados lo hice, pero terminé en el carril del metrobús de la estación (para quienes no lo sepan, Indios Verdes es la terminal de la Línea 3 del metro y de la Línea 1 del metrobús simultáneamente). Los vigilantes de ahí, al ver a un sujeto corriendo desesperadamente en un lugar prohibido, como es lógico, sospecharon de mí y se lanzaron detrás mío en acelerada persecución. Cuando me dieron alcance, procedieron a llevarme a tirones con el jefe de estación.

-No hice nada malo -me excusé-, sólo llevo prisa por llegar al metro y ni siquiera sé cómo terminé aqui -expliqué.
-No te creo -dijo con frialdad el policía que me tenia del brazo-; a ver, ¿qué te robaste?
-¡NADA! ¡Escúlqueme!

El personal corroboró que en efecto, lo único que yo llevaba era mi celular y diez pesos. Pero mis acciones seguían siendo sospechosas. Expliqué que tuve un problema con una tarjeta de crédito y que por ello me era urgente llegar a domicilio X a ver a fulanito de tal, de ahí mi prisa y mi ansiedad. Me llené de miradas incrédulas, pero conseguí modular mi voz a un nivel adecuado (level up a mis habilidades sociales) para que me creyeran. Sin embargo, no fue suficiente:
-Pudiste causar un accidente.
-Pero no lo causé
-Pero pudiste.
-No sucedió, y mientras no suceda, no hay delito que perseguir, soy inocente.
-Sí lo hay: irrumpiste en zona restringida.
-Fue accidentalmente.

Increíble en servidores de la ley: los convencí y me dejaron ir sin sacarme un solo centavo o continuar amedrentándome (¡segundo triunfo jurídico en mi vida! Yay!). Sólo me gané un regaño a la voz de "Pero ten más cuidado la próxima vez".

Para entonces, el chistecito me había hecho ya perder unos quince minutos y para acabarla de fregar, el policía me exigió que entrara a la estación por donde se debe y me sacó a Avenida Insurgentes para "corregir mi error", haciéndome perder todavía más tiempo.

Ahora, una vez en la entrada adecuada, para entrar a las instalaciones principales, hay que rodear una reja, y como la prisa me invadía y no aprendí mi lección con el incidente del metrobús, me brinqué tal reja. Caí en un charco de mierda diarréica. Mas nadie en la estación quiso solidarizarse y regalarme un poco de agua (asumo que los vendedores esperaban que yo les comprara una botella de agua para beber, pero yo sin dinero...), por lo que tuve que irme el resto del camino con el pantalón manchado. Dicen que pisar mierda trae buena suerte, no sé si en mi caso por no pisarla la consigna no aplicó, o si por tanta mierda en próximas semanas me sacaré la loteria. De una u otra forma, en ese momento yo sólo quería morirme, viajar en el poblado metro oliendo a mierda fue tan agradable como pasearte en una localidad judía con un letro que diga "Heil Hitler!".

Pequeños efectos de la impaciencia.
Y según yo ya había limpiado la porqueria...

La vergüenza pasó cuando salí del metro y corrí hacia el domicilio del titular de la tarjeta; antes que nada me reporté ante la señorita Vargas para informarle que el asunto con el banco ya estaba tratándose.

Me ofrecieron darme una ducha mientras la persona arreglaba su asunto con el banco. Todavía no salía de la regadera cuando, ¡me carga la chingada! Mi celular comenzó a sonar. Y así sin más, tuve que salirme (afortunadamente dejé el teléfono dentro del baño) a contestar. Era Daniela; le informé el estado de la situación. Es cierto, no sólo cargaba sobre mis hombros el peso de mi boleto, sino también el de ella. Más presión para mí, genial.

Pero si algo me caracteriza, es que trabajo mejor bajo presión. Por molesto que sea desvelarme dos noches antes del día de entrega para hacer un trabajo escolar, siempre es así como salen mis mejores proyectos, y ésta no fue la excepción, a esas alturas estaba por rendirme pero aquella llamada telefónica vigorizó mi compromiso: iré a ver a Paul McCartney el 28 de mayo y en buenos asientos, llueva o truene (cosa curiosa: al escribir esto acaba de sonar un trueno, en este mismo instante).

