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martes, 15 de junio de 2010

Pink epicness

¡¡Llegó el E3!! Y con él el Nintendo 3DS. ¿Una consola que puede tomar fotografías en tercera dimensión? (ni siquiera sabía que existiera tal cosa) ¿Sus gráficos también son en 3D? ¡¡¿La consola es portátil?!! No way! ¿¡Dónde firmo!? Ya sé qué quiero para navidad.

Pero entre tanto, y en lo que sale el 3DS (programado para salir a final de año), les comparto algo de lo que se mostró para el Wii. Mientras todos babean por Zelda, Metroid y Kid Icarus (la verdad yo también), he aquí un trailer que mucha gente ha ignorado, pero que a mí me tiene encantado. Díganme que no es lo más tierno que hayan visto. Me recuerda a cuando iba en la secundaria y pateaba traseros en Smash Bros. con Kirby y por estar gordito y tener las mejillas coloradas todo el mundo decía que me parecía a esa bolita rosada. Después de varios años de ausencia, uno de mis personajes favoritos ha regresado.

¿No se mueren de la ternura?

Pure epinkness

viernes, 9 de abril de 2010

Blanco y negro

Qué buen nombre me cae de madres.

Ahí dice "Poketto Monsutta Burakku" y "Poketto Monsutta Howaitto" (Pocket Monster Black y Pocket Monster White en katakana). I'm loving it <3


Los dos anuncios que más feliz me harán durante este año, con tres días de diferencia. Ésta debe ser mi mejor semana en mucho tiempo.


*Una disculpa con mis lectores. Sé que este blog es sobre mí, no sobre productos. Juro que es la última vez que toco este tema, ya hasta yo estoy empezando a hartarme.

domingo, 14 de marzo de 2010

Diario de un fanático

¡Cómo pasa el tiempo!







Diez años. Un remake. Un idiota que se lanzó en la mañana por su juego. Un idiota feliz.



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En fin, a pesar de todo, no puedo lamentablemente darme el lujo de decir que todo fue miel sobre hojuelas. Por ser hoy el día en que el juego salió a la venta, la tienda estaba atiborrada y había una fila que se extendía por medio centro comercial (estoy hablando de Plaza Universidad, en el sur del DF) a pesar de que llegué antes de que abrieran, lo cual me hizo pensar que no alcanzaría mi copia. "Calma, calma, hiciste tu preventa, tienes que alcanzar copia" me decía cada diez segundos.

Una vez que finalmente abrió sus puertas a las 11 de la mañana, un empleado pidió a la gente que hiciera dos filas: una para gente que preordenó y otra para gente que no. Los que fueran a comprar cualquier otra cosa, podían entrar al instante.

Al reorganizarse la gente, me puse abusado y agarré buen lugar en la nueva fila: delante mío no habrían más de 15 personas. Sin embargo, hubiera matado por estar un par de lugares adelante... o incluso atrás, de mi nueva ubicación. No lo digo por la cuestión de tener mi juego antes, sino porque delante mío había dos chamaquitos de ocho años (en mi defensa, puedo decir que detrás de mí habían dos sujetos por lo menos un par de años mayores que yo) que eran molestos como sólo ellos. No paraban de hablar y hablar. En la pantalla principal del local se exhibía un video de Pokémon Battle Revolution, un juego de peleas que francamente se ve muy bien pero que no me interesa. El juego mostraba el mismo video de inicio (que duraba uno o dos minutos) repitiéndose incesantemente. No tuve nada contra ello, es más, el video estaba bueno (si tan sólo así de bien se miraran los Pokémon en los juegos portátiles...) y yo mismo lo miré embobado una y otra vez.

