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miércoles, 7 de julio de 2010

La comedia del año

¡Pero qué buena pelicula... pero qué mala pelicula!

Ésa es mi opinión del filme The Twilight Saga: Eclipse. Me explico: el recientemente difunto Carlos Monsiváis alguna vez dijo que los mejores actores del mundo son los mexicanos. No los actores de cine y ni siquiera los que provienen del teatro, sino los que dedican sus carreras enteras a las telenovelas. Y es que se necesita muuucho talento actoral para no partirse de la risa a media escena ante los papeles tan estúpidos que dichos actores deben interpretar, algo que no cualquiera podría soportar frente a los babosos culebrones que Televisa y Teve Azteca nos recetan desde que el tiempo es tiempo y la tele es la tele.

Lo mismo sucede con esta película. Es tan pero tan pendeja que me sorprende que el reparto de la producción haya conseguido concluir el rodaje a tiempo en vez de pasar la mitad del tiempo haciendo mofa de sus propios papeles. Y que conste que no lo digo yo: el propio protagonista Robert Pattinson (en una actitud tan cínica que hasta lo envidio aunque al mismo tiempo me cague por petulante) ha confesado en más de una vez que aborrece la franquicia y más todavía a su personaje Edward Cullen y que sólo audicionó para el papel por el dinero que la serie le dejaría y para tener una oportunidad de tirarse a la muy tirable Kristen Stewart, oportunidad que aparentemente sí aprovechó el muy condenado.

Por otro lado, yo como espectador puedo decir que recomiendo ampliamente la película: pasé la mitad de mi tiempo en la sala riendo como escuincle, algo que pocas veces hago desde que me volví un adulto pretencioso.

Conozco por ahí un par de fans que defienden su placer culpable con argumentos como "es que la adaptación es mala, pero la historia de los libros es buena". A esas personas, con todo respeto, puedo decirles: ....no, mejor no les digo nada, sonaría muy feo XDD Y es que nel pastel, mis webos son una mala adaptación. Cierto que las actuaciones son narmy* y lo que quieran, pero no me pueden decir que la culpa la tiene la adaptación, porque a menos que la adaptación del guión sea tan fiel como en I, RobotÆeon Flux (lo cual no es el caso), incluso yéndonos a la historia original, la premisa es una mamadototota y los libros son igual de malos.

Uno de los argumentos que más he leído y escuchado es el de "Stewart no sabe actuar, arruinó el papel de Bella". ¿¡Qué!? ¿Ignoran estas personas que la actriz fue aclamada por su papel en El Fantasma de la Ópera? No es la interpretación, Bella misma es así: la muchacha no es más que una niña idiota y francamente sin personalidad aparente más allá de "ZOMG estoy obsesionada con Ed Cullen y me lo quiero tirar!!1"; decir pues que Kristen no le pone sentimiento al personaje y lo hace muy plano y sin chiste es como quejarse de preparar un jugo de zanahoria y quejarse por que sabe mucho a zanahoria. No lo niéguen, Isabella Swan -el personaje- es más plano que una hoja de papel. Vamos, es mas plano que las nalgas de Anahí, y en ese sentido, la interpretación desganada de Kristen Stewart es francamente magistral -y sobre todo, bastante fiel- al interpretar al personaje TAL CUAL ES. Aunque les duela, Twilight-fans.

Y ni qué decir de los otros dos protagonistas: Edward es un galanazo que ama TAAAANTO a Bella que está dispuesto a renunciar a ella por su bien y declinar en favor de su rival de amores... pero al menor indicio de peligro se convierte ya no digamos en un novio celoso, sino en un guardian posesivo que no deja ni respirar a la pobre chava (no que a ella le moleste, claro está...). Genial, hablando de incongruencias... Y lo peor es que uno de esos momentos es precisamente un punto clave en la historia de esta película en particular. En cuanto a Jacob, admito que el personaje es mucho más simpático y tolerable, quizás el único rescatable, pero tampoco se salva de tener sus momentos, y es que su terquedad de "Yo sé que tú me amas pero no te has dado cuenta" es ciertamente más creíble, pero después de un rato llega a hartar, perdiendo su calidad de ser "el tierno" de la historia y rompiendo con el único encanto no involuntario de la trama.