De vuelta en la sala de estar,  fui informado que en efecto, el banco bloqueó el uso de la tarjeta por su "inactividad", y para reactivarla había que realizar un trámite en la sucursal bancaria. Es decir, personalmente, no vía telefónica. Pasaban de las 4 de la tarde y todos los bancos se hallaban cerrados. Nada podía hacerse ya ese día. Marqué a TM y la señorita Vargas me dijo que con todo gusto guardaría mis boletos para el día siguiente, pero que el sistema se "renueva" cada media noche, por lo que en cuanto dieran las 12, como con la Cencienta, todo se habria ido al carajo ya que automáticamente se borraría el registro de mis boletos. GAME OVER.

No muy lejos de ahí vive mi abuela; fui con ella para que me prestara algo de ropa (ayuda mucho que mis sobrinos pasen mucho tiempo con ella y ocasionalmente dejen ropa allí) y descansar un poco. Le conté mi travesía con lujo de detalle; ella y mi tía permanecieron anonadadas con mi relato, pero ello permitió un rayo de luz. A la mitad de mi narración, llamó por teléfono mi prima Ivette, y en la conversación, mi tía le contó mi historia. Ivette dijo que su esposo posee una tarjeta de ésas que se usan en las preventas de TicketMaster y ofreció comprarme él los boletos.

Pero cuando le dije el costó total, se echó para atrás. Era demasiado dinero y Gerardo (así se llama mi primo) es -naturalmente- bastante quisquilloso cuando se trata de préstamos monetarios; propuso comprarnos boletos en la zona Naranja A, a Daniela y a mí nos pareció razonable y acepté la oferta. Quince minutos después, mientras comía un bien merecido filete de pescado, Ivette llamó de vuelta para decir "Tienes boletos".

OOOOOOOOOHHHHHHH MAIIIIIIIIII GAAAAAAD!!! Tengo boletos!! Tengo boletos! TENGO BOLETOS TENGO BOLETOS TENGO BOLETOS!!

Un par de días después pasé a recogerlos a casa de mi abue y.... taraaán:


UFF!! Vaya travesía. No soy supersticioso, pero tanta mala suerte en un solo día no me la creo, incluso si todo terminó bien. El hecho de que ese día (7 de mayo) haya sido cumpleaños de una persona a la que hice muuuchas jaladas (y lo peor es que ni siquiera me odia por ello, lo cual me hace sentir peor al respecto) me hace sospechar que todo fue venganza kármica... ¿ustedes qué creen?

Entre si son peras o son manzanas, no niego que de no haber sido por todas estas personas no lo hubiera logrado (y no, no es limpieza de karma, sinceramente me siento MUUUUUUUUY AGRADECIDO). Así que esta entrada va dedicada a Helana, a mi papá, a la persona que nos prestó la tarjeta, a la señorita Jessica Vargas de Ticketmaster, a mi abuelita y a mis primos Gerardo e Ivette. ¡Gracias a todos!

lunes, 24 de mayo de 2010

The Magic Number

69: el número perfecto: simétrico, mágico, misterioso... y por supuesto, el nombre de una de las más famosas posiciones sexuales dada su similitud con el mentado numerito. Incluso personalmente, mi número favorito siempre ha sido el 6 (nací en un día 6, en un año terminado en 6) y me ha dado buena suerte un par de ocasiones, mientras que el 9 ha estado presente en eventos desafortunados: opuestos como lados de un espejo, curioso, ¿no?

Pues bien, el día de hoy, 24 de mayo de 2010, Bob Dylan cumple esa mágica edad. A tu salud, maestro!


No hago reseña biográfica porque el resultado sería más largo que la Biblia y no tengo tanto tiempo de vida. Así de cabrón es el buen Bob.