Lo fastidioso de la experiencia es que dichos niños no paraban de decir lo que sucedía en la secuencia mostrada :"¡Mira, ahí está Groudon!", "¡Órale, hizo Surf! ¿Ya vistes hermano?" y cosas así, como si ellos fueran los únicos en reconocer a Groudon o saber cómo se ve el ataque en cuestión. Al principio me pareció gracioso y hasta tierno; recordé cómo yo mismo me emociono cada que veo un video/trailer/demo de cualquier videojuego (menos los de disparos en primera persona, ésos no los soporto). El problema radicó en que una vez que el video se repitió, también los comentarios. UNA-Y-OTRA-VEZ. Me eché el mismo diálogo como diez veces. ¿Es que los niños no tienen memoria de corto plazo para recordar que las mismas escenas ya las habían visto Y DESCRITO antes? Hasta yo que soy hiperactivo y estaba medio inquieto me sentí incómodo en ese momento. Oigan, si un día me pongo así de impertinente, dénme un chingadazo por favor. Yo no soy así de castroso, ¿verdad? Díganme que no lo soy.

Después de un rato, me sentí tan irritado que poco me faltó para soltarle un zape a los mocosos ésos, de no ser porque sus padres estaban presentes (¿qué sus papás no se hartaron? Eso sí que es impresionante). Tras unas ocho veces, noté que uno de ellos pronunciaba mal el nombre de Dialga ("Dalguia", decía el escuincle) y mi ira me hizo pensar: "Escuincle pendejo, se llama DIALGA entiendes? ¡¡DI-AL-GA!!"... Fue entonces cuando me di cuenta que comenzaba a portarme como lo que siempre he odiado: como un fanático de ésos mamones que no toleran la más pequeña falla.

Detrás de mí, en cambio, los muchachos mayores platicaban de cosas mejores y eventualmente un señor se me acercó a preguntarme: "Oye muchacho, ¿pues qué chingaos tiene este jueguito que la tienda está hasta la madre?". Con toda mi nerdez (¡saca el cobre, m'ijo!) le expliqué que el juego como tal, nada, que no ofrece nada nuevo o especial, pero que es un remake del juego más famoso de la serie y por ello era muy esperado, y que como hubo preventa y hoy salió a la venta, todos fuimos a recogerlo. Los nerds detrás de mí agregaron: "la historia del juego es sencilla y los monos están bonitos, lo cual atrae a los niños, pero una vez acabando el juego, puedes interactuar con otras personas y se vuelve un juego de estretegia. Y el mecanismo es muy complejo, realmente cuesta mucho trabajo dominarlo, ¡es otro nivel! Hasta hay torneos profesionales de esto y páginas dedicadas a crear estrategias de batalla; pasa de ser un juego de niños a una competencia para adultos". Ahhh, los fans maduros y relajados, ahí es a donde pertenezco. Contribuí al diálogo explicando que esto y que aquello y bla bla bla... y el señor se quedó anonadado y concluyó: "No pos sí, con razón causa tanto revuelo el pinche Pokemón".

Finalmente llegó mi turno, exhibí mi ticket de preventa y pagué la diferencia. El empleado me dio mi copia (y mi figurita de Lugia, la cual era exclusiva para quienes compraran el juego en preventa, y que fue de hecho la razón por la que compré el juego desde ahora -originalmente ese dinero era para otras cosas y el juego pensaba comprarlo hasta mi cumpleaños en 4 meses-) y salí de la tienda hecho la chingada. En el área de comidas de Plaza Universidad abrí mi juego, tuve mi Poké-orgasmo con la figurita y cinco minutos después ya me encontraba yo en el metro, jugando con mi nueva adquisición (ventajas de que el juego sea para una consola portátil). Y no he dejado de hacerlo en todo el día (salvo para comer y postear esto). ¡Qué buen domingo!