No en balde es excesivamente popular la opinión de que Twilight (la serie completa, no sólo la tercer entrega) debió quedarse en el terreno del fanfiction y no salir de ahí jamás. Pongámoslo así: yo conozco a por lo menos dos personas que escriben fanfic mil veces mejor que la Meyer.

Pero insisto, no tiene que ser tan malo. Cierto que pasar tres o cuatro dias leyendo cada libro (que son unas cosototototas, aunque bien dicen que si no fuera por tanta prosa melcochosa los libros no medirían más de 50 cuartillas cada uno) es demasiado y no vale la pena, pero tenerlo todo picadito y a la boca en una peli de menos de dos horas ayuda mucho y al no necesitar hacer esfuerzo alguno, la experiencia es mucho más atractiva, y todos estos defectos en conjunto hacen de la versión cinematográfica algo divertido, en contraste con la carga que es su lectura.

Es más, se los juro por la virgencita santa que cuando Jacob y Edward se pelean por cuidar a Bella estuvo priceless: los tres se encuentran en lo alto de una fría montaña y es hora de que Bella duerma su siesta, pero la temperatura es tan baja que la damisela corre riesgo de hipotermia. Ambos pretendientes se ofrecen a dormir con ella para darle calor... excepto que Edward, siendo un no-vivo-no-muerto, carece de calor corporal, por lo que su ofrecimiento resulta un tanto insulso (mas bien fue un intento de alejar a Jake), lo cual Jacob pone en evidencia de manera MEMORABLE:

"I'm hotter than you!" (cabe señalar que el actor que lo interpreta posee un abdomen de lavadero que Pattinsonso ni en sueños tendrá jamás, razón por la cual se ha vuelto muy popular entre las niñas hetero y los homosexuales cachond@s)

En ese momento prorrumpí en la carcajada mas estruendosa que he emitido en mucho tiempo, probablemente todas las fans presentes desearon matarme en aquel preciso instante, pero cómo no reirse ante un juego de palabras tan obvio y encima tan cómico en una escena que se supone era dramática (imagino que el doble sentido era en efecto, deliberado, pero debió ser más sutil para que realmente funcionara narrativamente). Sigo riéndome nada más de acordarme.

Mi propia hermana (no me refiero a mi twisted sister, sino a la biológica, quien me acompañó a ver la cinta), que es fan de las historias de amor y esas cosas, estaba como yo, riendo una y otra vez. Reconozco que a veces la trama se vuelve lenta, pero igual vale la pena tolerar el via crucis por un poco (o un mucho) de humor involuntario.

En pocas palabras, si desean una buena narración sobre vampiros, mejor vean la serie True Blood o hasta unos colmillos de plástico y una capa barata son más creíbles, pero si lo que buscan es diversión (a eso va uno al cine, ¿a que no?) y poseen un poquito de humor, les aseguro que pasarán un buen rato con este churro de la literatura universal. Personalmente, tuve un maravilloso cumpleaños gracias al filme. Además, el boleto es gratis, pues una marca de cereal los regala (otherwise ni de chiste habría pagado por ver eso), ¿y quién no se muere por su cereal?

Dramático, ¿no? ¡Nunca confíes en la publicidad!



*Para quienes no sigan el vínculo: "narm" se refiere al humor involuntario en una escena originalmente dramática, ya sea por una mala historia, una interpretación deficiente, o ambas. El término proviene del programa Six Feet Under, en el que en un capítulo un personaje sufre una embolia y en un momento supuestamente dramático, no puede decir "numb arm" (brazo entumecido) y termina pronunciando "n'arm", pero la escena fue mal ejecutada y terminó siendo graciosa para el público.

miércoles, 23 de junio de 2010

I want my childhood back!!