McCartney II: We all stand together

(Capítulo 2 de la saga de McCartney. Aquí puedes leer el Capítulo 1)

Ahora que oficialmente era de día (y digo oficialmente, pues el cielo seguía oscuro gracias al despreciable horario de verano), la parte más difícil, soportar la noche, había pasado. O eso creí yo.

Porque a esas horas, todo el mundo estaba crudo o simplemente desvelado y nadie tenía ya energías para continuar festejando, de modo que las siguientes cinco horas las tendríamos que soportar en un estado mucho más pasivo, y todos sabemos que la inactividad lleva al aburrimiento. En adición, ahora que sólo faltaban unas pocas horas para que la venta se iniciara, me puso mas ansioso. Y lo peor que me puede pasar en la vida es ponerme ansioso por algo. Soy desesperante y desesperado.

Tratando de evadir una situación así, volvi a sacar mi DS para jugar de nuevo. En toda la noche no lo habia apagado y el juego se quedó en donde lo dejé antes de entregarme a la bebida. Sin embargo, mis ojos ya no daban para mucho y me ardían tanto que no soporté más de 5 minutos de juegos. Y eso viniendo de mí ya es bastante decir. 

Sin más por hacer, me senté en mi lugar tratando de dormir. Envié algunos mensajes a mi papá y a mi sis, las únicas personas a quienes aparentemente les interesaba cómo me encontrara yo en ese momento, pero nada más. Con uno en el trabajo y la otra en la escuela, ninguno tuvo realmente la disposición para mantener mi ritmo y tenerme entretenido. Lo siguiente fue tratar de dormir; yo también me encontraba muy cansado después de lo acontecido en la noche, pero tampoco lo conseguí. Pasé sentado en el suelo al rededor de una hora tratando de unirme a Morfeo, pero todo intento fue futil. El sol salió y toda esperanza de dormir murió con el primer rayo de luz.

Así las cosas, no me quedó de otra que activar el modo de emergencia, también llamado modo hiperactivo.

Fue así como pasé toda la mañana caminando de aquí para allá, como un zombie sin rumbo. Ocasionalmente visitaba a mis ex-compañeros de parranda, quienes a lo sumo emitían gruñidos antes de volver a su estado de semivigilia. Entonces volvía a mi lugar en la fila y el ánimo de la gente de ahí no distaba mucho de la de los otros. Terminé caminando en círculos por la calle, del Palacio de los Deportes al metro y viceversa. Una y otra vez.

A las 8 pude relajarme un poco cuando alguien sacó un radio y sintonizamos El Club de los Beatles en Universal Stereo. El locutor Manuel Guerrero habló con emoción sobre la venta al público que en unas horas se iniciaría, y deseó suerte a los radioescuchas cuando comenzaran la caza por el preciado tesoro.

-Nosotros ya estamos aquí, no necesitamos suerte -se jactó alguien-, tendremos un buen boleto.

Todos sonreímos.

Acompañé el programa con una torta de tamal y un atole (a pesar del sol, esa particular mañana estaba muy fría) y con la boca ocupada, la ansiedad disminuyó un poco.

Las 9 de la mañana. El programa terminó y nos encontrábamos a sólo dos horas de que las taquillas iniciaran labores. Aquélla fue la espera más larga que recuerdo desde que en septiembre pasado estuve contando los días para que me trajeran mi DS que compré en ebay.

Por el lugar que teníamos en la fila, calculamos que a lo mucho en media hora tendríamos nuestros boletos.

Finalmente, luego de que casi me arranco los pocos cabellos que me quedan, dieron las 11 de la mañana. Fue como si el sol saliera por primera vez: las desganadas caras se iluminaron y toda expresión de cansancio fue reemplazada por una sonrisa cálida como esa mañana de abril. Las taquillas abrieron sus puesrtas y... en sus marcas, listos, ¡FUERA!