Y no es la primera vez que hago cosas así. En noviembre de 2002, cuando salió el álbum Brainwashed de George Harrison, hice una especie de teletón en mi escuela, recaudando dinero para comprar la edición de lujo del disco (que costaba $420, todavía conservo el ticket y la envoltura con el precio), pidiendo uno o dos pesos a desconocidos en mi escuela (bajo el pretexto de que era "para mi pasaje a casa"). Al final del día conseguí casi $450 y hasta me alcanzó para un helado de Burger King y probablemente hasta una hamburguesa. Qué tiempos aquéllos... ¡Cómo pasa el tiempo!

miércoles, 30 de septiembre de 2009

Nanashima, segunda parte

En una entrada muy pero muuuy vieja, tan vieja que casi nadie la leyó, mencioné que me gusta mucho la música instrumental, incluyendo los chiptunes que conformaban las bandas sonoras de videojuegos ochenteros y noventeros, destacando una canción en particular, pero en aquel entonces no tenía yo idea de cómo poner videos en las entradas del blog (todavía desconozco cómo insertar videos en el blog mismo, como el de mi amiga Elsa), por lo que no la puse.

Como ese juego acaba de tener un remake, hay una nueva versión de la melodía, así que en lugar de insertar el video en la entrada original, mejor la pongo aquí, incluyendo las distintas versiones que han aparecido (incluyendo la que acaba de salir) para que elijan la que más les guste (algo me dice que yo soy el único que lo hará XD). Exorto a que la escuchen (al menos la última, que es completamente orquestrada y no suena a música de videojuegos en lo más mínimo) aunque no sean gamers; finalmente, estoy hablando de música. Ándenlen, ¿qué les cuesta?


(Original de Pkmn GS, 1999, Game Boy Color)


(Versión de una secuela, Pkmn FireRed/LeafGreen, 2004, Game Boy Advance)


(Versión de Pkmn HeartGold/SoulSilver, 2009, Nintendo DS)

Lo que es la tecnología, caramba. A pesar de todo, la que más me gusta es la segunda versión. Y ahora que lo recuerdo, inicié el mes prometiendo que no iba a poner nada en el blog que tuviera que ver con Pkmn; pero no pude evitarlo y frustraré el propósito a un día antes de conseguirlo. Hubiera podido esperar a mañana, pero nel... Discúlpenme, pero es que llevo una semana jugando Pkm Platinum casi ininterrumpidamente.

viernes, 11 de septiembre de 2009

Tecnología a mi alcance

Nunca pensé que las compras por internet fueran tan seguras y confiables. Durante años temí a eBay y las supuestas estafas que denuncian sobre este medio. Pero los temores han desaparecido.

Hace apenas un par de semanas, compré a través de este sitio un Nintendo DS -de edición limitada, por cierto-, por sólo USD115, lo que se tradujo en $1,529 pesos mexicanos, envío incluido. La misma consola en México ronda por los $2,800-3,000, o sea que me salió casi a mitad de precio.

El comprador dijo que dos días hábiles después de recibir mi pago pondría en camino la mercancía, y que finalmente me llegaría en un plazo de 10 a 18 días hábiles. Eso fue el último día hábil de agosto.

El 2 de septiembre puntualmente recibí un correo informándome que el paquete había sido enviado. Los cálculos indicaban que mi consolita llegaría entre el 16 y el 28 de este mes. Pero esta tarde mi hermana me sacó de la PC al grito de "¡Jonathan, tienes correo!". En efecto, mi preciado Nintendo DS arribó en sólo 9 días naturales, mucho antes de lo prometido (de hecho el cartero dijo que vino ayer, pero no hubo nadie en la casa en ese momento). Ya lo probé y jala de maravilla. Y está nuevito nuevito.

Hoy soy feliz. Que me rompan el corazón cuántas mujeres quieran, que la lluvia me bañe en agua lodosa al salir a la calle. Que mis maestros falten a clases y me hagan hacer un viaje de 5 horas en balde (como sucedó mis últimos tres días de clase). Nada de eso me importa, tengo un DS y sé cómo usarlo.

Amor del bueno <3

OK, creo que exageré (¿qué querían? Mi primer Nintendo DS me lo robaron hace un año y medio, ya era demasiado tiempo el que tenía sin jugar). Pero recomiendo con toda sinceridad esta práctica. Sello de aprobación de Veggie Popper.