Si eres mayor de edad y vas al cine a ver Toy Story 3, llévate un pañuelo... mejor el paquete completo si puedes. Y este consejo te doy porque tu amigo Popper-ye el marino soy.


Porque aunque desarreglados, yo todavía tengo mi cuarto lleno de juguetes


Un Buzz Lightyear edición original 1996 y mi más antiguo juguete sobreviviente: un Cobi de las Olimpiadas de Barcelona '92

jueves, 20 de mayo de 2010

La triste historia de Juan y su reino desagradecido

"¡Por fin, una película que hace justicia a Juan Sin Tierra!"

Eso pensé durante toda la proyección y hasta dos minutos antes del final de la recién estrenada cinta Robin Hood. Pero entonces en una impredecible vuelta de tuerca, la escena final tiró dicha concepción. Y no fue suavemente: lo hizo a chingadazos. Tanto que en plena sala de cine grité entonces:

-¡No mames, no lo firmó! ¡El muy cabrón no la firmó!

Me refería en ese momento a la Magna Carta.

¿De qué carajos hablo?

El rey Juan Sin Tierra es a Inglaterra lo que el Cardenal Richelieu a Francia: un líder que lidió con un pueblo al que lideró eficientemente pero con mano dura, lo cual en adición a encontrarse a la sombra de alguien más querido (en el caso de Richelieu el rey Luis XIII y en cuanto a Juan me refiero a su hermano Ricardo) provocó que fueran percibidos como tiranos y así finalmente demonizados en los trabajos de ficción más importantes en los que se les retrata.

Por un lado, el Cardenal Richelieu es el villano del primer libro de la saga Los Tres Mosqueteros, de Alejandro Dumas (y mi novela clásica favorita), mientras que Juan es el monarca déspota contra quien se rebela el mitológico héroe Robin Hood, quizás el personaje más famoso en la Gran Bretaña después de la leyenda arturiana.

Pero viendo las cosas como fueron en realidad, tal concepción no es del todo correcta. Si bien Juan fue un rey duro, famoso por sus absurdos y excesivos impuestos, hay una razón: su hermano y antecesor, Ricardo Corazón de León, fue un gobernante torpe y caprichoso, pero eso sí, muy carismático. Estamos en el siglo XII y Europa está enfrascada en una eterna guerra denominada "Las Cruzadas", la cual consistía en luchar por... el acceso y control de Jerusalén, la tierra santa; háganme el favor. A Ricardito se le ocurrió unirse a dicho suceso (que era lo que estaba de moda entre los gobernantes en esa época) y se enfrascó sin esperanzas en una eterna batalla. Inglaterra no pasaba por su mejor momento económico, sin mencionar que una jornada a tan lejano lugar costaría más que un par de monedas.

De ese modo, el erario inglés fue agotado y sus arcas chupadas hasta el último penique para financiar el paseíto de Ricardo (y aquí nos quejamos de los viajes de nuestro presidente...), ¿y todo para qué? Para que el rey, tan wey, muriera en la guerra antes de conseguir su propósito.

Ante tal situación, Inglaterra se quedó sin dinero para un mendrugo de pan, pero eso sí, el difuntito fue celebrado y llorado como un mártir (finalmente, murió en una guerra religiosa). Se le quería, se le quería.

Y entonces... sin hijos que le sucedieran, el trono anglo fue ocupado por su hermano menor, Juan, quien tuvo que hacerse cargo del chiquero que su hermano dejó; encima, una guerra con Francia se avecinaba (a la postre, Inglaterra perdió y como resultado, Normandía pasó a ser territorio francés). Con Richard tanto tiempo fuera, Inglaterra en realidad ya llevaba muchos años sin rey oficial, siendo medio-dirigida por Juan; por eso es que desde el principio el menor fue percibido como un reemplazo en el mejor de los casos, y en el peor, como un usurpador. Y ahora sí, a levantar el reguero y poner la casa en orden. Ése es el origen de los actos aparentemente despóticos del rey sin tierra.