¡Momento! Apenas comenzó la venta, una bola de sujetos que jamás se habían formado pero que llevaban algún rato observando, se amontonaron al inicio de la fila y a punta de empujones, consiguieron meterse y ser los primeros en tener acceso a los boletos. Los sujetos entraron, compraron sus boletos y respondieron a nuestras mentadas de madre con pifias miradas. Después de tanta espera, para algunos pareciera que el destino conspiraba para que no consiguiéramos las preciadas entradas; para otros por el contrario, después de haber esperado una noche, aguardar los cinco minutos extra que esos tipos nos hicieron perder, era cosa de nada.

Salvo que ante un evento de esta magnitud, los boletos seguramente se estarían vendiendo como pan caliente en los otros medios (por teléfono e internet; no hubo venta disponible en tiendas y centros Ticketmaster) y cada boleto contaba; cada instante perdido era una oportunidad menos para tener el asiento ideal. La tensión volvió al ambiente cuando la fila comenzó a alentarse misteriosamente.

Algunos minutos más tarde, no serían más de las 11 y media, una voz salió de los altoparlantes del Palacio:
-Les informamos que los boletos para Paul McCartney se han agotado. Repito: ya no hay boletos para Paul McCartney.

NNNNNNNNNNNNNNNNNNNOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!!

¿QUÉ? ¡O sea cómo?!

¡No es posible! Los boletos nunca se acaban en menos de media hora; mucho menos con los centros Ticketmaster cerrados. Nel, algo estaba mal. Los gritos no se hicieron esperar. Hubo reclamos, hubo insultos, hubo incertidumbre. Mucha incertidumbre. "Es una broma", decían algunos, "lo dicen para que nos calmemos y nos organicemos mejor".

No, no era ninguna broma. Pasaban ya de las 12 y la venta no se reiniciaba, definitivamente hablaron en serio desde la primera vez. Ya no había boletos, y si los había, ya no estaban en venta. Extraño misterio de la vida.

Pero por supuesto que no tardó en salir el peine: a lo lejos, se escuchó que alguien en la calle comenzó a decir, casi tímidamente:

-¡Lleve sus boletos para Paul McCartney, aquí hay boletos para Paul!

¡Hijos de la chingada! ¡Revendedores! Ahora todo había quedado claro: los diez-veinte señores que se metieron en la fila eran revendedores y ellos se llevaron todo. ¡¿Cómo era posible semejante barbaridad?! Que entre tan pocas personas se llevaran miles de boletos... era simplemente absurdo. Específicamente se nos había dicho al inicio de la venta que no se podría uno llevar más de 5 boletos por persona y la venta estaba limitada a que nadie podía comprar boletos en distintas zonas (es decir, todos los boletos que compraras debían ser juntos), era aparentemente obvio que los vendedores habían implementado estas medidas precisamente para evitar la reventa... pero después salen con que no puedes comprar 6 boletos, pero sí 600. En pocas palabras, el chiste no fue impedir la preventa, sino impedir la preventa informal y dejar que los profesionales de esta sucia actividad hicieran su negociito. Y vaya que lo hicieron. Por mí que se vayan al carajo.

Consignas de "¡Reventa! ¡Reventa!", "¡Revendedores amafiados!" e "hijos de la chingada!" no se hicieron esperar. Estuvimos esperando ahí TODA LA NOCHE, en el frio, a la interperie, borrachos, ¿y todo para qué? ¡Para ver como esos imbéciles se acabaron todo en media hora! No se vale, me cae que no se vale.

Confusión e incertidumbre reinaban en el Palacio de los Deportes, pues muchos (su servilleta entre ellos) creíamos que todo era una broma, que en un rato las cosas volverían a la normalidad y en cosa de un ratito saldríamos con nuestro boletito en mano. Pero nel, ni madres.

La gente comenzó a irse y poco a poco la fila que le daba la vuelta a la manzana quedó convertida en una pequeña línea, no más larga que la que yo había contrado en la noche. El panorama era desolador y con el calor del mediodía, decir que lucía como un desierto es más que una metáfora, un preciso retrato de cómo lucía el panorama.

Pasamos un buen rato repitiendo identica cantaleta, nuestras quejas y reclamos a los policías, así como nuestra conversación interna, eran siempre la misma monserga. No veo cómo es que no terminamos hartos de nosotros mismos. Con decir que hasta yo me estoy aburriendo ya de escribir esto...