Si no escribo en 20 semanas, ya saben por qué fue XP

domingo, 16 de agosto de 2009

Saliendo del clóset: freak entre freaks

Y ya que andamos autobalconeándonos, es hora de salir del clóset y confesar otro de mis placeres culpables.

Estábamos en que soy "antisocial en extremo", ¿no es así? Si bien tal declaración es falsa actualmente, en la adolescencia sí lo fui. Recuerdo con cierta gracia que en tercero de secundaria, un compañero me preguntó:
-Oye Popper -Popper es mi apodo de toda la vida, de ahí el "Veggie Popper" en la URL de este blog-, ¿y cuál es tu verdadero nombre?

Así de retraído era yo. La mitad de mis compañeros no sabían ni cómo me llamaba, pero eso sí, todos estaban conscientes de que yo era "el Popper" y que mi función en la escuela era la de ser la base de la pirámide social estudiantil. Además de mi apodo, existían dos datos más que todo el mundo conocía sobre mí, los cuales ilustraré con el siguiente diálogo hipotético entre dos alumnos del Centro Universitario Hispanoamericano (así se llamaba mi escuela):

-Oye wey, ¿sabes dónde puedo encontrar al Popper?
-¿Popper? ¿Hablas del tipo ése que está todo traumadito con los Bitles y con Poquemón?
-Ándale, ése mero.
-Ha de estar en su salón jugando con su Guem boi. Si lo ves, dale unos zapes por mí.

Ya salió el peine. Mis dos más grandes traumas de toda la vida (lo suficientemente grandes como para que todos en mi escuela lo notaran, aunque ni siquiera me conocieran en persona) son los Beatles y Pokémon. Por eso desde que salí de esa escuela en 2004, oculto mi Pokémanía en sociedad tanto como puedo. Pero ya es momento de salir del clóset y re-admitir que soy un ferviente jugador de Pokémon, el videojuego más uncool de la historia. Total, hace un par de días se lo confesé a la persona con quien más vergüenza me daba tocar este tema (aunque nunca supe por qué me daba tanta pena). Ya hace un año (exactamente el 16 de agosto de 2008 lo escribí y publiqué mi hi5, aunque en este blog haya aparecido hasta febrero pasado) hablé de mi percepción sobre el grupo de Liverpool; ahora me toca hablar sobre esta quisquillosa franquicia de videojuegos japonesa.

Desventuras de un pokémaniaco
Si en los años ochenta y principios de los noventa los videojuegos eran más bien para niños geeks, a partir de la segunda mitad de los naintis, éstos se convirtieron en una industria mainstream enfocada a adolescentes cool y adultos sofisticados. Y entonces llega este juego cuyos protagonistas son niños que visten gorras extravagantes y mounstritos con diseños infantiles. Tener más de doce años y jugar a esta cosa garantiza que todos te verán raro eternamente, pudiendo ser objeto de burlas y discriminación (como ya ejemplifiqué previamente). A diferencia de los Beatles, que si bien no están de moda, al menos son aclamados casi universalmente como el conjunto musical más influyente de todos los tiempos (lo cual da a sus seguidores cierto toque de respetabilidad, por muy anticuados que sean sus gustos), logro que Pokémon jamás conseguirá en el campo de los juegos electrónicos.

Jugar Halo te hace rudo. Jugar Final Fantasy te convierte en un jugador refinado. Y jugar al Mario Bros. te hace un conocedor de la vieja escuela. Jugar Pokémon hace que te escondas a jugar en los baños.

Cuando escribí aquel texto sobre los Beatles, admití no estar seguro de que ellos sean mi grupo favorito, pero reconocí con toda certeza que son la banda más importante en mi historia personal (lo cual los pondría incluso encima de mi grupo favorito en caso de que no fueran ellos). En el caso de Pokémon, sucede algo similar, no es mi serie favorita (tal honor va para The Legend of Zelda y Mega Man, es un empate), pero sin duda es la más importante en mi vida, quizá especialmente porque cuando comencé a jugarlo, en 1998, yo entraba a la etapa de mi vida (la caótica alcoholescencia) que me convertiría en quien hoy soy. Para mejor ilustrarlo, actualmente, en mi Game Boy siempre traigo un juego de Zelda, uno de Mega Man y uno de Pokémon. Pero el 70% del tiempo, el que juego es el de Pokémon.