Sin embargo, aunque su actúar fue justificado, también es de reconocerse que sí se excedió a la hora de la hora. Inventar impuestos por tener ventanas y convertir las cobranzas en cacerías fueron medidas absurdas. Pero es precisamente aquí donde surge el momento importante de Juan, y su verdadero pase a la historia: el descontento generado por esta situación motivó al herido pueblo a organizarse en su contra. No, no fue derrocado en una sangrienta revolución; en lugar de eso, de manera más pacífica, los barones del reino negociaron con Juan su seguridad jurídica en un documento al que se llamó Carta Magna Libertatum, "la gran carta de las libertades", en la que se limitaba por primera vez el poder de un monarca y establecía una serie de prerrogativas a los ciudadanos, esto en 1215.

Y así fue como nació, en parte gracias a la acción del rey Juan, el derecho inglés o common law*.

Pero esto es algo que los relatos sobre Robin Hood suelen ignorar; para esta fantástica historia, Juan fue un villano y punto. Un personaje plano y unidimensional que prácticamente nació para hacerle la vida imposible al héroe de Sherwood. Sin embargo, y volviendo a la película, podemos ver a Juan pasar por todos estos problemas: en efecto, inicia en un papel antagonico, como un caprichoso gobernante interino, a la vez que vemos a Ricardo fallar en su Cruzada luego de darse cuenta de que no fue un buen rey para su país, justificando de algún modo la ira del hermano menor.

Posteriormente, somos testigos de las dificultades del nuevo rey para administrar un país maltrecho y efectuar las medidas por las que es tan famoso, ante su impopularidad y creciente descontento. Pero conforme la historia se desenvuelve, el personaje crece, madura y se convierte en un verdadero héroe; inclusive, y para mi regocijo, la Magna Carta es mencionada y juega un papel en el desarrollo de la historia. Fue por ello que me hice de esa concepción: más allá de la fantasía (y las consecuentes imprecisiones históricas), nunca había visto un relato robinjudiano en el que Juan fuera retratado de manera tan profunda y realista.

Lamentablemente, en el clímax de la película, y mientras yo tenía mi orgasmo hisórico-jurídico... ¡MADRES! El muy bastardo quema enfrente de todo el reino, la Carta Magna, consolidándose como el villano que todos conocemos. Y así, la leyenda comienza...

Buh. Por eso me requeterrecontraemputé durante la escena. Pero para ser franco, hace años que un giro en la trama de película no me sorprendía así. Y la finalidad del arte es causarle una sensación a la audiencia; perturbarla y sorprenderla. De modo que por más que me haya disgustado el final de la película, al mismo tiempo me encantó por su impredecibilidad.

En cuanto al papel de Robin Hood, diré que más bien el tema de la cinta es la guerra con Francia y Juan sin Tierra, eventos en los que casualmente Robin Hood se involucró; digamos que fue insertado como una especie de Forerst Gump medieval. Pero aun así, la historia es maravillosa, y su soundtrack, con el amor que tengo por las gaitas, laudes y demás instrumentos antiguos (uno de mis sueños guajiros es tocar la gaita y la mandolina e interpretar canciones juglarescas), es de los mejores que jamás he escuchado. Mínimo se merece el Oscar a la mejor banda sonora. Échense una visita a su cine más cercano y regocíjense con el filme Juan sin Tierra, digo, Robin Hood; como puntos extra, dirige Ridley Scott y actúan Russell Crowe (por lo visto a este sujeto le gustan las películas pseudohistóricas) y Cate Blanchet.