El caso es que la desesperanza se convirtió en la nota principal de una canción de protesta cuando el contexto lo permitió: después de algún rato, un sujeto, con toda la calma del mundo, se acercó a uno de los policías en el acceso a las taquillas (que ya estaba bloqueado) y le susurró algo al oído; el gendarme asintió y caminó hasta desaparacer; volvería unos instantes más tarde con un fajo de boletos (yo calculo haber visto por lo menos cinco decenas) y se los extendió con la naturalidad de un saludo entre camaradas.

-¡Mírenlo! -señaló una chica que a lo mucho recien alcanzó la mayoría de edad- ¡Ese hijo de la chingada tiene boletos! ¡Policías corruptos!, ¿no que ya no había boletos?

En ese momento la multitud que quedaba se dividió. Unos salieron tras el cerdo y al darle alcance le suministraron unos bien merecidos putazos, pero el muy cabrón no soltó los boletos y se dio a la fuga; el resto nos amontonamos en torno a los policias reclamando su descaro por hacer eso en nuestras propias narices.

Ante tal situación, sólo hubo un remedio: ¡REBELIOOOÓN! La gente se organizó y una manifestación fue planeada. El objetivo era tomar Avenida Churubusco y bloquear el acceso vehicular hasta que se reabriera la venta (cancelando los boletos de los hijosdeputa, supongo) o que se nos permitiera expresar nuestra queja al presidente de OCESA. ¡Al presidente de Ocesa, háganme el favor! Eso sí que es ser optimista. Caramba, ellos debieron haber estado rpesentes en el fraude de 2006: habrían pedido hablar con el presidente del IFE y hubieran solucionado ellos solitos el fraude que puso en el poder al espurio. Sí, claro, ajá, power to the people...

Un puñado de gente realista permaneció apática en la "fila" de boletos, que en realidad ya era una mancha de gente arremolinada en torno a los policías. Giovanni y sus amigos me contaron que semanas atrás, cuando se vendieron los boletos para Metallica, todos se terminaron en un rato, pero que después de un par de horas, sin decir agua va, abrieron una nueva fecha el mismo día, permitiendo que todos los que estaban formados alcanzaran boletos, y juraron que harían lo mismo esta vez:
-Quédate otro rato -me decía-, vas a ver que en un ratito abren otra fecha y nosotros estamos hasta adelante, seremos los primeros en comprar y tendremos los mejores lugares. Tú aguanta.

Pero nunca sucedió tal milagro; sin importar el discurso de "México es tierra beatle, awebo que habrá un segundo concierto", las cosas jamás cambiaron. Dieron las 3 de la tarde y no se abrió tal fecha (no que yo hubeira creído en su promesa). Además, de abrir más conciertos, no se venderían ese mismo día tan informalmente. Mucho menos cuando ya no habian más de veinte personas allí.

Sin embargo, algo me forzaba a permanecer en ese campo de hastío. Una fuerza desconocida no me dejaba ir. Hasta que uno de los pocos presentes comenzó a cantar para animarnos. A lo lejos escuché la voz que de manera apagada, cantaba "Hey Jude, don't make it bad... Take a sad song and make it better" como un consuelo resignado que en mí causó el efecto contrario: una lágrima brotó de mi mejilla derecha y en ese mismo segundo supe que era demasiado; me despedí de Hugo y sus amigos, tristísimos también, y les deseé suerte. "Me voy", farfullé y sin escalas, me encaminé al metro para iniciar el retorno a casa. Oficialmente me había rendido. No habría Paul McCartney para mí.

viernes, 21 de mayo de 2010

Good times, bad times



Pac-Man, el primer gran ídolo de los videojuegos, cumple 30 años hoy y Google lo festeja de la mejor forma. Y dicen que los videojuegos son recientes...

Bono tuvo un accidente y fue operado de emergencia; el gran Ronnie James Dio falleció el pasado 16 y ahora podemos quedarnos sin Gustavo Cerati. Esto no puede ser. No puede ser.