¡No menciones ese nombre!


Pero, ¿cómo fuiste a caer en este vicio?
Mi primer acercamiento a Pokémon fue en marzo de 1996, cuando el juego recién salía en Japón. En esos años yo, como casi toda mi generación, era fan from hell de Dragon Ball (en realidad lo sigo siendo), así como también un empedernido videojugador (gamers, nos dicen ahora para darle más caché), y justo en ese mes, la revista Club Nintendo (la biblia del jugador noventero) presentaba en portada el juego Dragon Ball Z2, que estaba próximo a aparecer en nuestro país. El artículo sobre el juego me voló la cabeza, y por muchos años ése sería mi número favorito de la revista, por lo que prácticamente la memoricé página por página.

Entre otras cosas, la edición en cuestión presentaba también un amplio reportaje del evento Shoshinkai Show 1995; en él se mostró por primera vez en acción la entonces impresionantemente poderosa consola Nintendo 64 y la obra de arte hecha videojuego, Super Mario 64. Pero también se mostró en ese evento, de manera modesta, un oscuro juego para Game Boy llamado "Pocket Monsters". Ante el impactante Mario 64, nadie le prestó atención y Club Nintendo apenas le dedicó un párrafo y un par de fotos tamaño microscópico, pero lo poco que leí llamó mi atención: se trataba de un RPG (juego de rol, para mis lectores no gamers) que permitía, gracias al cable de conexión del Game Boy, intercambiar personajes. Tratándose de un juego de rol, género en el que los personajes adquieren habilidades particulares según las acciones del jugador (en consecuencia, ningún personaje de un RPG es igual al de otro, aunque se trate del mismo juego), no podemos negar que la idea es interesante. Además del intercambio, permitía combatir de la misma manera. Este original concepto fue ideado por Satoshi Tajiri (una persona muy introvertida, por cierto).

Lamentablemente, el juego no salió de Japón, a pesar de que en ese país se convirtió en un fenómeno masivo. No volvería a saber de este juego sino hasta dos años después, cuando en el Shoshinkai de 1997 (reportado en la edición de marzo de 1998 de Club Nintendo) Nintendo anunció que exportaría Pokémon (abreviatura del original "Pocket Mosters" acuñada por los fans, que para esas fechas ya había prácticamente reemplazado al nombre original) al resto del mundo. Y esta vez todos pusieron atención, con todo y que en ese Shoshinkai, como en el del '95, se mostró también una otra obra maestra, me refiero claro, a The Legend of Zelda: Ocarina of Time, y debido a ello, me emocioné bastante. Para 1998 era yo un otaku (afición que más o menos dejaría pocos años más tarde) y el anime de Pokémon era algo de lo que esta tribu no paraba de hablar en esas épocas (además de Neon Genesis Evangelion, claro está), por lo que las ansias por jugar el juego y ver su adaptación animada me corroían. Cursaba yo sexto de primaria, por cierto.

El juego llegó a América el 28 de septiembre de 1998, y yo compré mi copia el 9 de noviembre (el día del cumpleaños de mi hermana... qué mal hermano fui: no le di regalo y en lugar de eso me compré un videojuego con el dinero que tenía...). Ya iba yo en secundaria, de modo que mi larga espera por jugar por primera vez un juego de Pokémon sin duda es uno de los tantos recuerdos que poseo de mediados de 1998, periodo de transición en que dejé de ser un niño de primaria y comencé mi camino como adolescente en la secundaria (con todo lo que ello implica: nueva escuela, nuevos amigos, etc.). El momento ideal para que un videojuego marcara mi vida y lo considere parte de mi bagaje personal (lo cierto es que de toda mi vida, mis recuerdos más añorados son aquéllos que me remiten a 1997 y '98). Por eso amo Pokémon.