Listo, ahora saben un poquito más de derecho, de historia y por supuesto, sobre la que a mi opinión es la mejor película en lo que va del año.



*Fue este tema en mi materia de Sistemas Jurídicos-Derecho Comparado en tercer semestre (sep. 2005) el que hizo nacer mi gusto por el derecho internacional, así que personalmente es un suceso trascendental en mi carrera, de ahí que la película me emocionara tanto.

jueves, 1 de abril de 2010

We're all individuals -I'm not!

Y ustedes, ¿cuántas veces se han chutado la miniserie Jesús de Nazareth y las cintas Ben-Hur y Los Diez Mandamientos que pasan caaaada año en la televisión abierta y que de tan vistas cada que las ponen hasta la imagen en pantalla se ve traslúcida, como si el rollo de película estuviera tan desgastado que poco le falta para desgarrarse por completo?

También tenemos La Última Tentación de Cristo, un must see de las décadas más recientes. David Bowie y Williem Defoe (quienes siempre he sostenido que guardan un extremo parecido físico) en una misma película es algo que nadie puede dejar pasar. Y finalmente, ya de nuestro tiempo está la versión gore de Mel Gibson, La Pasión del Cristo, que dicen (yo nunca la vi, era menor de edad cuando salió en el cine y no me dejaron entrar por mi cara de mocoso; quedé tan traumado que nunca volví a intentar verla por ningún medio) está bien-pero-bien buena. Pero incluso estos dos filmes están ya sobreexplotados en la televisión cuando se trata de programación televisiva para Semana Santa.

Por eso Juanito Banana les hace una mejor sugerencia para ver en esta semana santa: La Vida de Brian, de Monty Python.

Ciertamente ésta también es una película ya un poco choteada, pero no tanto como las que mencioné con anterioridad. Además ésta no es una película religiosa. Es una película de comedia.

Y por comedia no quiero decir "parodia de Cristo" (y si lo es, el cristianismo no es ni por asomo el tema central). Si bien el protagonista aquí también es una especie de mesías que muere por la humanidad (por no decir gracias a ella), ahí terminan las similitudes; los verdaderos blancos de esta sátira son las masas influenciables y lo estúpidos que suelen ser algunos supuestos grupos de oposición; ah, y también nos dice que los judios pueden ser unos pendejos. Y al disparar, la película acierta justo en el centro de la diana.

A grandes rasgos, la historia narra la vida de Brian Cohen, un judío que nació el mismo día y en el mismo "vecindario" que Chucho-Cristo, por lo cual en más de una ocasión es confundido con él (¡incluso por los reyes magos!). El pobre de Brian, harto de esta situación busca desafanarse de la vida mesiánica pero cada uno de sus intentos por desprenderse de Cristo lo inmersa más en un mar de marañas que aunque sí terminan distinguiéndolo de nuestro queridísimo Señor de los Cielos (me refiero a Jesús, no a ningún narco), lo convierten en un mártir por si mismo.

La película tiene referencias a Star Wars (comprendan, fue filmada en 1978, cuando Star Wars era lo más in), un Poncio Pilatos que habla como Elmer Fudd ("estowy de cacewía, voy twás wun wonejo") y uno de los nombres más divertidos del cine: Biggus Dickus. La narrativa maneja un estilo irreverente con situaciones absurdas (rayando a veces en el surrealismo) y humor negro que mucho remite a Los Simpsons y a South Park (siempre he pensado que estos dos programas son herederos de Monty Python). Una manera muy alternativa de testificar el milagro de la Pasión; la mejor manera de hecho, en mi opinión. Así que en estos días no pueden perdérsela;es una lástima que no la vayan a pasar en el Canal 5.

Sale pues, se cuidan. Y no coman carne roja hoy.


Y para cerrar el círculo, les comento que esta película, para ahorrar presupuesto, fue filmada en las mismas locaciones que la mencionada Jesús de Nazareth. Cosas de la vida.