Dawn perdió el Grand Festival :(

Mis compañeritos de la secun están orgasmeados de su gran reunión. Y yo sigo sin querer ir.

Hice un nuevo amigo.

Pasadomañana sale a la venta Super Mario Galaxy 2.

Nobody told me there'd be days like these.

jueves, 20 de mayo de 2010

La triste historia de Juan y su reino desagradecido

"¡Por fin, una película que hace justicia a Juan Sin Tierra!"

Eso pensé durante toda la proyección y hasta dos minutos antes del final de la recién estrenada cinta Robin Hood. Pero entonces en una impredecible vuelta de tuerca, la escena final tiró dicha concepción. Y no fue suavemente: lo hizo a chingadazos. Tanto que en plena sala de cine grité entonces:

-¡No mames, no lo firmó! ¡El muy cabrón no la firmó!

Me refería en ese momento a la Magna Carta.

¿De qué carajos hablo?

El rey Juan Sin Tierra es a Inglaterra lo que el Cardenal Richelieu a Francia: un líder que lidió con un pueblo al que lideró eficientemente pero con mano dura, lo cual en adición a encontrarse a la sombra de alguien más querido (en el caso de Richelieu el rey Luis XIII y en cuanto a Juan me refiero a su hermano Ricardo) provocó que fueran percibidos como tiranos y así finalmente demonizados en los trabajos de ficción más importantes en los que se les retrata.

Por un lado, el Cardenal Richelieu es el villano del primer libro de la saga Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas (y mi novela clásica favorita), mientras que Juan es el monarca déspota contra quien se rebela el mitológico héroe Robin Hood, quizás el personaje más famoso en la Gran Bretaña después de la leyenda arturiana.

Pero viendo las cosas como fueron en realidad, tal concepción no es del todo correcta. Si bien Juan fue un rey duro, famoso por sus absurdos y excesivos impuestos, hay una razón: su hermano y antecesor, Ricardo Corazón de León, fue un gobernante torpe y caprichoso, pero eso sí, muy carismático. Estamos en el siglo XII y Europa está enfrascada en una eterna guerra denominada "Las Cruzadas", la cual consistía en luchar por... el acceso y control de Jerusalén, la tierra santa; háganme el favor. A Ricardito se le ocurrió unirse a dicho suceso (que era lo que estaba de moda entre los gobernantes en esa época) y se enfrascó sin esperanzas en una eterna batalla. Inglaterra no pasaba por su mejor momento económico, sin mencionar que una jornada a tan lejano lugar costaría más que un par de monedas.

De ese modo, el erario inglés fue agotado y sus arcas chupadas hasta el último penique para financiar el paseíto de Ricardo (y aquí nos quejamos de los viajes de nuestro presidente...), ¿y todo para qué? Para que el rey, tan wey, muriera en la guerra antes de conseguir su propósito.

Ante tal situación, Inglaterra se quedó sin dinero para un mendrugo de pan, pero eso sí, el difuntito fue celebrado y llorado como un mártir (finalmente, murió en una guerra religiosa). Se le quería, se le quería.

Y entonces... sin hijos que le sucedieran, el trono anglo fue ocupado por su hermano menor, Juan, quien tuvo que hacerse cargo del chiquero que su hermano dejó; encima, una guerra con Francia se avecinaba (a la postre, Inglaterra perdió y como resultado, Normandía pasó a ser territorio francés). Con Richard tanto tiempo fuera, Inglaterra en realidad ya llevaba muchos años sin rey oficial, siendo medio-dirigida por Juan; por eso es que desde el principio el menor fue percibido como un reemplazo en el mejor de los casos, y en el peor, como un usurpador. Y ahora sí, a levantar el reguero y poner la casa en orden. Ése es el origen de los actos aparentemente despóticos del rey sin tierra.