Algunos años más tarde, después de tanto pokémonazo, una vez que completé mi Pokédex (enciclopedia que registra los pokémones capturados) del segundo juego (250 criaturitas, ni más ni menos), me harté y lo dejé por la paz. Pero en el 2007, dos semanas en el hospital hicieron mella en mí. Fue un periodo duro que pude sobrellevar gracias a que mi papá me compró algunos libros, y a que mi mamá me llevó mi Nintendo DS... con un juego de Pokémon adentro. Así que desde mi cama de hospital volví al rebaño, me reconcilié con mi viejo amor y desde entonces no lo he dejado (literal, al menos una vez al día juego algo de Pokémon). Por eso amo todavía más a Pokémon.

De la vista nace el amor
Uno de los aspectos que más llama mi atención es sin duda el apartado visual. Todo el arte oficial de los videojuegos de Pokémon (el anime, manga y juego de cartas se cuecen aparte) proviene de la mano de un solo hombre: Ken Sugimori. Las ilustraciones promocionales de los juegos son siempre lo primero que busco cada que un nuevo juego de la serie es anunciado. Con un estilo sencillo pero muy peculiar, claramente influenciado en sus inicios por Akira Toriyama (autor de Dragon Ball, para acabarla de amolar), los trazos de este ilustrador han dado un sello distintivo a la franquicia, que la aleja un poco del estilo clásico del anime genérico de ojos gigantes.

Y ya que hablamos de Akira Toriyama, díganme si no: ¿apoco no Red (protagonista del primer juego, conocido en la serie de TV como Ash) parece una mezcla de Goku y Vegeta?

Producto de un romance saiyajin

En adición, los Pokémon, verdaderos protagonistas de estos juegos, siempre me han parecido de lo más curioso y original (en contraste con los más bien burdos y predecibles Digimon y demás clones), si bien la creatividad ha decaído un poco en las más recientes entregas. Pero el trazo chingón sigue ahí.

These Pokémon kick ass

Cierto que el estilo de Sugimori ha cambiado con el paso de los años y hoy luce más cercano al anime convencional, pero todavía puede distinguirse de entre los demás. Y aunque me gustaba más su viejo estilo, su actual manera de dibujar todavía me parece atractiva (en el sentido literal de la palabra: todavía me atrae) al punto en que es una gran influencia en mi propio modo de dibujar humanos. Creo que soy un buen imitador de Ken Sugimori; comparen el "autorretrato" de mi entrada anterior con los siguientes dibujos y descúbranlo ustedes mismos:


¿Y qué tal suena?
La música de un videojuego también juega un importante papel. En cuanto a ésta, los primeros juegos fueron musicalizados por Jun'ichi Masuda. La música de las primeras dos entregas (Red/Blue y Gold/Silver respectivamente; cada juego tiene dos versiones, con el pretexto de intercambiar pokemones) era muy percusiva. En mi opinión suena como a marchas militares, atmósfera que encaja perfectamente con el concepto de entrenar criaturas y ponerlas a pelear; melódicamente, las canciones de Jun'ichi se caracterizan por ser al mismo tiempo pegajosas y emocionantes, ocasionalmente son épicas incluso.

A partir del tercer juego (Ruby/Sapphire), algo en el camino erró y Satoshi Tajiri, creador de la serie, abandonó el proyecto y fue precisamente Masuda quien tomó la batuta como director de la franquicia, relevando el trabajo musical a un equipo conformado por Go Ichinose (quien en los juegos anteriores había programado los efectos de sonido), Hitomi Sato y Morikazu Aoki, quienes han hecho relativamente un buen trabajo, pero muy distinto del que hizo destacar a Masuda.