Sin embargo, aunque su actúar fue justificado, también es de reconocerse que sí se excedió a la hora de la hora. Inventar impuestos por tener ventanas y convertir las cobranzas en cacerías fueron medidas absurdas. Pero es precisamente aquí donde surge el momento importante de Juan, y su verdadero pase a la historia: el descontento generado por esta situación motivó al herido pueblo a organizarse en su contra. No, no fue derrocado en una sangrienta revolución; en lugar de eso, de manera más pacífica, los barones del reino negociaron con Juan su seguridad jurídica en un documento al que se llamó Carta Magna Libertatum, "la gran carta de las libertades", en la que se limitaba por primera vez el poder de un monarca y establecía una serie de prerrogativas a los ciudadanos, esto en 1215.

Y así fue como nació, en parte gracias a la acción del rey Juan, el derecho inglés o common law*.

Pero esto es algo que los relatos sobre Robin Hood suelen ignorar; para esta fantástica historia, Juan fue un villano y punto. Un personaje plano y unidimensional que prácticamente nació para hacerle la vida imposible al héroe de Sherwood. Sin embargo, y volviendo a la película, podemos ver a Juan pasar por todos estos problemas: en efecto, inicia en un papel antagonico, como un caprichoso gobernante interino, a la vez que vemos a Ricardo fallar en su Cruzada luego de darse cuenta de que no fue un buen rey para su país, justificando de algún modo la ira del hermano menor.

Posteriormente, somos testigos de las dificultades del nuevo rey para administrar un país maltrecho y efectuar las medidas por las que es tan famoso, ante su impopularidad y creciente descontento. Pero conforme la historia se desenvuelve, el personaje crece, madura y se convierte en un verdadero héroe; inclusive, y para mi regocijo, la Magna Carta es mencionada y juega un papel en el desarrollo de la historia. Fue por ello que me hice de esa concepción: más allá de la fantasía (y las consecuentes imprecisiones históricas), nunca había visto un relato robinjudiano en el que Juan fuera retratado de manera tan profunda y realista.

Lamentablemente, en el clímax de la película, y mientras yo tenía mi orgasmo hisórico-jurídico... ¡MADRES! El muy bastardo quema enfrente de todo el reino, la Carta Magna, consolidándose como el villano que todos conocemos. Y así, la leyenda comienza...

Buh. Por eso me requeterrecontraemputé durante la escena. Pero para ser franco, hace años que un giro en la trama de película no me sorprendía así. Y la finalidad del arte es causarle una sensación a la audiencia; perturbarla y sorprenderla. De modo que por más que me haya disgustado el final de la película, al mismo tiempo me encantó por su impredecibilidad.

En cuanto al papel de Robin Hood, diré que más bien el tema de la cinta es la guerra con Francia y Juan sin Tierra, eventos en los que casualmente Robin Hood se involucró; digamos que fue insertado como una especie de Forerst Gump medieval. Pero aun así, la historia es maravillosa, y su soundtrack, con el amor que tengo por las gaitas, laudes y demás instrumentos antiguos (uno de mis sueños guajiros es tocar la gaita y la mandolina e interpretar canciones juglarescas), es de los mejores que jamás he escuchado. Mínimo se merece el Oscar a la mejor banda sonora. Échense una visita a su cine más cercano y regocíjense con el filme Juan sin Tierra, digo, Robin Hood; como puntos extra, dirige Ridley Scott y actúan Russell Crowe (por lo visto a este sujeto le gustan las películas pseudohistóricas) y Cate Blanchet.

Listo, ahora saben un poquito más de derecho, de historia y por supuesto, sobre la que a mi opinión es la mejor película en lo que va del año.



*Fue este tema en mi materia de Sistemas Jurídicos-Derecho Comparado en tercer semestre (sep. 2005) el que hizo nacer mi gusto por el derecho internacional, así que personalmente es un suceso trascendental en mi carrera, de ahí que la película me emocionara tanto.

domingo, 16 de mayo de 2010

Da ra ra da ra rá (8)

Aún me siento un poco incómodo por mi última entrada, así que para distraer un poco la atención de ese tema, he aquí una canción para alegrarnos el día:




See ya' later.