Quizás sea por ello que de las versiones Gold y Silver a las versiones Ruby y Sapphire haya una diferencia tan abismal en la jugabilidad, que muchos sienten que a partir de estas últimas los juegos empezaron a chafear, razón por la cual legiones de fans reniegan de todo juego posterior a Gold/Silver. Personalmente, aunque me siguen gustando las nuevas secuelas, sí considero que a partir de la llamada tercera generación se perdió parte del encanto y ningún juego ha alcanzado las alturas a las que Gold/Silver llegó.

Volviendo al tema de la música, el cambio del que hago mención es bastante notorio en los intros del juego, que siempre son el mismo tema con nuevos arreglos, y es que mientras que los intros de Red/Blue y Gold/Silver hay mucha percusión (como ya hice notar), en Ruby/Sapphire y Diamond/Pearl, lo que domina son los instrumentos de viento. Aquí les dejó el intro de mi juego favorito, Pokémon Gold:







En fin, podría pasar horas y horas hablando de Pokémon, su sistema de batalla, cómo funcionan los intercambios... pero mi intención era solamente expresar el por qué de mi amor por esta serie de juegos que a ojos de tantas personas son más bien una idiotez para niños (lo cual constituye una enorme falsedad, competir con otras personas requiere de estrategias muy complejas)... y lo cierto es que son casi las 3 de la mañana, a pesar de que comencé a redactar esto al rededor de las 11 de la noche.

Así que me despido, no sin antes recomendarles a quienes tengan la oportunidad, le den una checada a estos jueguitos. Tienen el sello de aprobación del siempre exigente (yo más bien diría remilgoso) Veggie Popper.

Smell ya' later.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Nanashima

Aquéllos que vivieron su juventud en los años 1940’s o 50’s pueden presumir que disfrutaron la era de oro del cine mexicano, quienes vivieron en los 60’s y 70’s se jactan de ser parte de lo que muchos consideran la mejor época del rock. Después vino la generación X, llamada así por lo intrascendente que se le considera. Lo único que nos legó fue a Kurt Cobain y el pobre está por cumplir 15 años de muerto; la generación que le sigue, la mía, también es considerada como una carente de identidad mediante algún medio de expresión afín a su época. Pero no es cierto. Mi generación, puedo decir con orgullo, tiene los videojuegos. Y como el cine y la música, los juegos han pasado de ser un entretenimiento a un arte y finalmente a una industria establecida y de ganancias multimillonarias. Y, así como muchos consideran que éstos o aquéllos fueron los mejores días del cine o de la música, millones de personas atesoramos los momentos vividos a finales de la década de 1980 y la primera mitad de los 90’s, la llamada era de los 16-Bit, como lo mejor que la industria del videojuego nos ha legado.

Existen montones de argumentos a favor y en contra de esta afirmación. Y yo la apoyo. Pero mi propósito actual no es crear una tesis sobre dichos argumentos. Sólo me enfocaré, por ahora en uno, la música.

Durante los 80’s y a principios de los 90’s, el temprano avance de la tecnología videojueguil no daba mucho para trabajar la cuestión superficial (me refiero al apartado audiovisual) de los juegos. Componer una melodía para un videojuego era una ardua tarea para los músicos, quienes tenían que arreglárselas con una limitada variedad de beeps para crear los temas sonoros. Y aun así, lo que hicieron en esos tiempos Koji Kondo (of all names) o Nobuo Uematsu, por mencionar a los nombres más cotizados del medio, fue simplemente memorable. Hace 15 años, cualquiera podía tararear el tema del primer nivel de Super Mario Bros. y no sólo eso, recordar además el “arreglo” original compuesto por simples zumbidos electrónicos. Hoy día, en juegos recientes protagonizados por el plomero gordinflón (ese cuate es otro rollo, de él también podemos escribir libros y libros discutiendo su papel en todo esto) escuchamos con toda naturalidad el mismo tema o variantes de él en versiones orquestadas o incluso podemos ver quienes se atreven (con admirable éxito, debo reconocer) a subir videos en youtube en los que interpretan dicha melodía con guitarras eléctricas. Y aunque se oye impecable, nada es como la magia original que hace 20 años sentimos (porque yo jugué Super Mario Bros. antes de leer).

Por ahí incluso hay quienes etiquetan a estas viejas melodías como “música de 8 bits” o “música de videojuegos” como si de un nuevo género musical se tratasen. Hasta existen bandas, como los inefables Mini Bosses, dedicadas a interpretar melodías de videojuegos tratando de imitar lo más cercanamente posible el sonido original. Durante una década disfrutamos de esta maravillosa escuela musical. Todavía en los años 90’s, el Super NES y el Sega Mega Drive (conocido en América como Genesis), aunque poseían una mejor calidad de audio y contaban con chips diseñados específicamente para música, seguían sonando como máquinas. Simplemente el catálogo de beeps para elegir al momento de crear las tonadas era más amplio; era como si hubiera pasado de ser un pequeño conjunto a una big band, pero que conservaba la esencia de su estilo. No obstante, como todo lo bueno, tuvo que terminar algún día.

¿Qué sucedió? Sencillo. La tecnología avanzó, y con la llegada de las consolas de 32-Bit, que trabajaban con CD-ROM’s, con las ventajas que el sonido digital y el gran espacio de almacenamiento de datos acarrean. Desde entonces la música de los videojuegos se compone de archivos MP3 creados previamente y digitalizados al CD. Punto final. Música convencional. Es decir, desde 1995 la música de los videojuegos es como la de cualquier película de nuestros días: flamante rock and roll y géneros afines (ya se sabe: electrónica, punk, metal, dependiendo del tipo de juego); ocasionalmente algunos RPG’s incluyen música orquestada con ensambles vocales, pero hasta ahí. Me encanta el rock, amo al música clásica y todo lo demás, y no puedo negar que los videojuegos suenan grandiosos, pero mi punto (y el core de este escrito) es que nada hay en la música de estos juegos que la distinga de lo que encontramos en MTV o en los anaqueles de cualquier Mix Up. La música de videojuegos como género musical ya no existe, y eso es muy lamentable. Existen claro, intentos de imitación como el Nintendocore o actos tributo (si tenemos montones de bandas tributo a Queen, a los Beatles o a los Doors, ¿por qué no bandas tributo a la música de los viejos juegos?) como los ya mencionados Mini Bosses, pero ya no hay nada original. Y eso me pesa mucho.

Dadas las limitaciones que la tecnología enfrentaba a los viejos compositores, ya que sólo podían crear música instrumental, y que ésta se repetiría incesantemente mientras el jugador continuara en el mismo nivel, los músicos se encontraban con el reto de crear “canciones” que fueran variantes, a diferencia de la música rock y otros géneros populares contemporáneos en los que un riff domina la canción y se repite casi todo el tiempo. Así, las melodías usadas en juegos eran como sinfonías de bolsillo (lo siento, me robé el término de Brian Wilson y sus Good Vibrations, pero aplica. Además el viejo sabe que lo amo). Y díganme, ¿quién en la música popular contemporánea vive de piezas instrumentales? ¿Quién crea canciones con variaciones en una misma pieza? Quizás los músicos del progresivo, pero nada más. Por ello es que la música de los antiguos videojuegos era mucho más novedosa no sólo que la de juegos modernos, sino incluso me parece más interesante y propositiva de lo que Coldplay o los Arctic Monkeys nos ofrecen hoy. No en balde la mitad de la música en mi teléfono celular proviene de juegos y se compone de ruidos electrónicos que mi hermana aborrece cada que subo el volumen al máximo.

Es por ello que inicio una campaña de rescate a favor de esta música. Quiero mi música de 8 bits de vuelta. ¿Quién se une?

El título de este texto, Nanashima, es el nombre de una melodía de un juego de Game Boy que desde hace unas semanas escucho unas 5 veces al día, y que fue la que me inspiró a escribir esto cuando yo lo que quería era escribir algo que homenajeara a George Harrison en su cumpleaños número 66. Echémosle la culpa a un simple giro del destino.